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Surrey avanza a los cruces de la One-Day Cup tras un emocionante final

Surrey necesitaba siete carreras del último over. Tenía un solo wicket en la mano. Tres bolas por delante. Y todo el peso de la clasificación sobre los hombros. En The Oval, en un duelo directo entre tercera y cuarta plaza, el margen para el error era inexistente. Aun así, las locales encontraron una rendija y se colaron en los cruces de la One-Day Cup con una victoria por un wicket que deja a Somerset fuera y a Hampshire como próximo obstáculo rumbo a la final ante The Blaze en el Utilita Bowl.

El marcador final dice que Surrey alcanzó los 296 con tres bolas de sobra. La historia es mucho más áspera.

El golpe de Luff y Holland

Surrey decidió empezar con la bola. Y lo pagó caro durante buena parte de la tarde. Somerset, empujado por una sociedad monumental de 196 carreras para el tercer wicket, construyó un total que olía a sentencia: 295-7 en 50 overs.

Sophie Luff marcó el tono con una entrada de capitana: 108 sólidos, anclando el innings, sujetando cualquier atisbo de colapso. A su lado, Niamh Holland firmó una actuación aún más devastadora. Llegó al centenar en 113 bolas, con la serenidad de quien controla el tablero, y después pisó el acelerador. Sumó 30 carreras más en apenas 15 envíos, un estallido final que convirtió un buen total en un objetivo realmente exigente.

Surrey se marchó al descanso con la sensación de haber permitido demasiado. Somerset, con la de tener un pie en la fase eliminatoria.

Luus sostiene, Somerset aprieta

La respuesta de Surrey necesitaba cabeza fría y alguien que aguantara el peso del marcador. Sune Luus asumió el papel. Sus 54 carreras dieron estructura a la persecución, un esqueleto al que el resto de la alineación debía ir añadiendo músculo.

Pero nada fue lineal. Cuando la all-rounder sudafricana cayó, el tablero marcaba 142-5. The Oval se quedó en silencio. El run-rate aún no era alarmante, pero la columna de wickets encendía todas las alarmas. Somerset olía sangre.

Kira Chathli, capitana local, se negó a entregar el partido. Su 51 mantuvo viva la esperanza, mientras Phoebe Franklin aportaba 46 más para mantener el pulso de la persecución. Entre ambas devolvieron el control parcial a Surrey, que volvió a ver el objetivo al alcance de la mano.

Hasta que, de nuevo, el partido giró.

Franklin se fue con el marcador en 257-8 en el over 45. Otra vez, la presión. Otra vez, la sensación de que Somerset tenía la puerta entreabierta para colarse en los cruces.

Griffiths golpea, pero Surrey se niega a caer

Desde el otro lado, Alex Griffiths se encargaba de castigar cada error. Cerró su actuación con 5-54, una hoja de servicios que parecía destinada a ser el centro de la crónica si Somerset remataba la faena.

Kalea Moore, desde el número nueve, aportó justo lo que pedía el guion: 23 carreras de enorme valor, más por contexto que por brillo. Resistió, sumó, empujó el marcador hasta el tramo final. Pero también ella cayó en un momento cruel. Lbw en el penúltimo over, justo una bola después de tener que pedir runner. Otra sacudida a un vestuario que ya vivía cada bola como un match point.

Con su salida, Surrey se quedó con la última pareja en el crease y un objetivo que seguía ahí, desafiante.

El último over: ancha, error y carrera desesperada

Siete carreras necesitadas. Ellie Anderson con la bola. Kate Coppack en el strike, 16* al final, y Dani Gregory como última bateadora.

Anderson arrancó el over con una herida auto infligida: wide. Cada detalle contaba, y ese lanzamiento desviado acercó a Surrey sin que el bate tuviera que intervenir. En la siguiente, un full toss bajo, aparentemente defendible, se convirtió en un puñal para Somerset: mal fildeo en mid-off y la bola corriendo hasta la valla para cuatro. De repente, el cálculo cambió por completo.

Un leg-bye igualó los marcadores. Y ahí apareció otro matiz clave de la tarde: Surrey había comenzado el día un punto por delante en la tabla. El empate ya le bastaba para sellar la clasificación. Pero en el campo nadie jugaba al empate.

Coppack y Gregory se lanzaron a por la carrera que lo cambiaba todo. Otra bola, otra carrera a la desesperada, otro sprint nervioso entre wickets. Llegaron. Surrey cerró la persecución. Somerset se desplomó sobre el césped, consciente de que un partido que había tenido en sus manos se les había escapado entre los dedos.

Despedida de Kate Cross y el resto de la jornada

Mientras el drama se desataba en Londres, la jornada dejó otros dos apuntes de peso. En Headingley, Kate Cross puso punto final a su carrera profesional con una actuación a la altura de su trayectoria: 2-54 en su último partido antes de la retirada, en la victoria de Lancashire sobre Yorkshire por siete wickets.

Durham, por su parte, superó a Warwickshire por cuatro wickets en el otro encuentro del día, completando un cuadro en el que The Blaze y Hampshire ya tenían aseguradas las dos primeras plazas tras la fase de grupos.

La diferencia, al final, la marcó The Oval. Allí, Surrey se negó a rendirse, sobrevivió a Luff, a la exhibición de Holland y a los cinco wickets de Griffiths. Ahora le espera un viaje a Southampton el miércoles. Una semifinal a vida o muerte. Y la sensación, después de una noche así, de que este equipo ha aprendido a ganar cuando el margen ya no existe.