NBA impone histórica sanción a los LA Clippers y Kawhi Leonard
La NBA ha dictado sentencia sobre los LA Clippers y Kawhi Leonard, y el golpe es histórico: 30 millones de dólares de multa, un año de suspensión para el propietario Steve Ballmer y la pérdida de cinco primeras rondas del draft. El caso Joe Smith–Minnesota Timberwolves ya no está solo en el museo de los castigos ejemplares.
Lo que comenzó como una investigación silenciosa sobre el acuerdo de extensión de Leonard en 2021 ha terminado en una de las sanciones más duras de la era moderna. La liga habla de “múltiples violaciones significativas” de las normas de circunvención del tope salarial. No es una frase al azar. Es la base sobre la que se construye un castigo que reconfigura el futuro de la franquicia.
Cómo llegó la NBA a este punto
El núcleo del caso se apoya en dos palabras que, en un convenio colectivo, pesan toneladas: “afirmativo” y “responsivo”. Los Clippers sostienen que actuaron como un simple intermediario entre Leonard y cuatro empresas interesadas en patrocinarle. La investigación concluye otra cosa: que la franquicia no se limitó a conectar, sino que facilitó y estructuró acuerdos que, en la práctica, funcionaron como compensación encubierta.
El informe detalla correos, notas internas y testimonios de ejecutivos de esas compañías. En el caso de Daktronics, fabricante de marcadores, los investigadores acusan a los Clippers de redirigir parte de un enorme contrato para el Intuit Dome hacia Leonard en forma de acuerdo de patrocinio, llegando incluso a fijar las condiciones.
En otros episodios, el informe señala pagos de millones de dólares en supuestas “consultorías” poco después de cerrarse contratos de imagen de Leonard. No explica cómo obtuvo cada dato, pero insiste en entrevistas con directivos de las empresas implicadas y en reconocimientos parciales de las propias compañías.
La NBA ha aplicado el máximo castigo económico permitido por este tipo de infracción: 7,5 millones por cada una de las cuatro empresas con las que, según el informe, los Clippers conspiraron para saltarse las reglas. El resultado: 30 millones de multa, al nivel —y en algunos aspectos por encima— del precedente de los Timberwolves en 2000, cuando David Stern les quitó cinco primeras rondas y les impuso una multa récord entonces de 3,5 millones.
El papel de Ballmer y por qué el castigo es tan severo
El informe de Wachtell no presenta una “pistola humeante” contra Steve Ballmer. No hay un correo directo, ni una orden explícita que lo incrimine. Pero sí dibuja un contexto en el que el propietario, según el documento, no creó “las condiciones” para que su organización respetara las normas de circunvención del tope, y “buscó ayudar” a Leonard a conseguir ingresos fuera de la cancha, incluyendo al menos “un acto significativo de facilitación” por parte del equipo.
Los investigadores enlazan notas contemporáneas de Lawrence Frank, conocimiento interno sobre las demandas del representante de Leonard, Dennis Robertson, y comunicaciones con patrocinadores. En esas notas, Robertson se queja a Ballmer de que Gillian Zucker, presidenta de operaciones de negocio, estaba haciendo “introducciones” para “acuerdos de mierda”, y remata: “yo tengo que cobrar”. Según esas mismas notas, Ballmer le habría respondido que el personal de los Clippers eran “trabajadores colectivos para tratar de ayudar a Leonard a lograr sus objetivos financieros”.
La liga ve un patrón. No un error puntual, sino años de prácticas que ya habían levantado sospechas. En 2015, los Clippers fueron multados con 250.000 dólares por un caso similar con DeAndre Jordan. En 2019, fueron investigados por la llegada de Leonard y, aunque salieron limpios, recibieron una advertencia y un recordatorio formal de las normas. Esa reincidencia agrava ahora la sanción.
Pese a todo, la NBA no ha tocado el contrato actual de Leonard ni sus Bird rights. Tendrá que pagar una multa de 700.000 dólares, pero no será suspendido. Tampoco se ha bloqueado el macrotraspaso acordado para enviarlo a Toronto Raptors: Clippers y Raptors pueden seguir adelante, y si se consuma, LA recibiría dos primeras rondas en ese movimiento.
