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Sourav Ganguly: El Maharaj que Transformó el Cricket Indio

Sourav Ganguly, el capitán que cambió el tono de la India

En el vestuario lo llamaban “Maharaj”. Rey. No era solo un apodo cariñoso para Sourav Ganguly, era una declaración de carácter. Y, con el tiempo, se convirtió en el molde de toda una generación del cricket indio.

Deep Dasgupta, ex wicketkeeper de India, recordó cómo ese aire desafiante del capitán terminó impregnando a un equipo que pasó de aguantar en silencio a mirar a los ojos al rival… y contestar.

De tragarse los insultos a devolver cada palabra

Durante años, la India había aprendido a convivir con el sledging. Los rivales hablaban, provocaban, intentaban desestabilizar. Los indios, en general, tragaban saliva, apretaban los dientes y transformaban esa rabia en rendimiento. El fuego era interno.

Con Ganguly, ese código cambió.

“Bajo Ganguly, si alguien nos hacía sledging, empezamos a devolvérselo”, contó Dasgupta en The Great Indian Cricket Show en Doordarshan. Ya no se trataba solo de canalizar la bronca. El equipo seguía utilizando la provocación como combustible, pero ahora lo hacía con la cabeza alta, palabra por palabra, gesto por gesto.

El apodo lo explicaba todo. “Su sobrenombre es Maharaj. Siempre tuvo esa idea de ‘yo soy el rey’. Y eso empezó a reflejarse también en el equipo”, recordó el ex jugador, que disputó ocho Tests y cinco ODIs con la selección.

No era simple rebeldía. Era una personalidad colectiva en construcción.

Australia, el espejo del cambio

Para Dasgupta, la transformación se ve con nitidez si se comparan dos giras: su primera visita a Australia y la histórica serie 2003-04. Dos momentos, dos Indias distintas.

En los primeros viajes, la respuesta al ambiente hostil era silenciosa. El equipo absorbía los comentarios, los convertía en motivación y dejaba que hablara el marcador. La agresividad existía, pero se quedaba dentro.

Hacia 2003, la escena ya era otra.

“Entre mi primera gira y la última en Australia en 2003 se podía ver ese cambio. Antes, todo era controlado e interno. Pero para 2003, si alguien decía algo, se lo devolvíamos”, explicó Dasgupta. La India seguía compitiendo con disciplina, pero ya no aceptaba el papel de invitado sumiso en los grandes escenarios.

Ese giro de actitud, visible en cada duelo verbal, acompañó también un salto competitivo que redefinió la imagen del cricket indio en el mundo.

El legado del capitán Maharaj

Las cifras respaldan la dimensión del liderazgo de Ganguly, pero no alcanzan a contar toda la historia. Aun así, impresionan.

Capitaneó a India en 196 partidos internacionales: 97 victorias, 79 derrotas y 15 empates. En Tests, dirigió en 49 encuentros, con 21 triunfos, 13 caídas y 15 igualdades. Números que marcan una era, pero que solo son la puerta de entrada a lo que significó su mandato.

Bajo su batuta llegaron algunos de los capítulos más recordados del cricket indio: la mítica conquista de la Border-Gavaskar Trophy en 2001, la victoria en Leeds en 2002, el triunfo en Adelaide en 2003. Y, por supuesto, el camino hasta la final de la Copa del Mundo 2003.

Su India también levantó la NatWest Trophy en Inglaterra, en una final que se convirtió en símbolo de una nueva audacia, y compartió la Champions Trophy 2002 con Sri Lanka tras la suspensión del partido decisivo.

Todo ese palmarés se sostiene sobre algo más profundo que los trofeos: una transformación cultural. Un equipo que dejó de aceptar el guion impuesto y empezó a escribir el suyo, con una voz más dura, más directa, más orgullosa.

Lo que comenzó con un capitán que se creía rey terminó forjando una selección que, desde entonces, rara vez se comporta como súbdita. La pregunta ya no es cuánto cambió Ganguly a la India, sino hasta dónde sigue llegando hoy la sombra de ese “Maharaj” en cada generación que se pone la camiseta azul.