Rangers logra victoria decisiva en el Old Firm
El Rangers que Derek McInnes había imaginado apareció, por fin, en el Old Firm. Sólido, feroz en los duelos y con un frente de ataque dispuesto a castigar cada titubeo del Celtic. No fue solo una victoria importante; fue una declaración de intenciones.
Un plan que descolocó a todos
La primera impresión engañó. Sobre el papel, el once inicial parecía un clásico 4-4-2, casi una invitación a que el Celtic se adueñara del centro del campo. Muchos pensaron lo mismo: riesgo de quedar superados por dentro, de correr detrás del balón durante 90 minutos.
Nada de eso.
McInnes tenía otro guion. Sin balón, James Penrice se cerraba por dentro y formaba parte del núcleo del mediocampo, tapando líneas de pase y sumando un cuerpo más donde el Celtic pretendía imponerse. Con la posesión, el lateral se abría, aparecía por fuera, subía y bajaba, se metía por dentro para dejar el carril a Djeidi Gassama o lo doblaba por fuera. Un movimiento constante que desordenó la estructura defensiva rival y permitió que Rangers no perdiera nunca el control del centro del campo.
Detrás, la línea de tres fue implacable. Secó a los atacantes del Celtic, los empujó lejos del área y los obligó a vivir de destellos aislados. El dato es demoledor: solo un disparo a puerta, tan cómodo para Ivor Pandur que casi podría haberlo atrapado con una mano en el bolsillo.
Olwethu Makhanya volvió a dejar la sensación de ser un defensa de otra categoría. Sereno, fuerte en el cuerpo a cuerpo, rápido al cruce y con criterio con el balón. Todo lo que exige la liga escocesa, lo tiene. Y lo muestra con una naturalidad que impresiona.
Un mediocampo que marcó el tono
En la sala de máquinas, el Rangers ganó el partido. Penrice multiplicado, corriendo, cerrando, ofreciendo siempre una línea de pase. A su lado, Nico Raskin, intenso, inteligente, demostrando por qué se ha ganado un lugar en la selección de Bélgica. No solo destruye; también ordena.
Y luego, Dan Neil. El que manda. Tomó el balón, marcó el ritmo, eligió cuándo acelerar y cuándo enfriar. Dominó el partido desde su zona y coronó su actuación con dos goles que redondearon una noche magnífica. No fue solo eficacia; fue autoridad.
Más arriba, Gassama y Kim Min-su hicieron un trabajo menos vistoso, pero decisivo. No brillaron en el último pase ni en la definición, pero su agresividad y verticalidad obligaron a los laterales del Celtic a recular una y otra vez. Cada carrera hacia adelante empujaba al rival unos metros más atrás. Cada conducción directa impedía que el Celtic adelantara líneas con comodidad. El equipo de Brendan Rodgers jugó más tiempo del que quería cerca de su propia área.
Kelsy y Naderi, trabajo sucio y premio
Kevin Kelsy falló una ocasión clara en los primeros minutos, pero no se escondió. Al contrario. Se ofreció, descargó de espaldas, luchó cada balón dividido y entendió muy bien los movimientos de Ryan Naderi. Entre los dos fijaron a la defensa del Celtic y abrieron espacios para las llegadas desde segunda línea.
Un detalle clave: Kelsy se encargó de fijar a Cameron Carter-Vickers, de incomodarlo, de no dejarle salir a cortar con comodidad. Esa batalla, silenciosa pero constante, acabó inclinando el duelo. El gol del delantero fue la recompensa lógica a un partido muy completo: control, definición y sangre fría en el momento justo.
Un punto de referencia… y un aviso
McInnes lo dejó claro: esta actuación debe convertirse en un punto de referencia. No un pico aislado, sino el estándar. El reto ahora es replicar esa intensidad, esa organización y esa claridad de ideas el domingo, cuando toque visitar el campo del Celtic.
El escenario será distinto. El rival, herido, querrá responder. El ambiente será más hostil. Pero el objetivo no cambia: el Rangers necesita otro resultado positivo. Tan pronto en la temporada, la tabla ya pesa. No se pueden permitir caer ocho puntos por detrás. No si realmente aspiran al título.
La victoria en el Old Firm no solo suma tres puntos. Inyecta confianza. Refuerza el mensaje del entrenador. Convence a los jugadores de que el camino es este.
Cinco triunfos seguidos en competiciones domésticas, una semifinal de copa en el horizonte y un equipo que empieza a reconocerse en el plan de su técnico. Viendo de dónde venía el Rangers tras la eliminatoria ante Jablonec, nadie habría dudado en firmar este presente.
Ahora la pregunta es otra: ¿es este el punto de despegue definitivo o solo el primer gran examen superado en una temporada que promete no dar tregua?