Sin primeras rondas: un futuro hipotecado
El castigo deportivo es brutal. Los Clippers pierden sus primeras rondas de 2029 (procedente de Indiana Pacers), 2030, 2031, 2032 y 2033. Para una franquicia que ya había vaciado su cofre de picks para traer a Paul George en 2019 y a James Harden en 2023, el golpe es demoledor.
El traspaso de Ivica Zubac a Indiana el pasado febrero había sido el primer paso para reconstruir su capital de draft. De ese acuerdo salieron dos primeras rondas, una de ellas convertida en Keaton Wagler con el número 5 del último draft. Antes de la sanción, los Clippers contaban con siete primeras rondas en los próximos siete años, cuatro de ellas intercambiables. Eso sí, sin control sobre su propio pick hasta 2030, con Oklahoma City Thunder y Philadelphia 76ers manejando swaps y derechos en 2027, 2028 y 2029.
Ahora, tras perder cinco primeras, el futuro se estrecha hasta casi el ahogo: solo conservan, y sin posibilidad de traspaso, el menos favorable entre su propia primera ronda y las de Oklahoma City y Denver (si cae entre el 6 y el 30) en 2027, además del pick de 2029. Nada más.
La única rendija de luz llega desde Canadá. En el acuerdo para enviar a Leonard a Toronto Raptors, los Clippers deberían recibir primeras rondas sin protección en 2031 y 2033. Esas elecciones no se podrían mover en futuros traspasos por culpa de la regla Stepien, que impide a cualquier equipo quedarse sin primeras rondas en dos años futuros consecutivos. Pero, al menos, devolverían algo de oxígeno a una planificación deportiva hoy asfixiada.
Ballmer, en guerra abierta
Steve Ballmer no piensa quedarse de brazos cruzados. Al menos, eso promete. En su comunicado, los Clippers aseguran que “piensan impugnar enérgicamente” las conclusiones y sanciones, y que esperan “un proceso de arbitraje ético e imparcial”. El abogado de Ballmer, David Kelley, va más lejos y habla de “explorar todos los recursos legales para abordar esta grave injusticia”.
La realidad, de momento, es que la NBA y la NBPA han acordado que las sanciones son definitivas y vinculantes para todas las partes. No hay un cauce interno de apelación. Si Ballmer quiere ir más allá, deberá buscarlo fuera del ecosistema habitual de la liga, en los tribunales o en instancias de arbitraje externo.
Queda por resolver otro punto clave: cuándo empieza exactamente su suspensión de un año y si puede intentar frenarla de manera cautelar. Mientras tanto, el alternate governor, Dennis Wong —socio de negocios de Ballmer y dueño del 1% de la franquicia— figura como la persona llamada a cubrir el vacío institucional. Wong aparece como inversor en Aspiration, una de las empresas en el centro del caso, pero su nombre no figura en el comunicado sancionador de la NBA.
A diferencia de Donald Sterling, Ballmer no se enfrenta a un veto de por vida ni a una presión inmediata para vender. El precedente de Sterling en 2014 terminó con la venta del equipo porque su esposa, Shelly, decidió hacerlo antes de que la Junta de Gobernadores votara su expulsión. Aquí el escenario es distinto: suspensión, multa, pérdida de picks… pero continuidad en la propiedad.
Un dueño fuera, un despacho en vilo
No es la primera vez que la NBA deja a una franquicia sin su propietario durante un año. Glen Taylor, dueño de Minnesota Timberwolves, ya pasó por ahí tras el caso Joe Smith, igual que Kevin McHale desde el puesto de general manager. Otros nombres como Sterling, Mark Stevens (Golden State Warriors) o Robert Sarver (Phoenix Suns) también han sufrido suspensiones largas, aunque por motivos distintos a la circunvención del tope salarial.
En el caso de los Clippers, la sanción no se detiene en Ballmer. Lawrence Frank, presidente de operaciones de baloncesto, recibe seis meses sin sueldo. Su castigo le deja fuera hasta después del cierre del mercado de 2027, pero le permitiría regresar para el draft de ese año —cuando el equipo, por fin, volvería a tener una primera ronda— y para una agencia libre en la que podrían disponer de hasta 50 millones de espacio salarial.
Mientras la franquicia no acepte formalmente el castigo, no nombrará sustituto. Pero todo apunta a Trent Redden, general manager y ejecutivo respetado en la liga, como figura llamada a liderar la toma de decisiones deportivas en este periodo de turbulencias.
