La NBA sanciona a los Clippers: un año sin Ballmer y multas millonarias
La NBA ha asestado uno de los golpes disciplinarios más duros de los últimos años a Los Angeles Clippers. Un año de suspensión para el propietario Steve Ballmer, 30 millones de dólares de multa para la franquicia y la pérdida de cinco elecciones de draft. El mensaje de la liga es claro: no habrá tolerancia con la elusión del tope salarial.
El castigo no se queda ahí. Kawhi Leonard, dos veces MVP de las Finales, recibe una sanción económica de 700.000 dólares. Lawrence Frank, presidente de operaciones de baloncesto, queda inhabilitado seis meses. Gillian Zucker, presidenta de operaciones de negocio, es suspendida durante un año. Un terremoto institucional en toda regla.
Una investigación que cambia el tono de la temporada
La liga cerró así una investigación de casi un año, dirigida por un despacho externo, sobre un entramado de acuerdos comerciales vinculados a Leonard y la empresa Aspiration Fund Adviser LLC, hoy en bancarrota. El caso estalló tras un reportaje del periodista Pablo Torre y fue creciendo hasta convertirse en un examen a fondo de la cultura corporativa de la franquicia angelina.
Los Clippers, mientras tanto, se mantuvieron firmes en su defensa. Durante meses repitieron que no habían hecho nada malo, que esperaban ser exonerados. Leonard, en abril, sonaba tranquilo: “Creo que vamos a estar limpios, así que no estoy estresado”. Frank se apoyaba en la figura de Ballmer: si se conocía su integridad, decía, no había caso.
La resolución de la NBA ha ido justo en la dirección contraria.
En un comunicado contundente, la franquicia cargó contra el proceso: aseguró “rechazar vehementemente” las conclusiones de la liga y denunció una investigación “fuertemente sesgada” destinada a justificar “un relato predeterminado” más que a seguir los hechos y las pruebas. Según los Clippers, lo que la NBA les comunicó en privado no coincide con lo anunciado de forma pública, y el club ya ha anunciado que peleará “por todos los cauces disponibles” para limpiar su nombre, confiando en un arbitraje “ético e imparcial”.
La NBA, por su parte, sostiene que el castigo es definitivo. Asegura que ha acordado con el sindicato de jugadores que las sanciones sean “finales y vinculantes” para todas las partes, aunque deja la puerta abierta a “nuevas acciones” si aparece más información.
Adam Silver no rebajó el tono. En su comunicado habló de “violaciones flagrantes” de las normas y de “fallos institucionales y de liderazgo” en los Clippers. La severidad de las sanciones, remarcó, refleja la gravedad de lo ocurrido.
El corazón del caso: Aspiration y los acuerdos con Leonard
El núcleo del expediente se sitúa en un contrato de patrocinio de 28 millones de dólares entre Leonard y Aspiration Fund Adviser LLC. La NBA investigó si ese acuerdo vulneraba las normas de circunvención del tope salarial al funcionar, en la práctica, como una compensación encubierta vinculada a su relación con los Clippers.
El contexto no ayuda a la defensa del club. El cofundador de Aspiration, Joseph Sanberg, fue condenado este año a 14 años de prisión federal tras declararse culpable de defraudar a inversores y prestamistas por al menos 248 millones de dólares. En medio de ese escenario, cualquier flujo de dinero asociado a jugadores estrella se examina con lupa.
Los Clippers difundieron una carta del abogado de Ballmer, David Kelley, dirigida a Silver. En ella, el letrado califica la investigación de “caza de brujas” y las sanciones de “injusticia grave”. Sostiene que la NBA no respetó sus propias promesas de un proceso con garantías, basado en el debido proceso y en la carga de la prueba a cargo de la liga.
Kelley va más lejos: asegura que los propios abogados de la NBA habrían reconocido que no existía un acuerdo entre los Clippers y Aspiration para canalizar dinero hacia Leonard, y recuerda que el Departamento de Justicia, la SEC y un juez federal consideran a Ballmer víctima del fraude de Sanberg, no partícipe. Para la defensa, el dueño de la franquicia ha visto su reputación “irreparablemente dañada” y arrastrada a una maraña de litigios civiles y procedimientos de bancarrota.
