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Novak Djokovic: el competidor que ayuda a sus rivales

Novak Djokovic divide al mundo del tenis como pocos. Ídolo absoluto para unos, figura incómoda para otros, el serbio carga con un historial que alimenta el debate: la deportación de Australia, la descalificación en el US Open 2020, los gestos en pista que encienden a las gradas. Pero lejos de los focos, la historia es bastante más matizada.

Quien lo ve de cerca todos los días, su fisioterapeuta Carlos Costa, dibuja un retrato muy distinto del 24 veces campeón de Grand Slam.

El campeón que frena un entrenamiento para ayudar a un chico

Costa, invitado en el programa “A BOLA”, desveló una faceta que casi nunca se ve en televisión: la del veterano que se toma el tiempo de formar a los que vienen detrás.

“Le encanta ayudar a los jugadores jóvenes. A menudo para el entrenamiento para dar consejos a otros tenistas, incluso a aquellos contra los que compite en el circuito”, explicó el fisio. No se trata de una anécdota aislada. Sucede con nombres propios y en torneos grandes.

Hace “no mucho”, contó Costa, Felix Auger-Aliassime le pidió un consejo. Djokovic no lo dudó. Lo mismo ocurrió con Joao Fonseca. Dos rivales directos en este mismo 2024. Dos jóvenes que ya han sentido en la pista el peso del número uno histórico… y, fuera de ella, la mano del mentor.

Este año, Djokovic derrotó a Auger-Aliassime en un maratón de cuartos de final en Wimbledon: 7-6, 3-6, 6-3, 6-7, 7-6. Meses antes, en Roland Garros, fue Fonseca quien le dio la vuelta a un partido épico de tercera ronda: 4-6, 4-6, 6-3, 7-5, 7-5. Dos batallas a cinco sets, dos generaciones frente a frente. Y, entre bastidores, el veterano aconsejando a los mismos jugadores que le complican la vida en los grandes escenarios.

Djokovic tampoco se limita a quienes ya están instalados en la élite. Según Costa, también ha asesorado en varias ocasiones a la joven estadounidense Iva Jovic. No hay cámaras, no hay micrófonos, no hay discursos preparados. Solo un campeón obsesionado con el juego que siente que debe devolver algo a un deporte que lo ha visto ganarlo casi todo.

Pueda que nunca haya sido el más popular del circuito. Pero resulta difícil sostener que no está dejando un legado más allá de los trofeos cuando tantos rivales han pasado por su “escuela” improvisada.

Un perfeccionista incómodo hasta con la toalla

El otro Djokovic, el que casi nadie ve, es el que vive dentro del vestuario y del box. Y ahí, según Costa, no hay comparación posible.

“Nunca he visto nada como Novak Djokovic. Su visión, lo que pone cada día en la pista y su intensidad”, relató. Costa asegura que ha visto algo parecido en otros deportistas, pero jamás con esa continuidad. Con él, cada detalle importa. Literalmente, cada segundo.

Hasta el tiempo que tarda el equipo en alcanzarle una toalla forma parte del plan. Si algo no está previsto, hay fricción. No es un capricho: es la manera en la que Djokovic ha construido una carrera sobre el control, la preparación y la búsqueda obsesiva de la ventaja mínima.

Esa exigencia interna llega al punto de que el propio jugador diseña “pruebas” dentro del equipo para comprobar si realmente están encontrando las mejores estrategias de recuperación y los tratamientos más eficaces. No se conforma con que le sigan el ritmo; quiere que lo anticipen.

Un ejemplo lo resume bien. En un momento dado, Djokovic preguntó por qué Jannik Sinner hacía entrenamiento visual y ellos no. No fue una curiosidad pasajera. Fue una exigencia. Si el rival directo trabaja un aspecto nuevo, él quiere saber por qué, cómo y si su equipo está preparado para incorporarlo.

Costa, que intenta reciclarse de forma constante y llega a hacer cursos con fisioterapeutas de otros deportes, reconoce que ni siquiera eso basta para adelantarse siempre al serbio. Djokovic ve un vídeo, observa un ejercicio en el vestuario, detecta algo diferente en otro jugador… y la pregunta llega de inmediato: “¿Por qué nosotros no hacemos lo mismo?”. Y la respuesta, como admite el propio fisio, “no puede tardar demasiado”. Con él, la mejora no es un concepto, es una urgencia diaria.

Sinner, el hombre que marca el listón

No es casualidad que Sinner aparezca en la conversación. El italiano es ahora el número uno del mundo y ha ganado cinco Grand Slams desde que Djokovic levantó su último grande. Domina el cara a cara por 7-5 y, este año, lo superó con claridad en Wimbledon. Es el espejo y, al mismo tiempo, el desafío.

Djokovic mira cada gesto del italiano porque sabe que su camino de regreso a la cima pasa por exprimir hasta el último recurso. Ya no se trata solo de talento o experiencia. A sus 37 años, se trata de encontrar cualquier borde afilado en un deporte que se ha rejuvenecido y acelerado.

Mientras Sinner acumula títulos y marca el ritmo del circuito, el serbio estudia, pregunta, ajusta. No se resigna al papel de leyenda en retirada. Quiere seguir siendo una amenaza real. Quiere ese 25º Grand Slam que ya se ha convertido en obsesión histórica.

El siguiente capítulo: China

El próximo paso en esa búsqueda llegará en Pekín. Djokovic volverá a competir por primera vez desde el US Open en el China Open, que arranca el lunes 28 de septiembre. No es un torneo menor en su calendario: es un laboratorio competitivo, una nueva oportunidad para medir hasta dónde le acercan estos ajustes constantes al nivel del nuevo dueño del ranking.

Detrás del jugador que polariza al público, hay un profesional que disecciona cada detalle, que interrumpe sus propios entrenamientos para aconsejar a un chico de 20 años y que se incomoda si la toalla tarda un segundo de más. Entre el mito y la controversia, esa es la versión de Novak Djokovic que ven quienes comparten con él el vestuario.

La pregunta, ahora, no es si seguirá ayudando a los jóvenes, sino si esa misma obsesión por mejorar le alcanzará para volver a destronar a Sinner y empujar aún un poco más los límites de su propia leyenda.