Serena y Venus Williams: Nostalgia en Nueva York
Arthur Ashe Stadium se puso en pie como en los viejos tiempos. Serena Williams y Venus Williams, 44 y 46 años, volvieron a compartir pista en dobles de Grand Slam por primera vez desde el US Open 2022. Veintisiete años después de su primer título juntas en Nueva York, las hermanas más famosas del tenis se regalaron —y regalaron al torneo— una noche de pura memoria. Esta vez, sin final feliz en el marcador.
Frente a ellas, la australiana de 20 años Maya Joint y la taiwanesa Chan Hao-Ching, pareja sin peso histórico, pero con piernas frescas y cero complejos. Ganaron 6-3, 6-7 (8-6), 7-6 (10-7) en tres horas y dos minutos de batalla, después de sobrevivir a un super tie-break en el que las Williams llegaron a mandar 5-0. El reloj se detuvo. El resultado, no.
Un regreso cargado de historia
El regreso no fue un simple capricho. Serena confesó que la idea partió de su hija. Lo que siguió fue una carga emocional enorme: 14 títulos de Grand Slam en dobles como pareja, dos coronas en el US Open, tres oros olímpicos y, entre ambas, otros 30 grandes en individuales. Un legado que pesa, incluso cuando ya no se corre igual, ni se reacciona igual, ni la raqueta obedece siempre como antes.
La organización les entregó invitaciones a la altura de su nombre. Cada golpe ganador de Serena y Venus se celebró como si fuera punto de partido. Cada volea, cada resto profundo, cada subida a la red encendió a las 23.000 personas que llenaban la Arthur Ashe. La atmósfera fue de homenaje permanente, de despedida sin anuncio oficial.
Pero enfrente no había figurantes.
La gran semana de Maya Joint
Para Maya Joint, el verano se está convirtiendo en una película difícil de creer. Ya había derrotado a Serena en Wimbledon en individuales, sobre la hierba sagrada de Centre Court. En Nueva York, el guion la colocó otra vez delante de su ídolo, esta vez acompañada por Chan Hao-Ching, en la pista de tenis más grande del mundo.
“Poder jugar contra leyendas del juego es súper especial”, dijo Joint en la entrevista en pista. “No tengo palabras. Es increíble pensarlo. Ella es mi ídolo, las dos lo son. Crecí en Michigan, siempre las admiré. Poder jugar contra ellas dos veces es increíble”.
Joint y Chan aguantaron la presión ambiental, el ruido, la narrativa que no las incluía. Soportaron la reacción de las hermanas y, cuando la noche pedía nervios de acero, encontraron la calma que les faltó a las campeonas eternas.
Destellos de gloria y un final cruel
Durante muchos tramos, el tiempo pareció retroceder. Serena y Venus, con una edad combinada de 90 años, movieron la bola con autoridad, se coordinaron en la red, se miraron como tantas veces en finales de Grand Slam. Hubo un punto que resumió la esencia de su dupla: volea penetrante de Venus, definición de Serena con un latigazo cruzado. El estadio se vino abajo.
Sin embargo, los pequeños detalles pesaron. Dos roturas al servicio de Serena —que había mostrado buena forma en Wimbledon y en su reciente aparición en dobles mixtos junto a Carlos Alcaraz— les costaron el primer set. El saque, tantas veces su refugio, se convirtió en grieta.
En el segundo parcial, las hermanas se aferraron al partido. Llegaron a un tie-break tenso, dramático, en el que desperdiciaron cuatro bolas de set antes de cerrar por fin en la quinta, cuando un remate de Joint se marchó largo. El rugido del público fue de alivio, casi de incredulidad. Todavía quedaba historia por escribir.
El tercer set siguió el mismo guion: igualdad, intercambios largos, puntos de dobles “a la antigua”, con las cuatro en la red. De nuevo, tie-break. Era la primera vez desde 2001 que Serena y Venus superaban el 5-5 en un tercer set. Un dato que subraya cuánto tiempo ha pasado… y cuánto se resistieron a aceptar que ese tiempo también cuenta en la pista.
El arranque del super desempate fue un golpe directo a la nostalgia: 5-0 para las Williams. La grada ya imaginaba la remontada completa, la noche perfecta. Pero el tenis castiga cualquier respiro. El ritmo cambió, los errores aparecieron, la tensión se apoderó de las hermanas. Punto a punto, Joint y Chan fueron limando la desventaja hasta darle la vuelta. Una volea de Chan cerró el partido y, con ella, el sueño del regreso triunfal.
Las Williams abandonaron la pista sin declaraciones. La USTA confirmó que no estarían disponibles tras la derrota. El silencio, esta vez, dijo bastante.
¿Más Serena en 2025?
Entre tanto, el rumor sobre un posible regreso de Serena en individuales empieza a tomar forma. La ex número uno y ahora comentarista de ESPN Caroline Wozniacki aseguró en la retransmisión que cree que Serena quiere volver a competir en singles el próximo año. Nada oficial, ninguna confirmación, pero la simple posibilidad enciende la imaginación del torneo y del circuito.
Si esta fue la última función de las Williams juntas en Nueva York, eligieron un escenario a la altura de su leyenda: tres horas de combate, un estadio rendido y una derrota que dolió porque, por un rato, parecía que iban a ganar como antes.
Tsitsipas rompe su techo en el US Open
La jornada dejó también un hito para Stefanos Tsitsipas. El griego, revitalizado, remontó un mal inicio ante el checo Jiri Lehecka, cabeza de serie número 18, para imponerse 2-6, 6-1, 7-6 (7-3), 6-1. Por primera vez en su carrera, se mete en octavos de final del US Open.
Tras un primer set gris, Tsitsipas ajustó el saque, ganó metros en pista y empezó a mandar con su derecha. El tie-break del tercer parcial fue el punto de inflexión: lo jugó con autoridad, sin dudar, y a partir de ahí se desató. El 6-1 del cuarto set reflejó la diferencia de jerarquía en los momentos clave.
Frances Tiafoe cumple sin sobresaltos
El estadounidense Frances Tiafoe, cabeza de serie número 11, también hizo los deberes sin grandes sustos. Venció al monegasco Valentin Vacherot por 6-4, 6-2, 6-4, empujado por el público local y con la sensación de tener aún margen de mejora en su juego.
La noche, sin embargo, perteneció a Serena y Venus. No por el resultado, sino por la certeza que dejó en el aire: el tenis ya no les debe nada, pero el US Open siempre tendrá un hueco para ellas. La cuestión es si Serena decidirá ocuparlo una vez más en individuales, o si este duelo a tres sets en dobles quedará como el último gran eco de una era irrepetible.






