Novak Djokovic regresa al China Open: el rey de Pekín vuelve a su fortaleza
Novak Djokovic prepara su enésimo regreso a un escenario que le pertenece casi por derecho propio. El serbio ha confirmado que volverá a disputar el China Open, torneo que no pisa desde 2015, cuando levantó su cuarto título consecutivo en Pekín y firmó una de las rachas más dominantes que se recuerdan en la capital china.
Aquel año, Djokovic arrasó a Rafael Nadal en la final con un contundente 6-2, 6-2, culminando un idilio que lo vio conquistar seis títulos en siete temporadas, de 2009 a 2015. Nadie ha ganado más veces el torneo. Nadie ha mandado con tanta autoridad en el National Tennis Centre.
Un mensaje directo a China
El anuncio no llegó en una rueda de prensa ni en un comunicado frío. Apareció donde se mide hoy la cercanía con las estrellas: en una historia de Instagram.
“Estoy muy feliz de anunciar que vuelvo, después de muchos años, a jugar en Pekín en el China Open”, dijo Djokovic en su mensaje. “Estoy emocionado de volver y jugar delante de todos vosotros en el National Tennis Centre, uno de los mejores recintos que tenemos en el tenis. Un lugar donde he tenido recuerdos increíbles y grandes éxitos a lo largo de mi carrera”.
El serbio reservó también unas palabras para una afición que siempre lo ha arropado: “Quiero agradecer a todos los aficionados chinos por su amor y apoyo continuos durante tantos años. No puedo esperar para jugar delante de vosotros. Nos vemos muy pronto”.
No es un simple retorno a un torneo más del calendario. Para Djokovic, Pekín es refugio, talismán y escenario perfecto para intentar cambiar el guion tras un golpe inesperado en Nueva York.
De la sorpresa en Nueva York al refugio de Pekín
El número uno vivió en el US Open uno de esos resultados que se clavan en la memoria: eliminado en primera ronda por Mariano Navone. No perdía en el debut de un Grand Slam desde el Abierto de Australia de 2006. Una eternidad en términos de élite.
China aparece ahora como una oportunidad inmediata para ajustar cuentas consigo mismo. Para un competidor de su talla, la reacción nunca se hace esperar. Y pocas pistas le han dado tanto margen para rehacerse como las de Pekín.
Su hoja de servicios en el China Open habla sola:
- 2009: campeón ante Marin Cilic, 6-2, 7-6
- 2010: campeón ante David Ferrer, 6-2, 6-4
- 2012: campeón ante Jo-Wilfried Tsonga, 7-6, 6-2
- 2013: campeón ante Rafael Nadal, 6-3, 6-4
- 2014: campeón ante Tomas Berdych, 6-0, 6-2
- 2015: campeón ante Rafael Nadal, 6-2, 6-2
Seis títulos, apenas una derrota en siete años. Un dominio casi tiránico.
A sus 39 años, Djokovic regresa a un torneo donde nunca perdió una final, donde firmó victorias aplastantes y donde la grada lo adoptó como propio. No es casualidad que eligiera precisamente este escenario para relanzar su temporada tras el tropiezo en Nueva York.
Un cuadro de lujo y un campeón que defiende
Djokovic no volverá a un torneo menor ni a un cuadro descafeinado. Su nombre apareció hace unas semanas en la lista de inscritos junto a figuras como Jannik Sinner y el campeón del US Open, Alexander Zverev. Un cartel que promete un choque de generaciones en uno de los escenarios más potentes de la gira asiática.
El vigente campeón en Pekín es precisamente Sinner. El italiano se adueñó del torneo el año pasado, derrotando en la final a Learner Tien con un demoledor 6-2, 6-2 en el National Tennis Centre. Un partido de autoridad total: 24 golpes ganadores por 16 errores no forzados. Tien, en cambio, se quedó en 11 ganadores y 18 errores.
“Es un lugar muy, muy especial para mí”, dijo Sinner en la ceremonia de trofeos, según recogió la web de la ATP. Aquel título no fue un destello aislado: después de Pekín, el italiano encadenó coronas en Viena, París y Turín para cerrar un 2025 de enorme peso en el circuito.
Ahora, el campeón que emergió con fuerza en China se cruza con el campeón histórico del torneo. Sinner llega como referencia del presente inmediato; Djokovic, como la figura que marcó una era en esas mismas pistas.
El pulso de una nueva batalla
El regreso de Djokovic al China Open no es solo una cuestión de nostalgia. Es un punto de choque entre épocas. El torneo que ayudó a consolidar la hegemonía del serbio en la década pasada se convierte ahora en termómetro de su vigencia frente a una generación que ya no espera su turno: lo reclama.
La grada de Pekín, que ya lo vio levantar seis trofeos, está a punto de comprobar si el viejo rey aún tiene cuerda para imponer su ley en su fortaleza favorita. Y si Sinner, Zverev y compañía se atreven de verdad a destronarlo en la ciudad que mejor resume su dominio.