Otro punto clave que subraya Kelley: según él, ninguna norma de la liga prohíbe que personal de un equipo haga presentaciones o contactos con patrocinadores a petición de un jugador. Castigar ahora a los Clippers por vulnerar “una regla que nunca existió”, argumenta, choca frontalmente con el concepto de debido proceso.
La versión de la NBA: ayuda ilícita y gastos personales
La liga, sin embargo, dibuja un cuadro muy distinto. En su resolución sostiene que Ballmer “buscó de forma consciente ayudar a Leonard a obtener ingresos fuera de la cancha”, aprobó un acuerdo empresarial que sabía que era condición previa para que Aspiration firmara con el jugador y no garantizó un entorno de cumplimiento de las normas dentro de la organización.
Sobre Leonard, el informe es igualmente directo. A través de su antiguo representante y tío, Dennis Robertson, el alero habría presionado a los Clippers para que le ayudaran a conseguir oportunidades de ingresos externos, habría logrado esas oportunidades y no habría reembolsado al club ciertos gastos personales sufragados por la franquicia.
Leonard trató de marcar distancia con cualquier intención de saltarse las reglas. En un comunicado difundido por su nuevo agente, Harrison Gaines, asumió “plena responsabilidad por los errores de juicio de personas de su círculo cercano” y lamentó la distracción generada para aficionados y familia. Aseguró que firmó tanto su contrato con los Clippers como los acuerdos cuestionados “de buena fe”, dispuesto a cumplir sus obligaciones y “sin conocimiento” de que nadie pretendiera burlar el tope salarial.
La sanción a Ballmer se apoya precisamente en esa supuesta ayuda consciente al jugador para generar ingresos externos al margen del marco permitido.
Un traspaso en pausa y un regreso cargado de ruido
Todo este proceso ha tenido una consecuencia deportiva inmediata: el traspaso de Leonard a Toronto Raptors quedó congelado a la espera del desenlace de la investigación. La franquicia canadiense había dejado claro que seguía queriendo al alero. Leonard, a su vez, se mostraba igual de deseoso de regresar al equipo con el que conquistó el título de la NBA y el MVP de las Finales en 2019.
Con las sanciones ya sobre la mesa, Leonard mira hacia el norte. “Al volver a Toronto, estoy centrado en lo que puedo controlar, en cerrar este capítulo y seguir adelante con la hoja en blanco”, afirmó en su comunicado. El ruido institucional se queda en Los Ángeles; el reto deportivo vuelve a Canadá.
Años de vigilancia y viejos antecedentes
El castigo no termina con las suspensiones y las multas. La NBA someterá a los Clippers y a su personal a un programa de cumplimiento y supervisión durante cinco años. Dennis Robertson, el tío y antiguo gestor de Leonard, no podrá hacer negocios con franquicias de la liga durante ese mismo periodo.
Lawrence Frank ha sido sancionado por su implicación en los acuerdos de patrocinio considerados ilegales y por aprobar gastos indebidos de Leonard y su familia. Zucker, por su parte, queda señalada como “principal y directamente culpable” de las estructuras de patrocinio irregulares y de mentir a los investigadores. Ambos pierden sus salarios durante sus respectivas inhabilitaciones.
No es la primera vez que la era Ballmer en los Clippers choca con el reglamento de la NBA. En 2015, apenas un año después de comprar la franquicia por 2.000 millones de dólares, la liga multó al equipo con 250.000 dólares por ofrecer oportunidades de negocio no autorizadas a DeAndre Jordan durante su agencia libre. Aquel intento de seducción incluía un acuerdo de 200.000 dólares anuales con la marca de coches de lujo Lexus.
Ahora, una década después de su llegada procedente de la cúpula de Microsoft, Ballmer se enfrenta a su mayor crisis como propietario. Un año fuera, millones perdidos, elecciones de draft evaporadas y una etiqueta que pesará durante mucho tiempo: la del caso que obligó a la NBA a trazar una línea roja más gruesa en la relación entre estrellas, patrocinadores y tope salarial. La cuestión es si los Clippers podrán reconstruir su credibilidad tan rápido como han levantado su proyecto deportivo.






