logo

Sabalenka avanza entre el humo en el US Open

Aryna Sabalenka necesitó algo más que su saque demoledor para avanzar a la cuarta ronda del US Open. También tuvo que lidiar con un olor penetrante a cannabis que detuvo por unos instantes su duelo ante Kamilla Rakhimova en el Louis Armstrong Stadium.

Con apenas tres juegos disputados, 3-0 arriba en el primer set, la número uno del cuadro levantó la vista hacia la silla. Se acercó a la juez de silla Eva Asderaki-Moore y se quejó con claridad: “alguien está fumando weed”. El olor, según pidió, era “demasiado fuerte” como para ignorarlo.

Asderaki-Moore contactó por radio a un oficial y, con un gesto inequívoco de fumar dirigido hacia la grada posterior, intentó atajar la situación. No hubo interrupción larga ni protocolo engorroso. Un intercambio rápido, una advertencia visual hacia el público y la pelota volvió a volar.

A partir de ahí, el humo quedó como anécdota. El tenis, no.

Sabalenka, dos veces campeona defensora en Flushing Meadows, cerró un triunfo autoritario por 6-3 y 6-4 ante la uzbeka Rakhimova, instalándose en octavos de final en su camino hacia un quinto título de Grand Slam en individuales. Fue su 16ª victoria consecutiva en el US Open, una racha que la acerca a un territorio reservado para leyendas: busca convertirse en la primera mujer desde Serena Williams (2012-2014) en encadenar tres coronas seguidas en Nueva York.

Poder puro y control absoluto

Desde el primer golpe, Sabalenka impuso jerarquía. Su servicio fue un martillo: solo cedió cuatro puntos con el saque en un primer set casi impecable, dictando el ritmo y dejando a Rakhimova sin margen para respirar.

La estadística subrayó la sensación en la pista: 10 aces para la bielorrusa, apenas dos para su rival, y un dato demoledor para cualquier aspirante a sorpresa: Sabalenka no enfrentó ni una sola bola de break en todo el encuentro. Dominio limpio, sin grietas.

Rakhimova, sin embargo, no se rindió. En el segundo parcial elevó su nivel, estiró los intercambios, ajustó las devoluciones y consiguió al menos cambiar el guion de paseo absoluto por un tramo más disputado. Hubo peloteos largos, alguna que otra duda en la grada, la sensación de que el partido por fin entraba en combate real.

Hasta que la presión terminó por hacer efecto.

Con 4-4 en el marcador, Sabalenka apretó de nuevo. Encontró el break que necesitaba para adelantarse 5-4 y, con la frialdad de quien se sabe favorita y campeona, cerró con solvencia al servicio. Sin temblores. Sin concesiones.

Un torneo entre raquetas y humo

Lo ocurrido con Sabalenka no es un caso aislado en esta edición del US Open. En los últimos días, varias jugadoras británicas —Katie Boulter, Harriet Dart y Francesca Jones— han comentado que el olor a cannabis en las pistas de Flushing Meadows les resultó molesto y desconcentrante. En años anteriores, figuras como Novak Djokovic y Alexander Zverev también habían levantado la voz por el mismo motivo.

El reglamento del torneo es claro: no se permite fumar dentro del recinto. Pero la realidad urbana de Nueva York se cuela, literalmente, por encima de las vallas. El humo llega desde el cercano Corona Park, donde su consumo es legal para mayores de 21 años, y a veces se cuela en plena acción de Grand Slam.

En el Louis Armstrong, la escena se repite: tenis de élite envuelto en una atmósfera que no siempre huele a resina nueva de pelotas.

Próximo obstáculo: revancha o ambiente hostil

Con el pase a octavos asegurado, el cuadro le plantea ahora a Sabalenka dos caminos muy distintos. Su próxima rival saldrá del duelo entre la local Taylor Townsend y la rusa Diana Shnaider, 15ª cabeza de serie.

El nombre de Shnaider no es uno más en la hoja de ruta de la bielorrusa: fue ella quien la eliminó en los cuartos de final de Roland Garros en junio. Una posible reedición de ese cruce traería consigo un componente evidente de revancha deportiva.

Si la rival es Townsend, el desafío cambiaría de matiz: una estadounidense respaldada por el público en un estadio que ya demostró que puede ser ruidoso… y algo más.

Entre el humo que llega del parque y la presión que baja de las gradas, Sabalenka sigue encontrando la forma de imponer su ley en Nueva York. La pregunta ya no es si puede ganar otra vez aquí, sino quién será capaz de detenerla antes de que complete su propio triplete histórico.