Zidane, nuevo seleccionador de Francia: figura de Estado
Zinedine Zidane ya está oficialmente en marcha como nuevo seleccionador de Francia. Nombrado tras el Mundial de 2026, el legendario centrocampista dio el viernes pasado su primera lista de convocados. Un gesto sencillo sobre el papel, pero que en su caso mueve un país entero.
Su llegada no solo ha supuesto un cambio en el banquillo. Ha obligado a la Federación Francesa de Fútbol a redibujar todo lo que ocurre alrededor de la selección cuando su técnico se sienta en el banquillo. Zidane trabajará rodeado de un dispositivo de protección personal muy por encima del que tuvo su predecesor, Didier Deschamps.
La razón es evidente: la “Zidane-manía” nunca se ha apagado. Solo ha estado en pausa.
Un seleccionador con escolta propia
Para contener esa devoción masiva, la Federación ha activado un plan de seguridad a medida. Zidane contará con un guardaespaldas personal y con un agente de seguridad específicamente dedicado a su figura, integrado en el cuerpo técnico y presentado ya el mes pasado como parte de su staff.
El diario L'Équipe detalla la magnitud del dispositivo que rodea al nuevo seleccionador. El medio francés subraya que Zidane “se beneficiará de un dispositivo de seguridad específico, diferente al de su predecesor e inédito para Les Bleus”.
No es un matiz menor. Es un nivel de protección casi nunca visto para un entrenador de selección. El esquema recuerda más al blindaje que se diseña para superestrellas como Kylian Mbappé en grandes torneos recientes que al de un técnico convencional.
El precio de ser un icono nacional
Zidane conoce de sobra lo que implica vivir bajo el foco permanente. Desde que lideró a Francia hacia su primer título mundial en 1998, el exentrenador del Real Madrid ha tenido que planificar al milímetro cada aparición pública, medir desplazamientos, limitar exposiciones.
Lo que hoy se pone en marcha no es un capricho, sino la consecuencia lógica de su popularidad desbordante. Las autoridades futbolísticas francesas quieren garantizar que su mandato de cuatro años se desarrolle sin sobresaltos, sin riesgos innecesarios, sin que el ruido exterior contamine el día a día deportivo.
Dentro de la concentración, sin embargo, el mensaje es otro: calma. Según la misma información, la línea interna es clara: “no queremos ceder a ninguna forma de paranoia” ahora que Zidane inicia su etapa al frente de la selección.
El foco vuelve al césped
Con la cuestión de su protección resuelta, Zidane puede centrarse en lo que siempre le ha definido: el juego. Su primera lista ya trabaja con vistas a un arranque de ciclo exigente, con cuatro partidos internacionales comprimidos en apenas dos semanas.
El estreno oficial llegará el 25 de septiembre ante Turquía. Un debut con aroma de presentación en sociedad de este nuevo proyecto, con todo el país pendiente de cada gesto del banquillo.
Después espera un doble duelo de alto voltaje ante Bélgica, el 28 de septiembre y el 5 de octubre. Entre ambos, el 2 de octubre, un clásico del fútbol europeo frente a Italia, duelo que añadirá todavía más foco a los primeros pasos del técnico.
Zidane empieza esta aventura con un dispositivo de seguridad propio de una figura de Estado y con una responsabilidad a la altura de su leyenda. Ahora falta la respuesta definitiva: si será capaz de trasladar al banquillo el mismo éxito que convirtió su carrera como jugador en un patrimonio nacional de Francia.






