Naomi Osaka avanza a octavos del US Open tras un intenso partido
Bajo los focos de la noche neoyorquina, en un Louis Armstrong Stadium lleno y ruidoso, Naomi Osaka volvió a sentirse parte del gran escenario. La japonesa, campeona dos veces del US Open, necesitó tres sets intensos para doblegar a Elise Mertens: 6-3, 3-6, 7-5 y asegurar su billete a los octavos de final.
No fue una victoria limpia. Fue una victoria trabajada, tensa, con altibajos, con errores y con nervios. Y quizá por eso valió el doble.
Un arranque con sello de campeona
Osaka, cabeza de serie número 13, salió a la pista con decisión. Tras unos juegos iniciales de tanteo, apretó el acelerador y encadenó tres juegos seguidos para abrir una brecha de 4-1 en el primer set. El servicio, su arma histórica, volvió a ser refugio y martillo: con una serie de saques potentes, sostuvo la ventaja y cerró el parcial por 6-3 sin mirar atrás.
Mertens, 23ª preclasificada, sufría para encontrar profundidad y tiempo ante los latigazos desde el fondo de la japonesa. Osaka mandaba, pegaba primero y marcaba el ritmo. Parecía que la noche iba a ser corta.
No lo fue.
Mertens responde y cambia el guion
El segundo set arrancó con la misma inercia. Osaka siguió castigando desde la línea de fondo y logró un quiebre en el tercer juego que parecía encaminar el partido. Dominaba en el marcador y en las sensaciones. Tenía la iniciativa, el público de su lado y la experiencia de los grandes días.
Entonces se soltó la belga.
Mertens ajustó la mira, empezó a leer mejor el servicio de Osaka y atacó sus segundos saques. La japonesa perdió los dos juegos siguientes, entregó la ventaja y, con ella, parte del control emocional del duelo. La belga se metió en la pista, alargó los intercambios y obligó a Osaka a golpear una bola más, y otra más.
El premio llegó: Mertens igualó el partido en sets con un 6-3 que reflejó el cambio de dinámica. Osaka, que había empezado dominando, se vio de repente atrapada en un pulso mucho más incómodo de lo esperado.
Un tercer set de nervios, errores y carácter
El set definitivo fue una montaña rusa. Mertens, ya asentada, aprovechó una serie de errores no forzados de Osaka para tomar la delantera. La japonesa, errática por momentos, empezó a discutir consigo misma y con la raqueta. La tensión se palpaba en cada gesto.
En medio de ese torbellino, Osaka pidió un tiempo muerto médico. El partido se detuvo. El estadio murmuró. Cuando volvió a la pista, algo había cambiado.
La japonesa ajustó el margen, contuvo los fallos y se aferró a su servicio para seguir con vida. Mertens, al frente en el marcador, olía la sorpresa. Pero Osaka, acostumbrada a noches grandes en Nueva York, se negó a ceder.
En los juegos finales del set, la presión por fin hizo mella. Osaka recuperó el quiebre en un momento clave, soltó el brazo y, con un ace demoledor, se colocó 6-5 arriba. El rugido del público acompañó ese saque como si fuera un viejo ritual en Flushing Meadows.
Quedaba un último juego. Osaka no titubeó. Cerró el partido en el siguiente turno y se llevó un triunfo que había llegado a parecerle lejano.
Osaka, entre la incredulidad y la disculpa
Al terminar, la japonesa no escondió su mezcla de alivio y sorpresa. Admitió que le costaba creer que hubiera ganado este partido y se dirigió a las gradas para agradecer el apoyo constante desde los asientos del Louis Armstrong Stadium.
También se tomó un momento para disculparse por su comportamiento en la pista, incluida la escena en la que lanzó la raqueta en plena frustración. Una imagen que habló de la tensión del encuentro, pero también de la exigencia que se impone a sí misma.
Próximo reto: Rybakina o Starodubtseva
El premio a esta batalla es un lugar en los octavos de final, donde la espera Elena Rybakina o Yulia Starodubtseva. Dos perfiles distintos, un mismo desafío: mantener el nivel competitivo y, sobre todo, estabilizar las emociones.
Osaka ya ha demostrado que aún sabe sufrir bajo las luces de Nueva York. Ahora falta saber hasta dónde puede llevar ese pulso en un torneo que tantas veces ha definido su carrera.






