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Taylor Fritz se despide del US Open tras una dolorosa derrota

Taylor Fritz se tapa la cara con las manos en cuanto su último revés, desesperado, se pierde varios metros más allá de la línea de fondo en el Arthur Ashe Stadium. No hay gesto que disimule lo que siente: acaba de tirar por la borda una oportunidad gigantesca.

Durante buena parte de la tarde, Fritz había mandado. Con autoridad. Dos sets arriba ante Francisco Cerúndolo, con marcador de 6-3 y 6-4, y un quiebre de entrada en el tercero que parecía cerrar la historia. El partido estaba en sus manos. Bastó un juego de servicio distraído para que todo se diera la vuelta. Cuando perdió el control, no lo recuperó jamás. Dos horas de lucha a contracorriente terminaron en una derrota que duele: 3-6, 4-6, 6-3, 6-4, 6-4 en tercera ronda, y adiós al US Open.

No es una eliminación cualquiera. En casa, en su Grand Slam, cada tropiezo se siente más pesado. Pero la del 2026 llega en un contexto especialmente cruel para Fritz. A sus 28 años, ex número 4 del mundo, es el jugador estadounidense más consistente de su generación. En 2024 rompió una barrera simbólica: se convirtió en el primer estadounidense en llegar a la final del US Open desde Andy Roddick en 2006, un logro incrustado entre dos cuartos de final perdidos ante Novak Djokovic en 2023 y 2025.

Su carrera ha sido eso: trabajo minucioso, compromiso feroz y un tenis exprimido hasta el último detalle pese a limitaciones físicas evidentes. Siempre, al otro lado de la red, aparecía alguien mejor. Casi siempre, un gigante histórico. Ese muro, hasta ahora, le había marcado el techo.

Este año, sin embargo, el escenario era otro.

Jannik Sinner, número 1 del mundo y cuatro veces campeón de Grand Slam, fuera por lesión. Novak Djokovic, con 39 años, eliminado de forma dramática en primera ronda. Carlos Alcaraz, siete grandes y campeón defensor, regresando tras cuatro meses sin competir. El cuadro masculino se abría como pocas veces en la última década. No había un favorito indiscutible en ritmo de campeón. Había un hueco. Un vacío que olía a oportunidad para todos los que sueñan con levantar un grande.

Fritz estaba en esa lista corta de aspirantes con argumentos reales. Por eso, la manera en que se le escapa este partido le deja una herida profunda. En el quinto set, con todo por decidir, dispuso de tres bolas de break para colocarse 5-3 y sacar para ganar. Tres pelotas para acercarse a un triunfo que lo mantenía en la carrera grande del torneo. Tres pelotas que no aprovechó.

“Ni siquiera sé qué decir”, reconoció después. “No quiero hablar con nadie, no quiero ver a nadie. Necesito desaparecer un par de días y luego volver al trabajo. No sé cómo dejé que pasara esto hoy”.

La frase resume el golpe. No es solo una derrota. Es la sensación de haber dejado escapar un torneo que, por una vez, no parecía blindado por los mismos de siempre.

Un aviso para todo el contingente estadounidense

La jornada arrancó con siete hombres estadounidenses aún vivos en el cuadro individual: Ben Shelton, Fritz, Frances Tiafoe, Learner Tien, Tommy Paul, Alex Michelsen y Michael Zheng. En la parte baja del cuadro, donde el viernes se definieron los cruces de octavos, habrá un estadounidense en cada uno de los cuatro partidos. El país está presente, tiene volumen, tiene opciones.

Pero la caída de Fritz funciona como advertencia para todos ellos. Desde aquel título de Andy Roddick en el US Open 2003, ningún hombre de Estados Unidos ha vuelto a levantar un Grand Slam. Ahora que el torneo se abre, el premio parece más cercano… y el peso también. Más oportunidad significa más presión. La próxima semana pondrá bajo el microscopio el carácter de cada uno de los que quedan en pie.

El sábado fue, de hecho, un día áspero para el tenis estadounidense en general.

Hace apenas dos días, Madison Keys había protagonizado una de las remontadas más espectaculares de su carrera, salvando cinco puntos de partido para imponerse en tres sets a Anna Bondar. Parecía una declaración de fuerza mental. En tercera ronda, sin embargo, vivió el reverso más cruel.

Ante Zheng Qinwen, Keys dominaba 5-0 en el set definitivo. Tenía el partido en el puño. De repente, se desmoronó. Perdió siete juegos consecutivos y el encuentro por 1-6, 7-6(3), 7-5. Un vuelco brutal.

“Creo que ella empezó a jugar mejor; yo empecé a jugar peor”, explicó Keys. “Luego sentí que ya no podía jugar al tenis, y de pronto se sentía como algo mucho más grande que un partido de tenis”.

Campeona del Australian Open 2025, Keys admitió que este derrumbe no llega de la nada. Lo ve como una señal, un aviso de que hay cosas que ya no puede seguir posponiendo: “Siento que llevo un tiempo luchando y que he podido jugar a través de eso durante un periodo. Seguro que todos podían ver que estaba sufriendo un poco, pero por dentro se sentía aún más grande. Algunas semanas son más fáciles que otras, y esta es una de las más duras porque te importa mucho. Sí, voy a tener que hacer cambios”.

Al otro lado de la red, para Zheng, la historia tiene un brillo completamente distinto. Campeona olímpica y top 10 en 2024, la china había caído en el ranking tras una operación en el codo. Tanto, que necesitó pasar por la fase previa para entrar al cuadro principal en Nueva York. Desde ahí, ha ido reconstruyendo confianza punto a punto.

“El tenis a veces se siente como una montaña rusa”, dijo. “Muchas veces ves a gente con punto de partido que termina perdiendo porque el rival remonta. Hoy pasó eso. Me deja la lección de que en un partido siempre tienes que estar. No importa si vas ganando o perdiendo, si tienes punto de partido o no: tienes que concentrarte en cada punto todo lo que puedas”.

Anisimova se cae, Swiatek resiste

La jornada dejó otra sacudida: Amanda Anisimova, que en el verano de 2025 firmó una irrupción espectacular con finales en Wimbledon y en el US Open y alcanzó el número 3 del mundo, se despidió sin apenas resistencia. Cayó 6-2, 7-5 ante la cabeza de serie número 24, Anastasia Potapova, y saldrá del top 10.

En un torneo que se abre por un lado, por el otro se mantiene una roca conocida. Iga Swiatek tuvo que remar, pero no cedió. Salvó tres puntos de set en la segunda manga antes de cerrar un duro 7-6(3), 7-6(3) frente a Marie Bouzkova. No fue brillante de principio a fin, sí fue feroz cuando el marcador apretó. La polaca se cita ahora con Zheng en octavos, un duelo entre una campeona consolidada y una jugadora que intenta recuperar el lugar que el codo le arrebató.

Mientras tanto, en casa, el tenis estadounidense mira el cuadro y ve un vacío en el que podría haber estado Fritz. El torneo sigue, la oportunidad sigue ahí. La pregunta es quién tendrá la cabeza fría y el pulso firme para no dejarla escapar como él.