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Rybakina conquista el US Open y se convierte en número uno del mundo

Elena Rybakina no solo ganó un título. Se adueñó de un territorio. En la noche decisiva de Flushing Meadows, la kazaja de 27 años cerró el círculo: primera corona en el US Open, tercer Grand Slam de su carrera y confirmación oficial, desde el lunes, como número uno del mundo. Todo en un mismo golpe.

Sabía antes de saltar a la pista que el ranking ya estaba de su lado. Pase lo que pase, desbancaría a Aryna Sabalenka del primer puesto. Pero llegar a la cima con una derrota en la final habría dejado una sombra incómoda sobre el logro. Rybakina eligió el camino más duro. Y el más contundente.

Venció 6-4, 5-7 y 6-2 a la dos veces campeona defensora, apagó el intento de historia de su rival y se proclamó, con toda justicia, nueva reina de Queens.

La campeona que frenó la historia

Sabalenka perseguía algo enorme: convertirse en la tercera mujer en encadenar tres títulos seguidos en Nueva York en la era Open, una hazaña reservada solo para Chris Evert y Serena Williams. El escenario estaba preparado para otra noche de poder desatado de la bielorrusa.

Pero el partido tomó otro rumbo.

Rybakina impuso calma donde había nervio, precisión donde solía mandar la fuerza bruta. Se llevó el primer set por 6-4, manejando mejor los momentos clave y castigando cada mínima grieta en el servicio de Sabalenka.

La respuesta de la campeona no tardó. El segundo set se convirtió en una batalla de desgaste, con Sabalenka empujando, gritando, intentando encender el partido a base de intensidad. El 7-5 a su favor mantuvo viva la defensa del título y encendió la sensación de remontada.

Entonces llegó el giro definitivo.

Un tercer set de número uno

Cuando el pulso parecía equilibrado, Rybakina subió una marcha más. El 6-2 del tercer set no fue un accidente: fue una declaración de autoridad. Restó con agresividad, sostuvo su servicio con frialdad y, punto a punto, fue desmontando la resistencia emocional de Sabalenka.

La tensión explotó al final. Sentada en su silla, derrotada, la bielorrusa descargó su frustración contra la raqueta hasta reducirla a pedazos. Al otro lado, Rybakina levantaba los brazos, dueña del momento y del futuro inmediato del circuito.

En Flushing Meadows no solo se coronó una campeona del US Open. Se confirmó la figura que, desde el lunes, mirará al resto del mundo del tenis desde lo más alto. Y la pregunta ya no es si merece el número uno, sino cuánto tiempo piensa quedarse ahí.