Serena y Venus Williams regresan al US Open: un reencuentro icónico
Hace cuatro años, Serena Williams escribió en una emotiva carta en Vogue que estaba “evolucionando lejos del tenis”. Rechazó la palabra “retiro”, pero el mensaje era contundente: quería darle a su hija Olympia una hermana pequeña y sabía que no podía seguir compitiendo al nivel que exigía de sí misma. No se podía tener todo. “Algo tiene que ceder”, dejó escrito, en una frase que atravesó a muchas mujeres dentro y fuera del deporte.
Olympia tuvo a su hermana. Y ahora, a sus 9 años, vuelve a mover el tablero familiar. Esta vez para llevar a su madre de regreso al escenario que la convirtió en leyenda: el US Open. Y no sola. Con la “tía VeVe”.
“Tienes que jugar con la tía VeVe”, le dijo la niña, según contó Serena esta semana en el programa Good Morning America de ABC. Serena lo relató casi con la misma mezcla de ternura y determinación con la que solía encarar una final de Grand Slam: “Lo dijo tan claro y tan calmada. Es como mi mamá, no habla mucho, pero cuando habla, escuchas. Y yo dije: ‘OK’”.
Ese “OK” ha terminado por reactivar una de las parejas más icónicas que ha visto el tenis. Serena y Venus Williams volverán a formar equipo este viernes por la noche en Flushing Meadows, cuatro años después de su último partido juntas en Nueva York.
Las hermanas que desafiaron al tiempo
El dato abruma: la primera vez que Venus levantó el trofeo individual del US Open fue en 2000. Un año después, en 2001, derrotó a Serena en la final. Al año siguiente, Serena se cobró la revancha. De aquello han pasado ya 25 años desde el primer título de la hermana mayor en Nueva York. Hoy, con 44 y 46 años, su regreso al cuadro de dobles provoca algo más que nostalgia. Es casi una sacudida generacional.
“Estoy feliz por ellas”, comentaba la aficionada Nonie Green, de Arlington, Virginia, mientras esperaba bajo la lluvia entre partidos a comienzos de semana. “El Padre Tiempo es invencible. Pero estoy feliz por ellas, aunque no ganen”.
La frase resume bien el clima que rodea esta reaparición. El resultado importa, claro. Pero no es lo esencial. Lo esencial es que vuelven a estar ahí.
Un palmarés que vuelve a la pista central
En individuales, Serena conquistó seis títulos del US Open. Venus, dos. Juntas, como dupla, sumaron 14 Grand Slams de dobles, dos de ellos en Nueva York: 1999 y 2009. Su última aparición como pareja en Flushing Meadows fue en 2022, cuando cayeron en primera ronda, pocas semanas después de que Serena anunciara en Vogue que se alejaba del circuito.
Este año, su plan pasaba por regresar antes, en Wimbledon, pero una lesión de rodilla de Serena las obligó a renunciar. Sí pudieron reaparecer en Cincinnati el mes pasado, un ensayo general que desemboca ahora en el gran escenario: la sesión nocturna del Arthur Ashe Stadium, con todo el envoltorio típico del US Open —música, DJ, cócteles y focos— apuntando a las hermanas.
Enfrente tendrán a Maya Joint, de Australia, y Chan Hao-Ching, de Taiwán. Joint fue quien derrotó a Serena en su reciente duelo individual en Wimbledon. Un detalle que añade cierto picante al cruce, aunque, para muchos, el marcador será casi una anécdota. Lo que cuenta es ver de nuevo a Serena y Venus compartiendo lado de la red.
Más que tenis: referentes en la grada y en casa
Nonie Green, aficionada de 58 años, lo tiene claro. A su edad, dice, ella preferiría estar mirando o comentando los partidos, no jugándolos. Pero la alegría que vio en Serena cuando disputó dobles mixtos con Carlos Alcaraz al inicio del torneo la convenció de que este regreso tiene otro propósito.
“Son buenas para las mujeres, y son buenas para las mujeres negras”, subrayó Green, que también es negra. Recordó algo que le dijo un antiguo pastor: “Ni siquiera el cielo es el límite. Puedes ir más allá”.
Esa idea parece haberse convertido en brújula para Serena. Cuatro años después de dar un paso al costado, vuelve, aunque sea en dobles por ahora, con la vista puesta también en el singles. Lo dejó caer en Good Morning America: quiere volver a jugar en individuales pronto.
“Solo quiero que mis hijas me vean jugar a una edad diferente”, explicó. “Espero mostrarles que todo es posible. Que puedes hacer cualquier cosa a cualquier edad, siempre que trabajes duro y pongas esfuerzo y dedicación”.
Este viernes por la noche, en la inmensidad del Arthur Ashe, dos niñas estarán muy atentas en la grada. Una ya consiguió la hermana que soñaba. Ahora ha conseguido otra cosa: que su madre y su tía vuelvan a tomar el centro del escenario, juntas, en el lugar donde cambiaron el deporte para siempre.






