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Sophie Cunningham critica la campaña de Sydney Sweeney para Novig

Sophie Cunningham no se sorprende. Se indigna, matiza, pero no se sorprende.

En el episodio del jueves 17 de septiembre de su pódcast No Hesitation, la jugadora de la WNBA abordó de frente la nueva campaña publicitaria de Sydney Sweeney para la app de apuestas deportivas Novig, después de recibir una avalancha de mensajes de texto, DMs y comentarios pidiéndole opinión.

La actriz de Euphoria, ya cuestionada hace poco por un anuncio de American Eagle, vuelve a estar en el centro de la polémica: aparece prácticamente desnuda, cubierta solo por material deportivo —dos balones de fútbol americano, un aro de baloncesto, entre otros— en una pieza que mezcla erotización y marketing de apuestas.

“¿Ni siquiera apuesta?”

Cunningham no tardó en ir al núcleo de lo que le chirría del anuncio: la autenticidad.

«Tengo tantas opiniones, pero primero: ¿ella siquiera apuesta en deportes? Es tan poco auténtico», lanzó en conversación con su coanfitrión Drew Hanlen. «¿Me sorprende cómo representó a la marca? No. De eso ha vivido toda su carrera».

La escolta de Indiana Fever, eso sí, no convirtió el análisis en un ataque personal. Al contrario, dejó claro que la admira en varios aspectos.

«Me gusta ella. Todo el mundo sabe que es hermosa. Es atractiva. Claramente tiene mi pecho… Así que de verdad me gusta», dijo entre risas. «Y ¿sabes qué? Se mantiene firme, hace lo suyo y es ella misma, así que mis respetos».

El problema, para Cunningham, no es Sweeney como figura pública, sino esta pieza en concreto y lo que representa dentro del ecosistema deportivo.

Sexo, apuestas y atención

La jugadora fue directa al describir la lógica comercial detrás de la campaña de Novig.

«¿Por qué están enfadadas las chicas? Eso es literalmente lo que ella hace. ¿Por qué alguien está enfadado? Es un anuncio de apuestas. Hombres, deportes, mujeres prácticamente desnudas… por supuesto que eso va a llamar la atención», explicó.

No por entender el mecanismo deja de cuestionarlo.

«¿Estoy de acuerdo? Moralmente, me parece un poco raro, pero que cada quien haga lo suyo. Ve y haz lo tuyo, sis», añadió, dejando claro que su desacuerdo no implica pedir censura.

Cunningham insistió en que, aunque no le gusta el anuncio, no le sorprende que una casa de apuestas recurra a ese tipo de imagen para vender. El choque, para muchas deportistas, llega cuando esa imagen se coloca frente a años de lucha por respeto y visibilidad en el deporte femenino.

“No venía a por las mujeres en el deporte”

En medio de la crítica, la escolta encontró un ángulo positivo: la reacción de las propias atletas. Desde la gimnasta artística Gracie Kramer hasta la corredora Mary McCarthy, varias deportistas han condenado la campaña y, de paso, han reivindicado otro tipo de representación.

«Me está encantando ver a todas estas chicas poderosas, fuertes, mostrando a las niñas cómo se ve realmente ser atleta», celebró Cunningham.

Para ella, el anuncio de Sweeney no es un ataque directo al deporte femenino, aunque entiende por qué muchas lo sienten así en un primer vistazo.

«No creo que el anuncio viniera a por las mujeres en el deporte, pero… ha sido muy bueno ver a chicas que, ya sabes, son musculosas, sus muslos se tocan, tienen hombros anchos, pueden ser más altas que la media de las chicas y probablemente que la media de los chicos. Y eso es lo que hay. Tienes que abrazar tu poder», defendió.

Ahí, Cunningham marca una línea clara: la imagen hipersexualizada de una actriz en un anuncio de apuestas no invalida el trabajo físico, la diversidad corporal y la autoridad deportiva que muchas atletas se han ganado sobre la pista.

“No tiene nada que ver con nosotras”

Cunningham reconoce el golpe inicial que puede causar la campaña de Novig en quienes llevan años peleando por respeto y espacio mediático.

«Puede desinflar un poco a las mujeres porque es como: hemos trabajado tanto para conseguir un poquito de respeto aquí», admitió.

Pero su conclusión va por otro camino. Para ella, la clave está en separar mundos y no permitir que una campaña publicitaria condicione la autoestima ni la narrativa del deporte femenino.

«Cuando lo piensas bien, es como: “Al diablo, deja que esa chica haga lo suyo”. Podemos seguir. Esto no tiene nada que ver con nosotras», remató.

La WNBA vive un momento de crecimiento, con audiencias al alza y figuras que empiezan a tener peso cultural propio. Mientras la industria del marketing deportivo sigue recurriendo a viejas fórmulas, voces como la de Cunningham apuntan a otra pregunta de fondo: ¿quién va a definir, de aquí en adelante, cómo se ve realmente una mujer en el deporte?