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Zheng Qinwen logra una remontada épica en el US Open

Madison Keys ya casi tenía la victoria guardada en la bolsa. 5-0 arriba en el tercer set, bola de partido, el público de Nueva York empujando a la campeona del Australian Open 2025 hacia una noche tranquila. Parecía cuestión de minutos.

Entonces apareció Zheng Qinwen.

La campeona olímpica, llegada desde la fase previa y todavía en plena reconstrucción tras una cirugía de codo, se agarró al partido como quien se agarra a su carrera. Salvó el abismo, encadenó siete juegos consecutivos y acabó firmando un 1-6, 7-6 (7-3), 7-5 que sonó a milagro deportivo en la pista y a giro de guion en su propia historia.

De paseo a pesadilla para Keys

Durante 23 minutos, la noche fue de Keys. Arrolladora, limpia, casi perfecta. Se llevó el primer set 6-1 sin apenas resistencia. El plan parecía claro: imponer pegada, aprovechar la falta de ritmo competitivo de Zheng y cerrar el trámite sin dramas.

La estadounidense, cabeza de serie número 22 y favorita del público, caminaba hacia una victoria cómoda. Dominaba los intercambios, mandaba con el servicio y no dejaba respirar a una rival que aún buscaba sensaciones.

Pero Zheng se negó a desaparecer.

El punto de inflexión

La china empezó a encontrar profundidad con el golpe de derecha, a ajustar las devoluciones, a alargar los peloteos. No fue un vuelco repentino, sino una suma de pequeños detalles. Un error menos, una línea más, una defensa extra.

El segundo set se convirtió en un pulso tenso. Keys seguía pegando fuerte, pero ya no remataba con la misma facilidad. Zheng aguantó, se sostuvo en el marcador y llevó la manga al tie-break. Ahí, con el margen reducido al mínimo, mostró nervios de acero: 7-3 y partido igualado.

La reacción era notable. Lo que vino después, directamente, fue histórico.

0-5, bola de partido… y resurrección

El tercer set arrancó como una réplica del primero. Keys volvió a acelerar, a castigar segundos servicios, a abrir ángulos. En un suspiro, 5-0. Con bola de partido. El encuentro, otra vez, parecía sentenciado.

Zheng, sin embargo, no se soltó. Se sostuvo en su mantra interno: “Nunca rendirse”. Lo explicó después, con una mezcla de alivio y descreimiento: se repetía una y otra vez que no podía abandonar, que algo, poco a poco, podía cambiar.

Y cambió.

Ganó un juego. Luego otro. Empezó a leer mejor el servicio de Keys, a devolver una pelota más, a obligar a la estadounidense a jugar siempre un golpe extra. La tensión se trasladó de un lado de la red al otro. Los errores no forzados de Keys aparecieron justo cuando menos margen había.

El 5-0 se convirtió en 5-5. La grada, atónita, pasó del festejo anticipado al murmullo nervioso. Zheng ya no sólo resistía: mandaba en el intercambio, imponía su calma frente al desorden emocional de su rival. Cerró el set 7-5, el partido y una de las remontadas más impactantes que ha visto el US Open en los últimos años.

Cuando la última bola de Keys se marchó fuera, Zheng se dejó caer sobre la pista. No fue una celebración exuberante, sino un desplome de pura descarga emocional.

“Por fin, un poco de suerte de mi lado”, dijo después la jugadora de 23 años. Aunque lo suyo fue bastante más que suerte.

De las lágrimas de París al renacer en Nueva York

Para entender el peso de esta noche hay que mirar atrás. Hace apenas tres meses, Zheng abandonaba París entre lágrimas tras caer en primera ronda de Roland Garros. Era su regreso a un Grand Slam después de pasar por el quirófano en julio de 2025 para corregir una lesión crónica: pequeños fragmentos de hueso flotando en el codo, un tormento silencioso que amenazaba su carrera.

La operación llegó justo después de un 2024 de explosión total: final del Australian Open, oro olímpico, cuartos de final en el US Open. En 2025 había mantenido el impulso, alcanzando los cuartos en Roland Garros y subiendo hasta el número 4 del ranking mundial. Todo apuntaba hacia arriba.

Hasta que el cuerpo dijo basta.

Nueve meses fuera del circuito, ritmo competitivo perdido, dudas acumuladas. La derrota en París, ante Maja Chwalinska, que luego sería finalista, dolió mucho más de lo que sugería el marcador. No era sólo una eliminación temprana. Era la sensación de no reconocerse en la pista.

“Después de volver de la lesión sentía que había perdido la energía y que había olvidado cómo competir”, admitió.

Su ranking se desplomó hasta el puesto 160. Por primera vez en cuatro años tuvo que jugar la fase previa de un Grand Slam. Para una campeona olímpica, el golpe de realidad fue brutal.

De la previa al cuarto turno, como Raducanu

En Nueva York, Zheng empezó desde abajo. Tres rondas de clasificación para ganarse un sitio en el cuadro principal. Tres partidos para recuperar automatismos, confianza, ritmo. Y ahora, ya instalada en octavos de final, se ha convertido en la primera jugadora procedente de la previa que alcanza la cuarta ronda del US Open desde Emma Raducanu en 2021. Aquella vez, la británica terminó levantando el título.

La comparación no es casual. Como Raducanu entonces, Zheng juega sin la protección del ranking, pero con la memoria reciente de lo que es competir al máximo nivel. Su tenis ya demostró en 2024 que puede sostenerse en las últimas rondas de los grandes escenarios. Su cuerpo, tras la cirugía, empieza por fin a acompañar.

“Tennis a veces se siente como una montaña rusa”, reflexionó. “Ves muchas veces a gente con bola de partido y al final hay remontadas”. Esta vez, la remontada lleva su firma.

Una amenaza real en el torneo

La victoria ante Keys no sólo la mete en la segunda semana. La devuelve al mapa de las candidatas incómodas, esas que nadie quiere ver en su lado del cuadro. Llega con el impulso de quien ha ganado ya seis partidos en el torneo —tres en la previa, tres en el cuadro— y con la sensación de haber sobrevivido a un partido que podía haberla enviado a casa en silencio.

Zheng ha pasado por el quirófano, por la caída en el ranking, por las lágrimas de impotencia en una sala de prensa. Ahora se levanta desde el 5-0 y bola de partido en contra en la Arthur Ashe.

Si este es sólo el comienzo de su regreso, la pregunta ya no es si volverá a su mejor nivel. La verdadera incógnita es hasta dónde puede llegar en este US Open con esa mezcla de talento, resistencia y una convicción que acaba de firmar una de las grandes remontadas del año.