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Tory Burch sorprende en New York Fashion Week con su colección primavera/verano 2027

NUEVA YORK – Lista o no, Tory Burch volvió a irrumpir en escena.

Cuando parece que su siguiente paso es previsible, la diseñadora cambia el guion y refuerza su condición de una de las voces más interesantes de la moda estadounidense. Esta vez descendió, literalmente, para hacerlo: llevó su desfile de New York Fashion Week al Sunken Garden de Isamu Noguchi, en el bajo Manhattan, un escenario hundido en la tierra desde el que elevó su colección y su influencia.

El front row confirmó el momento que vive la firma. Lauryn Hill, en plena relectura pública de su legado, presidió la primera fila acompañada por su hija Sara Marley y su sobrina Kymora Marley. A su lado, Amanda Seyfried, Chloe Fineman, la todopoderosa Anna Wintour y una mezcla calculada de nuevas promesas y rostros consolidados: la joven sensación del US Open Alex Eala, la cantante Ravyn Lenae, Padma Lakshmi y la directora Janicza Bravo.

Hill acaparó flashes desde todos los ángulos. Ocultó la mirada tras unas gafas de sol sobredimensionadas y vistió un conjunto verde oliva de top ceñido y falda de volantes, rematado con un pañuelo de seda que le cubría la cabeza con delicadeza. Sobre sus rodillas, y en los brazos de prácticamente todo el front row, reposaba el nuevo objeto de deseo de la casa: el bolso Bunny Knot. El de Hill, en amarillo mantequilla con el nudo oscuro salpicando la superficie como si fueran lunares, funcionó como declaración silenciosa de tendencia.

La banda sonora volvió a ser una declaración de intenciones. Burch, que ya había dado que hablar al programar “9 to 5” de Dolly Parton en su presentación de otoño/invierno 2026, abrió esta vez con “Bad Moon Rising” de Creedence Clearwater Revival. El ambiente cambió de golpe cuando la pista se deslizó hacia “Boadicea” de Enya, el mismo tema que Lauryn Hill y The Fugees samplearon en “Ready or Not” en su álbum de 1996 “The Score”. Un guiño directo a la estrella sentada a pocos metros de la pasarela y al propio título de la canción: lista o no, ahí estaba la nueva era de Burch. Curiosamente, una hora más tarde, en un recinto de Chelsea, el desfile de Public School utilizó el mismo instrumental.

Burch ya había explorado espacios escultóricos y circulares en septiembre de 2023, cuando presentó en el Gilder Center del American Museum of Natural History. Aquel desfile marcó el inicio de lo que muchos bautizaron como la “Tory-ssance”: un reposicionamiento de la marca hacia una sensibilidad más cool, con filo, con nervio.

Esta vez, en el primer día oficial de New York Fashion Week, se atrevió con uno de los clichés más manidos de la moda y lo volteó. Hizo que las flores para primavera fueran, por una vez, rompedoras. Lo logró a través de combinaciones cromáticas inesperadas: lavanda con verde azulado, berenjena con verde esmeralda, bordados florales que no buscaban dulzura sino carácter, y guirnaldas florales que recordaban a las gajra indias, colgadas alrededor del cuello o sujetas junto a un bolso como si fueran talismanes.

El amarillo mantequilla, color hilo conductor de la colección, apareció enfrentado a grises profundos. El verde kelly dialogó con un morado berenjena intenso, que a su vez se unió a una de las piezas más comentadas: una chaqueta marrón dorada, de textura orgánica, que parecía abrirse como una planta en flor. La famosa caída de tejidos de Burch en los cuerpos de los vestidos se liberó en faldas fluidas, que se movían con decisión al ritmo de la música.

Emily Ratajkowski, una de las modelos fetiche de la diseñadora, irrumpió en la pasarela con un conjunto que sintetizaba esa nueva ecuación de la casa: un tank top azul marino ligeramente transparente, con detalles rojos, combinado con una falda midi plisada del mismo tono y un cinturón marrón con medallón. Sexy, sí, pero también práctico, urbano, sin artificios superfluos.

En las notas del desfile, Burch definió su propuesta como “opulenta feminidad que se encuentra con el pragmatismo estadounidense, vista a través del ojo de la coleccionista”. Explicó que su colección primavera/verano 2027 “explora la psicología de cómo las mujeres combinan las cosas. Quieren belleza, utilidad y humor: la alegría de vestirse”.

Esa frase no quedó en el papel. Se vio en cada look, en cada contraste pensado para una mujer que colecciona piezas, recuerdos y estados de ánimo. Una mujer que no solo se viste para ser vista, sino para disfrutar el gesto íntimo de elegir qué ponerse cada mañana. Y en ese terreno, Tory Burch parece decidida a jugar a largo plazo.