US Open: El Debate sobre los Horarios Nocturnos tras el Triunfo de Shelton
En Flushing Meadows la noche ya no termina de madrugada. Termina al amanecer. El triunfo de Ben Shelton sobre Carlos Alcaraz en cuartos de final, consumado a las 3:33 de la mañana del miércoles, no solo dejó fuera al campeón defensor. Encendió de nuevo un foco que el US Open ya no puede esquivar: los horarios se han ido demasiado lejos.
Ese duelo, que firmó el final más tardío en la historia del torneo, fue el punto más visible de una tendencia que ha marcado esta edición. En la primera semana, tres partidos se alargaron más allá de las 2:00 de la madrugada. Otros dos se estiraron bien pasado el filo de la medianoche. El encuentro que más tarde arrancó, con Venus Williams en pista, comenzó a las 12:13 a.m.
No es una anécdota. Es un patrón.
Venus alza la voz: “Hay margen para mejorar”
Venus Williams, 46 años, siete veces campeona de Grand Slam, no necesita rodeos para explicar lo que piensa. Tras caer en primera ronda ante Sofia Kenin, miró el reloj, miró el calendario… y apuntó al problema.
Arrancar un partido a las 12:13 de la noche le pareció, directamente, una mala idea. La veterana estadounidense subrayó que no conoce otros deportes de élite en los que los atletas tengan que empezar a competir tan tarde. Para ella, el diagnóstico es claro: el calendario admite ajustes. Y los necesita.
Su mensaje no se quedó en la queja por una derrota. Sonó a aviso de alguien que ha vivido varias eras del circuito y ve cómo el espectáculo amenaza con devorar al deportista.
Pegula amplía el foco: no solo sufren los jugadores
Jessica Pegula, número 3 del mundo, fue un paso más allá. El desgaste físico y la recuperación, por sí solos, ya justificarían el debate, pero la estadounidense recordó que el impacto de los horarios va mucho más lejos de la línea de fondo.
Para Pegula, los partidos que se extienden más allá de la medianoche golpean también a los aficionados que se quedan en la grada o frente al televisor, a las cadenas que emiten el torneo, al personal del recinto y a los medios que cubren la competición. ¿Qué sentido tiene, se preguntó, terminar encuentros a las 2:00 de la mañana?
Su propuesta fue directa: adelantar el inicio de la sesión nocturna una hora. Un pequeño movimiento en el reloj que, en teoría, podría evitar que los duelos se conviertan en maratones nocturnos.
Un día “inusual” que desnuda un problema estructural
Desde la organización, la respuesta llegó en tono prudente. Un representante del US Open calificó el martes como uno de los días más inusuales en la historia del torneo y admitió que habrá que evaluar todas las opciones a la hora de diseñar el calendario en el futuro.
El dilema, sin embargo, no es sencillo. Adelantar la sesión nocturna antes de las 19:00 se considera complicado: Nueva York es una ciudad de oficinas, de tráfico denso y de trayectos largos hasta el complejo de Flushing Meadows. Los organizadores insisten en que deben respetar los tiempos de llegada de los aficionados que salen del trabajo y, al mismo tiempo, gestionar los flujos de público entre la sesión diurna y la nocturna.
El negocio empuja en una dirección. La lógica deportiva, en otra.
El formato a cinco sets, en la diana
En medio de la discusión sobre horarios, ha surgido otra idea que toca una de las tradiciones más sagradas del tenis masculino en Grand Slam: el formato al mejor de cinco sets en las primeras rondas.
Entre las propuestas que se barajan aparece la posibilidad de reducir esos partidos a tres sets en las fases iniciales, una medida que acortaría encuentros, aliviaría el calendario y, en teoría, reduciría la probabilidad de finales de madrugada.
No todos están dispuestos a aceptarlo. Frances Tiafoe se posicionó con claridad a favor de mantener el formato clásico a cinco sets. El estadounidense recordó que algunos de los grandes partidos de la historia del tenis nacieron precisamente de esas batallas largas, en las que el físico, la cabeza y la resistencia escriben historias que un duelo a tres mangas no siempre puede igualar.
Entre el espectáculo y el límite humano
El US Open siempre ha vendido su sesión nocturna como un producto único: luces, ruido, celebridades en las gradas y un ambiente eléctrico que pocos torneos pueden replicar. Esa identidad ha sido una ventaja competitiva durante años.
Ahora, esa misma seña de identidad roza el límite de lo razonable.
Cuando un campeón como Alcaraz cae derrotado a las 3:33 de la mañana, cuando una leyenda como Venus Williams cuestiona abiertamente los horarios y cuando figuras como Pegula ponen el foco en todos los actores del circo, la pregunta ya no es si el problema existe. La cuestión es hasta dónde está dispuesto a llegar el US Open para sostener su espectáculo sin romper a quienes lo hacen posible.
La próxima edición dirá si el torneo escucha el mensaje de sus propias noches infinitas o si en Nueva York el tenis seguirá jugando a contrarreloj… contra el propio reloj.






