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Sri Lanka cae en picada tras un inicio sólido

Durante los primeros seis overs, Sri Lanka parecía tener el partido en sus manos. 56 sin pérdida, los abridores manejando el ritmo, el marcador avanzando sin sobresaltos. Y entonces apareció Liam Dawson. Y, poco después, Jamie Overton. En apenas unos minutos, el guion cambió por completo.

Dawson enciende la mecha

Con 56-0 y el final del powerplay a la vista, Inglaterra necesitaba algo más que control. Necesitaba un golpe. Lo dio Dawson en su primer over.

Lahiru Udara, que había marcado 21 y se veía cómodo, decidió atacar al recién ingresado spinner. Intentó levantarlo por encima de mid-on. Error. Allí estaba la figura imponente de Jamie Overton, que no tuvo que hacer nada espectacular: manos seguras, captura limpia. Sri Lanka 56-1 y, de pronto, un silencio incómodo en el banquillo visitante.

El siguiente balón fue un mazazo. Kamil Mishara, que el martes había abierto la entrada pero hoy bajó un puesto, se encontró con su primera entrega y la devolvió directa al lanzador. Un golpe firme, pero mal dirigido. Dawson la atrapó sin pestañear: c & b, pato dorado, y dos wickets en dos bolas. De un paseo tranquilo a una crisis en el espacio de unos segundos.

Dawid Malan, en la radio, lo resumió con frialdad: otra vez muy bien Dawson, y un error grave de un zurdo frente a un zurdo. El análisis era sencillo. El daño, enorme.

Overton olfatea sangre

Con el powerplay ya consumido y Sri Lanka tocada, Inglaterra lanzó a Jamie Overton al ataque. El seamer, que ya había dejado huella en el partido anterior con su knuckle ball, no tardó en meterse de lleno en la historia.

Su primer over tras la fase inicial fue medido, casi quirúrgico: una bola ancha, cuatro singles, y una velocidad que no necesitaba estridencias. Entre medias, un lanzamiento más lento, a modo de full toss, que Pathum Nissanka apenas pudo defender. Parecía un intento de esa misma knuckle ball que había funcionado en Southampton. Esta vez no cayó wicket, pero el mensaje quedó claro: Overton estaba probando, calibrando, preparando algo.

Sri Lanka, que había salido del powerplay con 56-2 tras el doble golpe de Dawson, trató de recomponer la entrada. Nissanka mantenía el tipo. Charith Asalanka, nuevo en la crease, buscó aire con un corte elegante a través de cover point ante Dawson, llevando el marcador a 70-2. Singles, algún cuatro aislado, una sensación de que podían estabilizarse.

El punto de quiebre

La calma duró poco. Con 75-2, Nissanka parecía el ancla de la entrada. Había llegado a 37, manejando bien los ritmos, escogiendo sus golpes. Pero Overton volvió, ajustó la mira y apretó la soga.

Los primeros cinco balones del over dejaron solo cinco singles. Nada dramático, pero suficiente para que el marcador se estancara y la presión empezara a coser la mente del bateador. Nissanka intentó romper ese cerco con un pull. No midió bien. La bola salió sin potencia, flotando hacia mid-on. Harry Brook esperaba, cómodo, y tomó una de las capturas más sencillas de su carrera reciente. Sri Lanka caía a 75-3. El dominio inicial ya era un recuerdo borroso.

El golpe psicológico fue evidente. El equipo que había abierto 56 sin pérdida había entregado tres wickets por apenas 19 carreras. Inglaterra ya no solo controlaba el ritmo: dictaba el partido.

Mendis, del brillo al error

Kamindu Mendis intentó responder con algo de carácter. Nada más llegar, se inventó un golpe de alta escuela: reverse sweep a Adil Rashid en su primer over, la bola deslizándose por detrás del wicket-keeper para cuatro. Dos dobles bien corridas por el centro del campo reforzaron la impresión de que Mendis no venía a sobrevivir, sino a cambiar la tendencia.

Por un momento, pareció que Sri Lanka encontraba un nuevo punto de apoyo. Pero Overton, otra vez, no tardó en irrumpir.

Tras haber castigado una entrega ancha del seamer con un corte perfecto hacia la frontera, Mendis intentó repetir el mismo tiro. Esta vez, el margen se redujo. La pelota se le fue demasiado cerca del cuerpo, el ángulo cambió, y el bate terminó encontrando madera equivocada. Chopped on. La bola rebotó en el borde del bate y fue directa a los stumps. Mendis, 12, y Sri Lanka desplomada a 89-4.

De 56-0 a 89-4. Cuatro wickets por solo 33 carreras. Una entrada que había empezado con soltura se había convertido en un ejercicio de supervivencia.

Inglaterra huele la presa

Entre Dawson, Rashid y Overton, Inglaterra convirtió un arranque cómodo de Sri Lanka en un tramo de juego sofocante. El left-arm spinner abrió la brecha, el leg-spinner mantuvo el candado, y el seamer gigante terminó de destrozar la confianza de la alineación rival.

El marcador lo cuenta sin adornos: de un 61-2 trabajado pero estable, a un 75-3 que olía a nervios, y de ahí a un 89-4 que ya habla de derrumbe. En medio, capturas limpias, un c & b de manual y un bateador que se corta a sí mismo contra sus propios stumps.

Queda mucha entrada por delante, pero la sensación es clara: Inglaterra ha pasado de perseguir el partido a tenerlo agarrado por el cuello. La cuestión ahora no es si habrá más wickets, sino cuántos más caerán antes de que Sri Lanka logre volver a respirar.