Rybakina vence a Gauff y se prepara para la final contra Sabalenka
Elena Rybakina sobrevivió al rugido de Arthur Ashe Stadium, a la resistencia de Coco Gauff y a sus propios altibajos para abrirse paso hasta la final del US Open. Remontó un primer set adverso y terminó imponiéndose 3-6, 6-4, 6-4 en una semifinal intensa, de golpes pesados y nervios al límite, que la mantiene en ruta hacia su tercer título de Grand Slam.
Durante casi una hora, el escenario pareció pertenecerle a Gauff. La campeona defensora del torneo, empujada por una grada encendida en la que se dejó ver la ex primera dama Michelle Obama, aguantó el bombardeo inicial desde el fondo, absorbió la potencia de la kazaja y devolvió cada latigazo con profundidad y paciencia.
La presión cambió de lado en el sexto juego del primer set. Gauff leyó mejor el ritmo de los intercambios, estiró los puntos y forzó errores de Rybakina para lograr el quiebre. Con esa ventaja en el bolsillo, cerró el parcial con autoridad, manejando el marcador y el ambiente como una veterana.
Ahí se encendió la alarma en el lado de Rybakina. La número uno de Kazajistán ajustó la mira, redujo los errores y empezó a castigar con más precisión. El segundo set giró cuando la estadounidense, cuarta cabeza de serie, aflojó ligeramente la concentración. Algunos juegos descuidados le abrieron la puerta a su rival. Rybakina no perdonó: se adueñó de la iniciativa, apretó al resto y niveló el duelo para silenciar, por momentos, el coloso de Flushing Meadows.
Con un set para cada una, el partido se convirtió en un pulso de poder mental. Rybakina subió aún más la intensidad de su servicio y de su primer golpe tras el saque. Desde ahí empezó a mandar. Encontró líneas, ganó metros en la pista y terminó quebrando para colocarse 5-3 arriba en el set definitivo. Parecía el golpe final.
Gauff, sin embargo, no se rindió. Respondió de inmediato con un quiebre propio, alimentando la esperanza de una remontada épica. El estadio despertó de nuevo. La estadounidense se ganó otra oportunidad… pero no logró sostenerla. Cuando más necesitaba blindar su servicio, la presión se le vino encima. Rybakina olió la duda, se lanzó sobre la devolución y rompió de nuevo para cerrar el partido con frialdad.
La final del domingo (AEST) ofrecerá un duelo con historia reciente: será la reedición de la final del Abierto de Australia de este año, también resuelta en tres sets a favor de Rybakina ante Aryna Sabalenka. Esta vez, el escenario será Nueva York, pero el libreto promete la misma intensidad: dos de las pegadoras más temibles del circuito, frente a frente, con un título mayor en juego.
Sabalenka, a un paso de un triplete histórico
Antes de que Rybakina completara su remontada, Aryna Sabalenka había dejado un mensaje contundente en la primera semifinal. Derrotó a Jessica Pegula por 7-5, 6-2 y se colocó a una sola victoria de un logro poco común: un tercer título consecutivo en Nueva York.
No fue un arranque plácido para la número uno del cuadro. Sabalenka entró al partido cargada de tensión, con gestos de frustración desde los primeros juegos. Pegula, tercera cabeza de serie y subcampeona en 2024, salvó pronto una bola de quiebre con un derechazo ganador que desató los aplausos del público. La bielorrusa, en cambio, descargó su rabia contra la pista tras una doble falta en el noveno juego, golpeando la raqueta con fuerza.
La escena se repitió poco después: Sabalenka lanzó la raqueta al suelo cuando Pegula sostuvo su servicio en el décimo juego. Parecía al borde del descontrol. Justo entonces, encontró su mejor versión. Ajustó la dirección de sus golpes, se plantó firme en la línea de fondo y, en el momento clave, rompió el servicio de la estadounidense para llevarse el primer set desde el fondo de pista, dominando el punto de set con autoridad.
A partir de ahí, el partido se inclinó de manera clara. La número uno empezó a sumar ganadores casi a voluntad: terminó con 29 golpes ganadores y 7 aces, cifras que reflejan el vendaval que desató sobre la pista. Pegula, superada por la potencia y la agresividad de su rival, vio cómo se colaban errores costosos en su juego durante el segundo set. Ya no encontró respuestas.
Sabalenka lo explicó sin rodeos tras el encuentro: estaba desesperada por ganar, lo quería con ansia. Y se notó. Habló de la sensación de que cada decisión en pista era la correcta, una confianza que contrastó con su última derrota ante Pegula, en las semifinales de Berlín en junio. Esta vez, el nivel de la bielorrusa estuvo claramente por encima.
Pegula lo admitió con sinceridad. Dijo que Sabalenka jugó a un nivel “insano”, altísimo, y llegó a cuestionarse si incluso su mejor versión habría bastado para cambiar el desenlace. Sus palabras resumieron la desigualdad del segundo set mejor que cualquier estadística.
Ahora, el US Open se prepara para una final con aroma de revancha y de hegemonía. Rybakina busca confirmar que su triunfo en Melbourne no fue un episodio aislado. Sabalenka persigue un triplete que la colocaría en una dimensión especial en la historia reciente del torneo.
En una pista que premia la valentía y el golpe ganador, solo hay espacio para una reina.






