US Open 2023: semifinales históricas con Gauff, Sabalenka, Rybakina y Pegula
“Oh, wow”.
Coco Gauff no exageró. Su reacción, mitad sorpresa, mitad sonrisa incrédula, encaja con lo que está pasando en Flushing Meadows: el US Open recupera un cuadro de semifinales que no se veía desde hace más de medio siglo. Las cuatro primeras cabezas de serie, las cuatro grandes del momento, todas juntas en la penúltima ronda.
Aryna Sabalenka, Elena Rybakina, Jessica Pegula y la propia Gauff. Un póker de favoritas, todas supervivientes de batallas a tres sets, que coloca al torneo en una dimensión casi histórica.
Un eco de 1975 y un cambio de era
Desde 1975 no se veía algo así en Nueva York. Y desde Wimbledon 2009 no coincidían las cuatro mejores del ranking en unas semifinales de Grand Slam femeninas. En un circuito acostumbrado en los últimos años a giros inesperados, campeonas sorpresa y cuadros que saltan por los aires, este US Open suena distinto.
Los números lo explican: desde 2020 ha habido 13 campeonas distintas de Grand Slam en individuales femeninos. En el cuadro masculino, en ese mismo periodo, solo siete. La WTA se había convertido en un territorio de sorpresas permanentes. Hoy, al menos por una quincena, manda la jerarquía.
Annabel Croft, ex número uno británica, lo resumió con entusiasmo en BBC Radio 5 Live: siente que este torneo tiene algo especial, una alineación de grandes nombres, grandes personalidades y duelos que se saborean con días de antelación. “Estás viendo guerreras en la pista”, apuntó. La palabra no sobra.
Sabalenka–Pegula, una rivalidad que ya pesa
La primera semifinal, en la noche del jueves en Nueva York (00:00 BST del viernes), enfrenta a la número uno del cuadro y vigente bicampeona, Aryna Sabalenka, con la jugadora que más se ha acercado a derribar su muro en este torneo en los últimos años: Jessica Pegula.
No necesitan presentación. Se han medido 13 veces. En las dos últimas ediciones del US Open, Sabalenka fue la que cerró la puerta grande: primero en las semifinales de 2023, remontando, y después en la final de 2024, negándole a la estadounidense su primer grande. El escenario se repite, la historia aún no.
Pegula lo asume ya como una rivalidad de verdad, de las que marcan una carrera. Reconoce que Sabalenka la ha empujado a ser mejor, que la ha obligado a subir el listón. La estadounidense la ha derrotado cuatro veces en el circuito WTA, pero nunca en un Grand Slam. Ese es el “obstáculo”, como ella misma lo define. Ese es el muro que tiene delante.
Sabalenka, por su parte, no esconde que le gusta ese tipo de combate. Habla de “batalla”, de “pelea”, de jugar bajo presión. Llega a su primera semifinal desde que Pegula la frenó en la hierba de Berlín en junio, pero en Nueva York defiende algo mucho más grande: el intento de convertirse en la primera mujer desde Serena Williams en 2014 en encadenar tres títulos consecutivos del US Open.
Pegula aterrizó en la ciudad con mejores resultados recientes, finalista en Washington y Cincinnati. Sabalenka, en cambio, se agarra a su idilio con Arthur Ashe Stadium y a la confianza de quien lleva 99 semanas como número uno del mundo. Esa racha, sin embargo, ya tiene fecha de caducidad.
Rybakina, número uno “solo en el papel”
El otro lado del cuadro propone un choque de estilos y de energías: Elena Rybakina contra Coco Gauff, con el techo retráctil de Arthur Ashe preparado para retumbar con cada punto de la estadounidense.
Solo con alcanzar estas semifinales, Rybakina tiene asegurado el número uno del mundo a partir del lunes. Desbanca así a Sabalenka tras casi dos años de dominio en la cima del ranking. Para la kazaja, sin embargo, ese logro es “solo un número”. Lo ha dejado claro: su mirada no está en la clasificación, sino en levantar su tercer título de Grand Slam.
La lectura es sencilla: convertirse en número uno tras perder una final o una semifinal deja un sabor incompleto. Lo explicaba el analista Russell Fuller en la radio británica: Rybakina quiere coronar dos semanas perfectas con el trofeo en las manos, no con una estadística.
Frente a ella se levanta Coco Gauff, campeona en Flushing Meadows en 2023, pero que se quedó en octavos en las dos ediciones posteriores. Hoy, con 22 años, habla distinto. Habla de perspectiva, de no vivir solo en el “ahora”, de entender el camino más que la urgencia.
Siente que ha cambiado en un año. Que su juego ha crecido. Que la mejora la empuja a seguir trabajando. Y que este torneo la encuentra con otra cabeza.
Gauff, el ruido de casa y la prueba Rybakina
El cara a cara favorece a Gauff por 2-1, pero la última palabra la tuvo Rybakina: en las semifinales del Canadian Open del mes pasado, la campeona del Australian Open remontó un set en contra para imponerse. Esa tarde dejó una hoja de ruta muy clara: con su servicio y su potencia, puede desbordar a cualquiera cuando encuentra ritmo.
Gauff lo sabe. Sabe que le caerán aces, que tendrá ganadores en contra que no podrá tocar. Lo asume. Y promete lo que siempre ha sido su marca: pelea, resistencia, la decisión de no irse nunca del partido.
El contexto la favorece. Juega en casa, en el estadio más grande del mundo, arropada por un público que ya la vio coronarse. El ruido en Arthur Ashe no es un simple factor ambiental: condiciona, empuja, pesa. Rybakina tendrá que convivir con eso mientras intenta sellar su ascenso al número uno con un triunfo de autoridad.
Un US Open con aroma de clásico
El cuadro femenino del US Open llevaba años pidiendo algo así: cuatro grandes nombres, cuatro historias potentes, cuatro jugadoras con títulos, heridas y cuentas pendientes entre sí. Sabalenka persigue un triplete histórico. Pegula busca, al fin, su primer grande. Rybakina quiere que el número uno llegue acompañado de un trofeo. Gauff, el icono local, intenta revalidar su corona con una versión más madura de sí misma.
No hay cenicientas, no hay sorpresas de última hora. Solo favoritas. Solo gigantes.
Ahora falta saber quién de ellas soportará mejor el peso de este nuevo orden. Y quién, dentro de unos días, convertirá este US Open en el punto de inflexión definitivo de su carrera.






