MLS regresa a la U.S. Open Cup: un cambio significativo
MLS volverá a la U.S. Open Cup. No como invitada de última hora, sino entrando directamente en la ronda de 64, prevista para mediados de julio, y con un privilegio clave: el derecho a jugar en casa. Eso significa que clubes semiprofesionales, de categorías inferiores e incluso amateurs tendrán que viajar a estadios de MLS para disputar sus eliminatorias. Para muchos de ellos, será la noche de su vida.
El giro es mayúsculo si se recuerda lo ocurrido en 2023. Entonces, la liga dio la espalda al torneo histórico del fútbol estadounidense, escudándose en la congestión del calendario tras la expansión de Leagues Cup. MLS llegó a plantear que fueran sus equipos de MLS Next Pro —en la práctica, sus filiales— los que compitieran en la U.S. Open Cup. La respuesta fue clara: no.
La reacción de los aficionados no tardó en encenderse. En varias plazas importantes, el enfado fue evidente. En Seattle, el rechazo se convirtió casi en una causa. Parte de la hinchada de Seattle Sounders boicoteó encuentros de Leagues Cup y acusó a la liga de abandonar la U.S. Open Cup para priorizar un torneo que, según defendían, resulta mucho más rentable para MLS. Para ellos, no era solo una cuestión de fechas, sino de identidad: el torneo más antiguo del país quedaba relegado en favor de un producto nuevo y más comercial.
El regreso ahora se percibe como una victoria para esa base fiel que nunca dejó de reclamar respeto por la copa. Volver a ver a clubes de MLS mezclados con equipos de USL y amateurs en un mismo cuadro devuelve a la competición su esencia: un cruce de mundos, presupuestos y realidades que solo un torneo abierto puede ofrecer.
El movimiento también supone un impulso enorme para USL y para el fútbol amateur en Estados Unidos. USL se prepara para una transformación profunda: a partir de 2028 será una liga de División I y adoptará un modelo de ascensos y descensos, un sistema que MLS ha rechazado de forma sistemática desde su nacimiento. En ese contexto, una U.S. Open Cup fuerte y con presencia plena de MLS se convierte en escaparate y campo de batalla a la vez.
Cada año, 32 equipos amateurs se ganan su sitio en el torneo. Para ellos, el nuevo formato con MLS entrando desde la ronda de 64 y ejerciendo de anfitrión es un reto brutal, pero también una oportunidad irrepetible. Visitar un gran estadio, medir fuerzas con profesionales, dejar una huella en la historia del torneo: todo eso sigue estando sobre la mesa.
Pese a todas las polémicas recientes, la edición de 2026 avanza con vigor. Cuatro semifinalistas, todos de MLS, pelearán por un lugar en la final el 14 de septiembre. Más de un siglo después de su nacimiento en 1914, la U.S. Open Cup continúa en pie, adaptándose, resistiendo y obligando a la élite del fútbol estadounidense a mirarse al espejo. La pregunta ya no es si el torneo sobrevivirá, sino qué papel jugará en el nuevo mapa competitivo que se avecina en el país.






