Protesta contra inmigrantes confunde a equipo juvenil de críquet de Pakistán
En un hotel de cadena internacional, en un suburbio tranquilo de la costa sur inglesa, un equipo juvenil de críquet se preparaba para un torneo. Terminaron siendo el blanco equivocado de una protesta contra inmigrantes.
Todo ocurrió el martes por la noche, 8 de septiembre de 2026, en Cosham, al norte de Portsmouth. Un autobús con jóvenes asiáticos llegó al Marriott de la zona. Bastó una foto, un comentario en redes y un rumor mal dirigido para encender la mecha: “son solicitantes de asilo”, se empezó a decir en internet. Minutos después, comenzaron a llegar los manifestantes.
No era un grupo de migrantes recién desembarcados. Era la selección sub-19 de críquet de Pakistán.
Un error que revela algo más profundo
La escena se produjo apenas 48 horas después de otro episodio tenso en la misma región, cuando manifestantes intentaron impedir el desembarco de decenas de migrantes cerca de Portsmouth y se encararon con la policía en imágenes que generaron un rechazo generalizado.
La atmósfera ya estaba cargada. La llegada anual de decenas de miles de solicitantes de asilo en pequeñas embarcaciones desde Europa continental se ha convertido en uno de los temas más tóxicos de la política británica reciente. Las protestas se repiten. Algunas acaban en violencia. El martes, el objetivo fue un hotel y un autobús equivocado.
Según recogen medios británicos, los mensajes en redes sobre “un autocar lleno de jóvenes asiáticos” visto en el Marriott de Cosham bastaron para movilizar a un grupo de personas contrarias a la inmigración. Unos 30 manifestantes se concentraron en el exterior del hotel, vigilando el vehículo, convencidos de que se trataba de recién llegados al país.
La realidad era muy distinta: eran adolescentes deportistas, representantes de Pakistán en categoría sub-19, alojados en el hotel mientras el combinado absoluto del país disputaba el tercer Test ante Inglaterra en el histórico Edgbaston de Birmingham.
La policía aclara, la multitud se disuelve
Hampshire Police, responsable de la zona, confirmó que fue alertada de que “un grupo de personas comenzaba a congregarse” cerca del hotel esa misma tarde. Los agentes acudieron y hablaron con los presentes, que expresaban su preocupación por el autocar visto en el área.
Los policías les explicaron que sus sospechas no eran correctas. El portavoz no mencionó explícitamente a los jóvenes paquistaníes, pero sí detalló que, tras la intervención, la concentración se disolvió al poco tiempo y no se identificaron delitos.
Un giro clave lo protagonizó un concejal del partido antiinmigración Reform UK. Según publicó The Guardian, acudió al lugar, comprobó quiénes eran realmente los ocupantes del autobús y ayudó a dispersar al grupo tras confirmar que se trataba del equipo sub-19 de Pakistán y no de solicitantes de asilo.
Bastó una verificación básica para desmontar la premisa de la protesta.
“Cualquier grupo de personas negras o asiáticas se convierte en objetivo”
Para organizaciones antirracistas, el episodio no fue solo una confusión incómoda. Fue una señal de alarma.
Michael Bradley, organizador nacional de Stand Up To Racism, denunció el incidente como un ejemplo claro de “a dónde puede conducir el chivo expiatorio de refugiados y migrantes”. Su lectura fue directa: si un equipo juvenil de Pakistán se enfrenta a protestas simplemente porque “podría” ser un grupo de migrantes, el mensaje es que cualquier grupo de personas negras o asiáticas que llegue a la ciudad pasa a ser visto por la extrema derecha como un posible objetivo.
Su advertencia fue contundente: es evidente, dijo, hacia dónde puede derivar esa dinámica —en ataques racistas y más violencia.
En Cosham, aquella noche, la historia terminó sin golpes, sin detenciones, sin daños. Solo un grupo de adolescentes paquistaníes que, entre entrenamientos y partidos, vieron cómo su hotel se convertía por unos minutos en escenario de la batalla política británica sobre inmigración.
La pregunta es cuánto falta para que, la próxima vez, el error no se quede solo en un malentendido frente a la puerta de un hotel.






