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Siniakova y Townsend logran un Grand Slam de dobles en Nueva York

Katerina Siniakova y Taylor Townsend levantaron el título de dobles femeninos del US Open y, con él, cerraron un círculo histórico: ya poseen los cuatro grandes como pareja. Un Grand Slam de carrera en dobles construido en apenas dos temporadas y rematado en la pista dura de Flushing Meadows.

No fue un paseo. Ni mucho menos.

Las primeras cabezas de serie tuvieron que remontar ante las invitadas locales Ashlyn Krueger y Robin Montgomery, que jugaron sin complejos y se llevaron el primer set por 7-5. El estadio se volcó con las estadounidenses. Había ruido, había tensión. Y, sobre todo, había dudas en la raqueta de Siniakova, que encadenó tres dobles faltas en el juego final de esa manga y entregó el parcial.

Ahí cambió todo.

Heridas en su orgullo, Siniakova y Townsend respondieron con una autoridad brutal. Ajustaron restos, limpiaron la mecánica al saque y empezaron a mandar en cada intercambio. Tras el primer juego del segundo set, dominaron 23 de los siguientes 27 puntos. Un 6-0 demoledor, casi quirúrgico, que silenció a buena parte del público y empujó la final a un tercer set que ya tenía dueñas claras.

Con el impulso totalmente de su lado, gestionaron el desenlace con la serenidad de las campeonas que son. Rompieron pronto, se colocaron 3-1 arriba y ya no soltaron la ventaja. Cada turno de servicio consolidado era un paso más hacia la historia. El 6-2 final en el tercero certificó el título en Nueva York y, con él, un logro reservado a muy pocas.

Una campeona de colección y un hito único

Para Siniakova, este US Open supone su 12.º título de Grand Slam en dobles. Doce. Una cifra que solo han alcanzado ocho mujeres en la Era Abierta. La checa, a los 30 años, ya vive en la misma conversación que las grandes especialistas de la modalidad.

Pero hay algo más: se ha convertido en la primera jugadora que completa el Grand Slam de carrera en dobles con dos parejas distintas. Ya lo había logrado junto a su compatriota Barbora Krejcikova. Ahora lo repite con Townsend. Un doble sello en la historia que habla de versatilidad, longevidad y una capacidad extraordinaria para adaptarse a distintas socias sin perder eficacia.

Su dominio puede ampliarse todavía más. Si termina la temporada como número uno del mundo en dobles, será la sexta vez que cierre el año en la cima. Superaría así a Martina Navratilova en el récord de finales de curso como líder del ranking WTA en esta disciplina. No es solo una especialista; es una referencia generacional.

La consagración de Townsend en casa

Para Taylor Townsend, la victoria tiene un sabor distinto, más íntimo. También tiene 30 años, pero este título marca un antes y un después en su relación con el US Open. El año pasado se quedó a un paso, perdiendo la final junto a la propia Siniakova ante Gabriela Dabrowski y Erin Routliffe. Aquella herida sigue fresca en la memoria.

Doce meses después, en la misma ciudad y en el mismo torneo, Townsend se quita la espina. Gana su primer título de dobles en el US Open, en su país, con la grada empujando y con un nivel de tenis que justifica cada lágrima y cada sacrificio de su carrera. Esta vez, el trofeo sí terminó en sus manos.

Un dúo que marca época

Wimbledon 2024, Australian Open 2025, Roland Garros este mismo año y ahora el US Open. En un circuito de dobles cada vez más competitivo y cambiante, Siniakova y Townsend han tejido una racha que las coloca en una dimensión especial. No solo ganan; imponen su ley en los momentos grandes.

En Nueva York, llegaron a la final sin ceder un solo set. Solo tropezaron en ese primer parcial ante Krueger y Montgomery, castigado por las dobles faltas de Siniakova. A partir de ahí, la reacción fue la de un equipo que no acepta grietas. Ajustaron, aceleraron y no volvieron a mirar atrás.

La pregunta, ahora, no es qué han logrado, sino hasta dónde pueden llegar. Con una checa que sigue acumulando marcas históricas y una estadounidense que por fin se corona en casa, el techo de esta pareja parece mucho más alto que las gradas de Arthur Ashe. Y la temporada, lejos de cerrarse, aún ofrece más escenarios para que sigan reescribiendo el libro del dobles moderno.