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Sanju Samson brilla en Nueva Delhi: una respuesta contundente a la crítica

Mohammad Nabi dio dos pasos hacia su izquierda, saltó lo justo en la cuerda de long-off y metió las manos por debajo de la pelota. Un par de centímetros más y el balón habría volado para seis. No ocurrió. Señaló out al árbitro y a un Rashid Khan que miraba con atención dónde había caído su pie. Confirmación recibida, el afgano celebró su segundo wicket del over.

Sanju Samson se marchó con 57 de 22 bolas, siete fours y cuatro sixes. Un vendaval. Y, sobre todo, una declaración.

Un mensaje desde la cuerda floja

En la extraña partida de sillas musicales que mantiene con Vaibhav Sooryavanshi, Samson ha sido, casi siempre, el que se queda de pie cuando para la música. Esta vez decidió que no pensaba irse en silencio.

Venía de un T20 World Cup soberbio, pieza clave en el título de India. Y, sin embargo, un mal partido ante Irlanda bastó para verlo en el banquillo sin demasiadas contemplaciones. Entró Sooryavanshi, que en su estreno internacional no terminó de despegar.

Luego el péndulo volvió. Samson regresó para los dos últimos T20I ante Inglaterra, pero se quedó fuera del vuelo a Zimbabue. Allí, Sooryavanshi arrasó, fue a por todas y se llevó el premio de Player of the Match. El debate, lejos de apagarse, ardía más.

Y justo cuando la serie T20I contra Afganistán arrancaba, la decisión sorprendió a muchos: Samson abriría la entrada junto a Abhishek Sharma. Diez carreras en el primer partido. Presión al máximo. En el segundo, en el Arun Jaitley Stadium, respondió con la furia de quien sabe que cada turno de bateo puede ser el último.

Golpe tras golpe, sin levantar el pie

Azmatullah Omarzai y Mohammad Nabi fueron las principales víctimas de un Samson desatado. Omarzai encajó 23 en 10 bolas; Nabi, 22 en apenas siete.

Lo que volvió a destacar, como en tantas de sus mejores entradas, fue la facilidad casi insultante con la que limpia el infield. No parece forzar. Simplemente, la pelota vuela.

Quinta over. Primera bola: Omarzai se pasa de largo, demasiado adelantada, y Samson la manda por encima de mid-on. Siguiente entrega, corta y hacia la pierna: el indio la eleva por encima de fine leg. Tercera, otra vez más plena, y el castigo se repite: latigazo por encima de cover, un bote y directo a las manos de los voluntarios al borde de la valla.

Para cerrar el over, un detalle que resume su noche: convierte un low full toss con la cara completa del bate, derriba los stumps en el extremo del no-striker… y aun así la bola encuentra el hueco y se va a la línea para cuatro. Todo le salía.

Ni Rashid Khan se salvó. El maestro afgano recibió un four y un six antes de que, por fin, encontrara la forma de frenarlo y, de paso, darle un respiro colectivo al resto de su ataque.

“Apagar el ruido” y seguir atacando

Tras el partido, Samson no esquivó el tema de la presión ni del ruido que lo rodea cada vez que falla.

“Se trata de ver la bola y tratar de sacar el máximo en el powerplay. A veces sale bien, a veces no. Después de algunos fracasos, pasas por mucho. Siendo un cricketer indio, no es fácil afrontar los fracasos, pero ahí entra mi experiencia”, explicó en la conferencia de prensa.

“Intento apagar el ruido, mantener la confianza y seguir saliendo a batear con un strike rate alto, tomando riesgos, aun sabiendo que si vuelvo a fallar escucharé mucho ruido. Pero creo que así es como estamos construidos aquí en el cricket indio. Solo salgo a intentar anotar al máximo y contribuir”, añadió.

En otras palabras: no va a cambiar su estilo para agradar a nadie. O vuela o se estrella, pero siempre a toda velocidad.

Un dilema que llega hasta el vestuario

La elección entre Samson y Sooryavanshi ha dividido incluso a las voces más autorizadas. Cuando Samson apareció en el XI del primer T20I y no Sooryavanshi, el debate se encendió.

Kris Srikanth defendió que Sooryavanshi “no estaba siendo tratado de forma adecuada”. R Ashwin, por su parte, pidió a seleccionadores, entrenadores y entorno que “entendieran su situación”.

Samson no se esconde ante ese dilema. Lo vive desde dentro.

“Es un lugar muy desafiante. Desde la dirección del equipo, el capitán, el entrenador y los seleccionadores. Es una elección muy dura, de verdad. Todos (él, Sooryavanshi y Abhishek Sharma) son muy buenos, todos están rindiendo y todos tienen que recibir la oportunidad adecuada para seguir haciéndolo a nivel internacional”, dijo.

Sabe de lo que habla. Él mismo lidera una franquicia de IPL y entiende la crudeza de dejar a alguien fuera cuando también merece jugar.

“He estado en este tipo de espacio durante bastantes años, así que sé cómo equilibrarlo. Solo pienso en lo que está bajo mi control e intento ser muy positivo también con tus competidores”, explicó.

Y ahí dejó una frase que describe bien la dinámica del vestuario: “Creo que son competidores para el mundo de fuera, pero nosotros somos un equipo y jugamos por un país. Queremos ganar el partido primero, y luego ya vienen los individuos.”

No hay sitio, insiste, para el resentimiento: “Intentamos ser lo más positivos posible, y quien juegue, queremos que lo haga bien. Solo tenemos que estar listos para nuestra oportunidad. No podemos estar tristes o en una mentalidad negativa pensando: ‘Yaar, mujhe nahi mila, usko kyun diya?’ Esos tipos de mentalidad no funcionan aquí.”

¿Un golpe definitivo o solo una pausa en la discusión?

Con esta entrada demoledora en Nueva Delhi, Samson ha puesto, al menos por ahora, un freno al debate. Ha recordado por qué muchos lo consideran demasiado talentoso como para ser un simple parche.

Ha mostrado poder, temple y una convicción que no se fabrica en un día.

La pregunta ya no es si puede hacerlo. Eso quedó claro con esos 57 en 22.

La verdadera cuestión, a partir de aquí, es otra: ¿le darán, por fin, la cuerda larga que su bate lleva años reclamando?