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US Open: Británicas enfrentan distracciones en Nueva York

El US Open arranca entre olor a hierba… pero no de pista

Las británicas aterrizaron en Nueva York convencidas de haber dejado atrás el césped de Wimbledon. Sin embargo, en Flushing Meadows el ambiente huele a otra “hierba” y el tema no les hace ninguna gracia.

En el US Open, el tenis se mezcla con la vida de la ciudad. En Nueva York el consumo de marihuana es legal para adultos y, aunque fumar está prohibido dentro del recinto, el aroma se cuela desde el cercano Corona Park y se posa sobre algunas pistas exteriores. Para varias jugadoras británicas, el asunto ha pasado de ser una anécdota pintoresca a una distracción molesta.

Katie Boulter, número 1 británica, no lo disimula: no le gusta nada.

«Sí, lo he vivido. Bajas a las pistas de entrenamiento y a las pistas del parque y lo hueles muchísimo. No soy muy fan. Sé que muchos jugadores se han quejado de algunas pistas en concreto», explicó. «He jugado en una de ellas y lo olí durante mi partido. Es algo que no me gustaría oler en medio de un partido. Estoy intentando concentrarme y, obviamente, te saca del momento. No quieres eso. No necesitas distracciones. Así que no, no fui muy fan».

La escena se repite: pelotas, gritos, ruido de la grada… y una nube de olor que llega desde fuera del recinto. El tenis de élite, obligado a convivir con el parque de al lado.

Fran Jones, número 3 británica, se lo tomó con más humor la primera vez. Este año, no tanto.

«El año pasado hice una broma en primera ronda y le dije al tipo: “¿Esto es normal?”. Porque estaba en el estadio, y está al lado del parque. Él me dijo: “Sí”. Y yo: “Bueno, con razón estoy jugando bastante bien”», recordó entre risas. «Este año será más: “No, concéntrate, concéntrate”».

Harriet Dart, que superó la fase previa igual que Jones, se encoge de hombros. Para ella, es casi parte del paisaje urbano.

«Quiero decir, es Nueva York. Es Nueva York. Siento que vayas donde vayas, está en todas partes, ¿no? Es lo que hay. Es igual para todos», apuntó, resignada pero pragmática.

La federación estadounidense, USTA, se ha visto obligada a pronunciarse. En un comunicado, dejó claro el límite de su responsabilidad: «Aunque no podemos controlar lo que ocurre fuera del USTA Billie Jean King National Tennis Center, seguimos siendo vigilantes mientras mantenemos esto». Dentro, la norma es clara. Fuera, manda la ciudad.

Entre quejas, chistes y resignación, las británicas intentan blindar su concentración. En un Grand Slam donde cada punto pesa, que el aire huela a parque y no a cemento de pista se ha convertido en un detalle menos anecdótico de lo que parece.

Arthur Fery, a por su primer título ATP

Mientras tanto, otro británico avanza en silencio hacia un logro mayor. Arthur Fery se ha metido en la primera final ATP de su carrera en el Winston-Salem Open, aunque el desenlace de la semifinal dejó un sabor agridulce.

Fery mandaba 6-4, 1-2 cuando James Duckworth se retiró por una aparente lesión en la pierna derecha. El británico había dado el golpe clave en el primer set rompiendo el saque del australiano con 4-4, y el segundo parcial marchaba igualado hasta que Duckworth dijo basta.

No fue el final soñado para una semifinal, pero el billete a la final cuenta igual. Y para Fery, recién instalado en estas alturas del circuito, pesa muchísimo.

Le espera Ignacio Buse el sábado en Carolina del Norte. El peruano llegó al partido decisivo tras imponerse a Benjamin Bonzi por 6-2, 4-6, 6-1, mostrando un tenis agresivo y una capacidad de reacción notable tras ceder el segundo set.

Buse llega como número 36 del mundo, un puesto por encima de Fery, y figura como cabeza de serie número 32 en el próximo Roland Garros. El duelo en Winston-Salem, además de un título ATP, ofrece algo más: una primera medida real de hasta dónde puede llegar el británico frente a un rival ya consolidado en la zona media-alta del ranking.

Entre el olor de Corona Park en Flushing Meadows y el aire más limpio de Carolina del Norte, el tenis británico vive días curiosos. Unas buscan aislarse de distracciones en Nueva York. Otro, a kilómetros de allí, está a un paso de estrenar su palmarés en el circuito grande.

La pregunta ya no es qué huele alrededor de las pistas, sino hasta dónde puede oler a éxito esta generación británica en la gira de verano.