logo

La temporada de los Mavericks: Un análisis de los partidos clutch

Un número explica la temporada de los Mavericks. Y no tiene nada que ver con talento ni con cómo se armó la plantilla.

Dallas terminó empatado en el liderato de la liga con 45 partidos “clutch” en el curso 2025-26, esos duelos que se deciden con una diferencia de cinco puntos o menos en los últimos cinco minutos. Récord en ellos: 17-28. Cuarenta y cinco noches caminando sobre el alambre. Veintiocho veces cayendo del lado equivocado.

Para un equipo que perdió 56 encuentros, estar tan cerca tantas veces dice algo importante: los Mavericks casi nunca quedaron fuera de combate antes de tiempo. Competían. Llegaban vivos al final. Y ahí se desplomaban. Cerrar partidos es un arte, una habilidad que se entrena, se pule y se paga muy cara en la NBA.

La raíz del problema fue simple. Dallas puso en pista una de las plantillas más jóvenes de la liga y le pidió que cerrara partidos sin el jugador que ha construido su carrera precisamente sobre eso. Cooper Flagg era un adolescente aprendiendo en marcha. El resto del núcleo joven nunca había tenido que tomar esas decisiones con el reloj bajando y el marcador apretado. La experiencia pesa más en los últimos cinco minutos que en cualquier otro tramo del encuentro, y los Mavericks apenas tenían algo de ella disponible.

Ahí entra Kyrie Irving.

El currículum de Irving en esos momentos habla por sí solo. Firmó el tiro decisivo sobre Stephen Curry en el séptimo partido de las Finales de 2016 con Cleveland, una acción que ya es patrimonio audiovisual de la liga. En 2024 silenció a Denver con una flotadora zurda desde la línea de tiros libres que desafió toda lógica. En partidos de eliminación en playoffs presenta un balance de 15-1, con 23,5 puntos de media en esos choques. Cuando hay que bajar la persiana, su historial es uno de los más fiables entre los jugadores en activo.

Los datos específicos con Dallas refuerzan la tesis. En la temporada 2023-24, los Mavericks firmaron un 16-4 en partidos clutch, uno de los mejores registros de la NBA. Irving se situó entre los diez máximos anotadores de la liga en esos minutos calientes, con 4,2 puntos por noche y porcentajes demoledores: 60% en tiros de campo y 42% en triples en ese contexto.

Esa es la diferencia entre tener un “closer” y no tenerlo. En los finales apretados, el ataque suele degenerar en aclarados contra defensas ya plantadas, posesiones en las que sólo un puñado de jugadores de la liga son capaces de generar tiros realmente buenos de forma consistente. Irving forma parte de ese grupo selecto. Y además atrae tanta atención defensiva que abre líneas de pase, espacios y decisiones sencillas para el resto, un detalle clave en una plantilla cargada de jóvenes que agradecen lecturas más limpias.

Hay otro efecto colateral que no conviene pasar por alto. Todas esas derrotas ajustadas del año pasado no fueron tiempo perdido. Flagg y el resto del núcleo joven pasaron una temporada entera respirando presión, jugando posesión a posesión con el resultado en juego, equivocándose en directo. Se aprende en esos minutos aunque el marcador final no acompañe. Ahora Dallas cuenta con un grupo que ya ha sentido ese peso… y lo empareja con un veterano que sabe exactamente cómo rematar.

Los Mavericks no necesitan transformarse de la noche a la mañana en una potencia para dar un salto serio este curso. Necesitan convertir una porción razonable de esos partidos cerrados que, por perfil de plantilla y estilo, seguirán jugando. Con la cantidad de duelos a una posesión que afrontaron el año pasado, incluso una mejora modesta en ese apartado puede cambiar de forma drástica el total de victorias.

La pregunta ya no es si este equipo puede competir. Eso lo demostró. La cuestión, con Kyrie Irving al mando en los minutos finales, es cuántos de esos finales apretados seguirá dejando escapar.