Gillian Zucker, en el ojo del huracán
Si hay un nombre especialmente señalado en el informe de Wachtell, ese es el de Gillian Zucker. Presidenta de operaciones de negocio desde la llegada de Ballmer, fue la cara visible en los cuatro acuerdos con patrocinadores que también firmaron contratos de imagen con Leonard.
El informe es contundente: la acusa de hacer declaraciones “engañosas y falsas” durante las entrevistas. En un pasaje especialmente detallado, se relata cómo, cuando Joseph Sanberg, cofundador de Aspiration, le plantea explorar un acuerdo de patrocinio con Leonard, Zucker le dice que recurrirá a un agente de negocios concreto —ya vinculado contractualmente a los Clippers— para ayudarle a estructurarlo.
Un día después, según los investigadores, Zucker contacta con ese agente. Poco después, el agente escribe a colegas internos detallando una propuesta: 5 millones de dólares más 7 millones en acciones por año, durante cuatro años, siempre que Leonard permanezca en los Clippers. Los investigadores concluyen que Zucker transmitió indebidamente esos términos al agente.
El propio agente asegura que ni él ni su equipo idearon esas cifras. Y todos los testigos relevantes —incluida la propia Zucker— coinciden en que Sanberg no tenía la experiencia necesaria para fijar por sí solo la estructura financiera de un acuerdo de patrocinio de ese calibre. Para la NBA, la conclusión es clara: el club cruzó una línea que las normas de la liga marcan con trazo grueso.
Dennis Robertson, el hombre que forzó un cambio de reglas
La sanción no se limita a la organización. Dennis Robertson, tío de Leonard y durante años su asesor de negocios, recibe un castigo ejemplar: cinco años de veto para negociar o relacionarse con franquicias NBA y sus filiales en nombre de cualquier jugador, empleado o miembro del ecosistema de la liga.
Robertson ya era una figura polémica en los despachos. Durante la agencia libre de 2019, pidió a varias franquicias —Clippers, Lakers y Raptors, según diferentes informaciones— condiciones que iban mucho más allá del convenio colectivo: participación accionarial en el equipo, acceso a un avión privado, una casa y dinero garantizado en patrocinios externos en los que Leonard no tendría que realizar contraprestación alguna.
Aquellas peticiones, verbales pero muy concretas, sacudieron la liga y llegaron a la oficina central. La respuesta fue un cambio normativo: desde entonces, los equipos están obligados a informar a la NBA de cualquier solicitud de compensación no autorizada por el CBA, venga del jugador, de su agente o de cualquier persona que actúe —o diga actuar— en su nombre, incluso si la solicitud es rechazada.
En su comunicado del miércoles, Leonard asume parte del coste reputacional y alude de forma velada a Robertson: “La integridad y el respeto por este juego son fundamentales para quien soy. Acepto la plena responsabilidad por los errores de juicio de personas dentro de mi círculo cercano y lamento la distracción que esta situación ha causado a los aficionados y a mi familia.”
En julio, Leonard ya había dado un giro a su estructura de representación, contratando a Harrison Gaines, de SLASH Sports, como nuevo agente y responsable de todos sus asuntos de negocio, en sustitución de Mitch Frankel y del rol informal que ejercía Robertson.
¿Pueden recuperar los Clippers algo de lo perdido?
La historia dice que sí. Minnesota recuperó en 2003 y 2005 dos de las cinco primeras rondas que había perdido por el caso Joe Smith, quedándose finalmente sin picks en 2001, 2002 y 2004. La puerta, por tanto, no está cerrada para siempre.
Pero hoy, en Los Ángeles, el panorama es otro. Una franquicia que apostó todo por el proyecto Leonard–George, que estrenará el Intuit Dome como símbolo de una nueva era, se despierta sin dueño operativo durante un año, con su presidente de operaciones apartado medio curso y con un vacío de primeras rondas que se extiende hasta bien entrada la próxima década.
La pregunta ya no es solo cómo van a competir los Clippers en los próximos años. Es si este castigo marcará el final de una era construida a golpe de ambición… y de qué manera podrán reinventarse cuando el coste de esa apuesta ha quedado, por fin, totalmente expuesto.






