Pakistán sufre un colapso histórico en Edgbaston
El críquet de Test en Inglaterra ha visto casi todo. Cielos plomizos, remontadas imposibles, colapsos sonados. Pero lo que ha firmado Pakistán en Edgbaston entra en un territorio nuevo, y doloroso: sus cinco primeros bateadores despedidos con cifras de un solo dígito en la primera entrada. Nunca había ocurrido algo así en un Test en suelo inglés.
No es solo un mal inicio. Es un registro histórico en negativo.
Un top‑5 borrado del mapa
La secuencia es brutal. Marcador 60-5, y los cinco primeros del orden pakistaní ya de vuelta al vestuario sin alcanzar siquiera las diez carreras individuales. Según los datos de Andy Zaltzman, es apenas la duodécima vez que el top‑5 de un equipo cae todo en un solo dígito en Tests, pero las once anteriores se habían producido en segundas entradas, cuando la presión, el desgaste del campo y el contexto suelen explicar parte del derrumbe.
Esta vez no hay excusa de terreno destrozado ni de persecución agónica. Es la primera entrada. Y, para rematar, en un campo que luce perfectamente jugable.
Mientras el marcador se desmorona, Saud Shakeel ofrece la única nota de elegancia. Un cover drive glorioso, la pelota deslizándose por extra cover como si el partido fuera otro. Luego repite: otro golpe por la misma zona, esta vez con mucha más licencia, casi temerario, salvado por un inside edge que silba a centímetros del leg stump antes de irse a la cuerda. Cuatro más. Y un tercer límite en el mismo over, esta vez perfectamente centrado por las coberturas.
Las imágenes dicen una cosa. El marcador, otra muy distinta.
Tongue destroza al capitán
El tono del día lo marca Josh Tongue. Entra en acción y, de inmediato, sube la velocidad y la temperatura del duelo. Su primer over termina con el golpe más simbólico posible: la caída de Babar Azam.
Pelota llena, rápida, angulada hacia dentro, estallando en lo alto del off stump. Babar intenta jugar hacia atrás, llega tarde, superado por el ritmo, y se queda a años luz de la línea. El capitán se va por 7. El marcador se hunde en 48-5. Es una imagen de impotencia.
Desde la cabina de comentarios, la sensación es clara: Pakistán no encuentra respuestas ante los bowlers de Inglaterra. Lo que se ve en el campo parece una procesión, no un combate.
Ocasiones perdidas, suerte esquiva
Entre tanto derrumbe, incluso los detalles menores se vuelven decisivos. Con Pakistán en 43-4, Saud Shakeel ofrece una vida. Gus Atkinson, que ha trabajado duro en la serie con apenas un wicket a su nombre, provoca el error: un toque de amplitud, Saud lanza el bate, saca un edge grueso y la pelota vuela alta y rápida hacia el primer slip.
Ben Duckett llega a tocarla, pero no logra asegurarla. Segunda oportunidad desperdiciada por él en la mañana, aunque esta vez el intento era mucho más complicado que el anterior. Atkinson sigue sin encontrar el premio que sugiere su juego.
Ollie Robinson, por su parte, mezcla su plan. Se anima con un bouncer aislado, que Saud tira por leg side con un pull cómodo, sin inmutarse. La defensa profunda evita el límite y Robinson vuelve enseguida a lo que mejor le está funcionando: la pelota llena, la costura hacia afuera, dos outswingers bien dirigidos para cerrar el over.
En medio de esa batalla, un pequeño respiro climático: la lluvia arrecia durante el descanso de bebidas, se piden las cubiertas, el personal entra… y la nube pasa antes de que terminen de tapar el campo. Los árbitros ordenan retirarlas. Se sigue jugando. Ni siquiera el tiempo parece dispuesto a darle una tregua a Pakistán.
Números que duelen: un comienzo de serie de pesadilla
Las estadísticas de Zaltzman ponen en contexto el desastre. Ningún equipo había iniciado sus entradas de forma tan pobre en una serie en Inglaterra como lo está haciendo Pakistán.
Caída del segundo wicket: 6 y 13 en Leeds, 16 y 7 en Lord’s, y ahora 14 en Edgbaston cuando se marcha el segundo bateador. En total, solo 56 carreras acumuladas antes de perder el segundo wicket en toda la serie. Eso significa que, de media, la primera asociación apenas llega a 5,6 carreras, y el segundo wicket cae en 11,2.
Es un ritmo de colapso que apunta a romper un registro que llevaba en pie desde 1888, cuando Australia promediaba apenas 16 carreras para la caída de su segundo wicket en una serie en estas tierras. Pakistán se encamina a rebajar incluso ese listón.
Un marcador que roza el ridículo histórico
Con el marcador en 35-4, entra Gus Atkinson en lugar de Jofra Archer. El seamer inglés solo ha logrado un wicket en la serie, a un coste de 125 carreras, pero su impacto real ha sido mucho mayor de lo que sugieren los números. Lo sabe él, lo saben sus compañeros. Hoy busca que la suerte, por fin, se ponga de su lado.
El guion, sin embargo, sigue hablando de Pakistán al borde de un papelón histórico. Con 35 en el tablero, cuatro byes por un error de línea de Robinson, la pelota rozando los guantes de Jamie Smith, empujan a los visitantes un poco más cerca de una marca que nadie quiere: su menor puntuación en Tests. Un edge grueso de Saud suma un par más mientras la lluvia vuelve a asomarse sobre Edgbaston.
Por ahora, solo es un chubasco pasajero. Para Pakistán, el temporal es otro: el de una alineación que no encuentra ni técnica ni temple para resistir. La pregunta ya no es solo cuántas carreras pueden salvar hoy, sino cuánto daño dejará este inicio de serie en la confianza de un grupo que ha convertido cada mañana de bateo en Inglaterra en una ruleta rusa.






