Smith y Cox mantienen viva a Inglaterra en Lord’s
En un Lord’s gris, húmedo y con los focos encendidos desde temprano, Inglaterra encontró algo de luz en los bates de Jamie Smith y Jordan Cox. Entre chaparrones, interrupciones y un ataque pakistaní mucho más afinado que en Headingley, los dos jóvenes se aferraron al crease para empujar a los locales hasta unos trabajados 248-9 en el primer día del segundo Test.
Smith firmó 61, Cox aportó 55, y entre ambos construyeron la única fase de verdadero control inglés en una jornada rota por la lluvia y rematada antes de tiempo por la mala luz. El valor real de ese total se medirá en los próximos días, con un pitch mucho más digno que el criticado de junio ante New Zealand y más lluvia en el horizonte. De momento, es algo sólido a lo que agarrarse en una semana convulsa fuera del campo.
Un día pesado, un ataque distinto
El contexto lo decía todo: cielo plomizo, humedad, una superficie fresca y un trío de seamers pakistaníes hechos a medida para el escenario. Muhammad Abbas, Mohammad Ali y compañía respondieron con la disciplina que faltó en Leeds. Línea, longitud, paciencia. Nada de los regalos del primer Test.
Abbas fue el metrónomo y el verdugo. Terminó con 4-56 y, en un tramo demoledor, encadenó tres wickets por solo cuatro carreras en 16 bolas: Emilio Gay, Ben Duckett y Joe Root, todos atrapados por la precisión despiadada del derecho. Ali no se quedó atrás: tres wickets, todos por la misma vía, la pelota cortando hacia abajo por la famosa pendiente de Lord’s para tumbar a Harry Brook, Smith y Ollie Robinson.
El plan pakistaní funcionó. Inglaterra, esta vez, tuvo que ganarse cada carrera.
Errores propios, golpes ajenos
No todo fue mérito del ataque visitante. Inglaterra también se complicó sola. Dan Lawrence se regaló con un run out evitable, un desliz imperdonable en un día donde cada error se pagaba caro. Brook cayó bowleado intentando un drive demasiado ambicioso. Gay se marchó cazado por un fino desvío por el lado de la pierna, más mala suerte que mala técnica.
En medio de ese caos controlado, el nuevo ciclo de Root en su segundo mandato como capitán ofreció un matiz distinto: menos vértigo, más resistencia. Los bateadores, en general, aceptaron el combate. Se remangaron, dejaron pasar, absorbieron presión. No fue brillante, pero sí adulto.
El resultado fue una jornada de pulseo constante, un Test a la vieja usanza: ningún equipo dominó del todo, ninguno se hundió.
Smith y Cox, el respiro que pedía Inglaterra
Con el marcador tambaleante, la asociación entre Smith y Cox cambió el tono del día. Se juntaron para el sexto wicket y levantaron 67 carreras que dieron aire al vestuario local y silenciaron momentáneamente a un Pakistan que olía sangre.
Smith, necesitado de una entrada grande, se vio por fin fluido. Golpes limpios, buen juicio para dejar la bola, temple en los momentos de mayor presión. Su medio siglo era algo más que una cifra: era una declaración de que puede sostener una alineación bajo fuego.
Cox, en apenas su tercer Test, volvió a impresionar. Seguro, compacto, sin rastro de nervios. Su 55 fue el tipo de innings que no suele salir en los resúmenes, pero que sostiene una serie. Juntos, frenaron el impulso de Abbas y Ali y obligaron a Babar Azam a repensar campos y planes.
Oportunidades perdidas y un cameo final
Pakistan, pese a su clara mejora, dejó puertas abiertas. Tres catches caídos, todos con cierto peso. Imam-ul-Haq dejó escapar a Root en el tercer slip cuando el capitán solo tenía una carrera; el daño fue limitado, Root se fue por cuatro, pero el aviso quedó. Shan Masood tiró un sencillo catch en mid-wicket cuando Lawrence estaba en 10, aunque luego se redimió con el run out que lo dejó en 17.
El fallo más caro fue de Mohammad Rizwan. El wicket-keeper, junto con el cordón de slips, pareció estar demasiado atrás durante gran parte del día. Varias edges no llegaron, una sensación constante de que el posicionamiento no acompañaba a la calidad del bowling. En una jornada tan fina en márgenes, esos detalles pesan.
Cuando Inglaterra amenazaba con desmoronarse por completo, apareció Gus Atkinson con un cameo vital: 34* que cambiaron el tono del tramo final. Golpes valientes, decisión para atacar cuando la pelota ya no hacía tanto y los bowlers pakistaníes empezaban a acumular overs en las piernas. Su aportación convirtió un posible 210-220 en 248-9, una diferencia que en este tipo de Test puede ser enorme.
Una serie abierta en medio de la tormenta
Todo esto llega en una semana en la que el cricket inglés vuelve a hablar demasiado de lo que pasa fuera del campo. Brydon Carse fue apartado de la convocatoria tras una noche de fiesta en Derby, con la policía investigando una presunta agresión, y juega ahora para Durham en el County Championship mientras el ruido crece alrededor de la selección.
En ese contexto, la posibilidad de cerrar su primera serie de Test ganada desde 2024 cobra un matiz especial. El 1-0 tras el aplastante triunfo en Headingley, en el regreso de Root al timón, había despejado el ambiente. Pero Pakistan, con Babar de vuelta tras su lesión en la mano y de nuevo al mando en lugar de Salman Ali Agha, no iba a repetir el naufragio de Leeds. El primer gesto del capitán fue ganar el sorteo, y su decisión de lanzar a sus seamers bajo las nubes justificó el acierto.
Cuando la luz se fue y el umbral de seguridad se cruzó, Inglaterra probablemente habría querido tener ya la nueva pelota en la mano. No pudo ser. Pakistan aún no ha bateado y tendrá, cuando el tiempo lo permita, la oportunidad de asentarse en la serie desde el primer over.
El total inglés es, al menos, defendible. No asusta, pero tampoco se regala. Si el clima mantiene la pelota viva y el ataque local responde como se intuía al inicio del día, este segundo Test puede convertirse en un pulso tenso, de esos que se deciden al caer la tarde del quinto día.
La cuestión ahora es simple: ¿aprovechará Pakistan por fin la puerta entreabierta o volverá Inglaterra a encontrar, entre lluvia y polémicas, la manera de cerrar una serie que puede marcar su rumbo hasta 2025?






