Nigar Sultana y el gesto que impactó el Asia Cup
En un Asia Cup ya cargado de tensión política y simbólica, el foco en la semifinal femenina entre Bangladesh e India no se quedó solo en el marcador. La derrota por 40 carreras dejó a Bangladesh fuera del torneo, pero el verdadero terremoto llegó después del último lanzamiento: Nigar Sultana decidió no darle la mano a Harmanpreet Kaur.
Un apretón de manos negado, en un contexto en el que cada gesto se lee como un mensaje.
Rafiqul Islam Babu, presidente del comité de críquet femenino del Bangladesh Cricket Board, salió a defender a su capitana, pero al mismo tiempo marcó distancia institucional. Un equilibrio delicado.
“Por supuesto, fue su propia decisión (no darle la mano a Harmanpreet)”, señaló Babu. La frase, corta y contundente, despeja cualquier sospecha de orden o consigna desde arriba. El dirigente insistió en la línea oficial: el tablero quiere que el deporte siga siendo un puente, no un muro. “Creemos que el deporte une al mundo. Queremos relaciones amistosas con todos los países, no solo con India, y por eso lo que hizo fue totalmente una decisión personal”.
El contexto no ayuda. Desde el Asia Cup masculino del año pasado, los capitanes de India han evitado estrechar la mano de sus pares de Pakistán, reflejo directo de las tensiones políticas entre ambos países. Ese precedente ya había contaminado el ritual más básico del juego. El jueves, sin previo aviso, Nigar pareció sumarse a esa nueva era de gestos cargados de significado.
Esta vez, el blanco no era Pakistán. Era India. Y eso, en el tablero regional, pesa.
Eliminación y consecuencias
Sobre el césped, la historia fue más simple: India fijó un objetivo de 150 carreras y Bangladesh se quedó corto por 40. Derrota clara, eliminación directa del Asia Cup y un rendimiento que dejó más preguntas que respuestas.
Babu no se limitó a hablar del apretón de manos. Dio un paso más y abrió la puerta a un debate más profundo sobre el liderazgo de Nigar y el rumbo del equipo. Confirmó que existen quejas formales por mala conducta contra la capitana y que su continuidad en el cargo no está garantizada.
“Hemos discutido todo (rendimiento y queja) con el presidente del board y, como están en los Asian Games, evaluaremos la situación después de que terminen los juegos”, explicó. El mensaje es nítido: nada se decidirá en caliente, pero nada se dará por hecho.
La actuación en los Asian Games será el siguiente examen. Y no solo deportivo.
“Primero veremos cómo rinde el equipo en los Asian Games y luego decidiremos qué hay que hacer”, añadió Babu. No es una advertencia vacía, es una hoja de ruta. El futuro de la capitanía de Nigar quedará ligado al desempeño colectivo y a la gestión de este episodio.
Un equipo que no termina de dar el salto
Más allá del incidente, el dirigente fue tajante con el estado actual del críquet femenino bangladesí. Habló de “muchas carencias” dentro del equipo y de una brecha todavía evidente frente a las potencias.
No se trata solo de un Asia Cup irregular. El recuerdo del último Mundial sigue vivo. Bangladesh compitió, incomodó, pero se marchó castigado por pequeños detalles. “Jugamos bien en el World Cup también, pero perdimos por pequeños errores”, admitió Babu. Esos errores, repetidos, se han convertido en una barrera invisible que separa a Bangladesh de las grandes.
El plan es claro: endurecer al grupo, hacerlo más competitivo, reducir al mínimo esas grietas que se abren en los momentos clave. “Estamos trabajando para hacer el equipo más fuerte y más competitivo. Después de los Asian Games decidiremos qué se puede hacer”, remató el directivo.
Entre líneas, el mensaje es contundente: nadie tiene el puesto asegurado. Ni siquiera la capitana.
La escena de la mano no ofrecida a Harmanpreet Kaur puede quedar como una anécdota más en una rivalidad creciente o como el punto de inflexión que cambie el liderazgo de Bangladesh. La respuesta llegará en los Asian Games, donde este equipo deberá demostrar si está preparado para algo más que gestos simbólicos.






