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Minnesota Timberwolves y la apuesta por Jonathan Kuminga

Los Minnesota Timberwolves creen haber encontrado a su ala-pívot titular en Jonathan Kuminga. Draymond Green, uno de los hombres que mejor le conoce, ve ahí una oportunidad… y un riesgo.

Un contrato ganga con letra pequeña

Kuminga ha firmado por dos años y 12,4 millones de dólares. En la práctica, unos 6 millones esta temporada. En la NBA actual, eso es casi calderilla para un titular en un aspirante del Oeste.

Green, desde The Draymond Green Show, aplaudió la decisión y la calificó como una “gran oportunidad” para su excompañero en Golden State. Pero no se quedó ahí. Lanzó una advertencia que golpea directo al corazón del proyecto de Minnesota.

“Mi única preocupación por JK es que, si no funciona, tú eres el primer enchufe que se desenchufa”, soltó, sin rodeos.

No hablaba de talento. Hablaba de jerarquías económicas.

Según Green, el salario marca muchas veces la paciencia que una franquicia está dispuesta a tener con un jugador. Las estrellas con contratos gigantescos no salen del quinteto así como así. Un jugador de “salario medio” no recibe el mismo margen de error.

“Un salario de 6,5 millones en la NBA es un salario de rol de banquillo”, remarcó.

Un quinteto caro… salvo Kuminga

El contexto en Minnesota refuerza el argumento. Kuminga está llamado a formar parte de un cinco inicial de lujo: LaMelo Ball, Anthony Edwards, Jaden McDaniels, Rudy Gobert… y él. Todos con contratos muy por encima del suyo. Incluso varios suplentes cobrarán más que el nuevo ala-pívot titular de Chris Finch.

El caso más evidente es Ayo Dosunmu. Tras irrumpir con fuerza desde su llegada en febrero procedente de Chicago, se ganó un contrato de cinco años y 112 millones. Promedió 14,8 puntos el curso pasado y firmó una actuación de 43 puntos en los playoffs ante Denver que todavía resuena en la liga.

Ese rendimiento le ha valido 22,4 millones anuales de media. Más del triple de lo que cobrará Kuminga este curso. Y, sin embargo, con la llegada del exWarrior, Dosunmu apunta a convertirse en sexto hombre.

No significa que Finch vaya a rotar “por nóminas”. Pero el mensaje de Green va por otro lado: inversión organizativa. Si Minnesota necesita tocar algo en su quinteto, Kuminga pesa mucho menos en el balance financiero que Edwards, Ball, Gobert, McDaniels o el propio Dosunmu.

Y ahí está la tensión: el jugador con el hueco perfecto en la pista es, a la vez, el más fácil de mover en el tablero.

El valor de una temporada

Para Kuminga, la situación va más allá del orgullo competitivo. Su contrato incluye una opción de jugador para la temporada 2027-28. Traducido: una buena campaña podría abrirle la puerta a renunciar a ese último año y lanzarse de nuevo al mercado en busca del gran contrato que no llegó ahora.

Por eso su rol no es un simple detalle táctico. Es capital para su futuro económico y para su estatus en la liga.

Green lo sabe bien. Durante sus años juntos en Golden State fue uno de sus defensores más firmes dentro del vestuario. Y no habla desde el resentimiento. Al contrario. Está convencido de que Kuminga necesitaba dejar de mirar lo que “podría haber ganado” y centrarse en encontrar el lugar adecuado para relanzar su carrera.

Minnesota, a su juicio, le ofrece justo eso.

El recuerdo que no se borró en Minnesota

Los Wolves tenían un agujero evidente en el puesto de cuatro tras traspasar a Julius Randle y Naz Reid en su profunda remodelación veraniega. Buscaban físico, energía, piernas jóvenes alrededor de Edwards y Ball. Kuminga encaja en ese molde casi a la perfección.

Y, sobre todo, ya han visto de cerca lo que puede hacer cuando le dan protagonismo.

En la serie de playoffs de 2025 entre Warriors y Timberwolves, la lesión de Stephen Curry obligó a Golden State a darle más balón a Kuminga. El resultado: 20,8 puntos de media con un 54% en tiros de campo ante la defensa de Minnesota. Una actuación que, según Green, se quedó grabada en la memoria del presidente Tim Connelly y del propio Edwards.

“Creo que es una gran oportunidad para JK”, insistió el veterano interior.

Los Wolves piensan lo mismo. A precio de unos 6 millones, Kuminga es una apuesta de enorme potencial: si convierte sus destellos en producción constante, el contrato se convierte en una ganga monumental.

Pero el reverso es claro. Ese mismo contrato le convierte en una de las piezas más fáciles de mover si el experimento chirría.

Minnesota ha apostado fuerte por su nueva columna vertebral. La pregunta ya no es si Kuminga tiene talento, sino cuánto tiempo le darán para demostrarlo antes de que alguien, desde un despacho, decida tirar de ese “primer enchufe”.