Mikel Arteta: Entrenando el Caos en el Arsenal
Mikel Arteta, el técnico que entrena el caos
El retraso del vuelo del Arsenal rumbo a Italia habría descolocado a más de un vestuario de élite. Tres horas atrapados por problemas de control aéreo antes de aterrizar para medirse al Napoli en la Champions no es precisamente el guion ideal para un campeón de la Premier League. Para Mikel Arteta, en cambio, fue casi un ejercicio práctico de algo que ya tenía escrito en su libreta desde agosto.
El entrenador español confesó que el equipo estaba preparado para ese tipo de contratiempos porque él mismo se ha encargado de introducir el desorden en la rutina del club. A propósito. Como método.
“Me encantan esos desafíos, intento crearlos en pretemporada”, explicó en la rueda de prensa del viernes, en la antesala del duelo de liga ante el Sunderland. No lo dijo como una justificación, sino como una declaración de principios. Su Arsenal no solo entrena con balón; también entrena la incomodidad.
Entrenar la incomodidad
Arteta detalló que en verano altera horarios, rutas y costumbres para vacunar al grupo contra el estrés del imprevisto. Cambia horas de viaje, retrasa comidas, modifica los trayectos hacia los estadios, incluso juega con las condiciones del vestuario, haciéndolo más caluroso e incómodo de lo habitual.
La idea es simple y dura: que nada sorprenda en un día de partido. “Cuando pasa algo así, ya lo hemos vivido y estamos preparados”, subrayó. No quiere ver pánico en jugadores ni en cuerpo técnico si se cancela un vuelo, se retrasa un tren o un atasco bloquea el autobús. Quiere ver adaptación.
Ahí entra en juego el siguiente paso: aprovechar el tiempo muerto. Arteta anima a su plantilla a usar esas dos o tres horas extra en un avión para algo útil: hablar, hacer grupo, descansar. Lo que sea, menos quejarse. La queja, para él, es una pérdida de energía. Y, sobre todo, una excusa. “No te quejes ni lo uses como excusa porque no ayuda en absoluto”, es el mensaje que martillea en el vestuario.
Un método tan peculiar como obsesivo
No es la primera vez que el técnico del Arsenal llama la atención por sus métodos poco ortodoxos. Su obsesión por el detalle ha dejado varias escenas que ya forman parte del folclore reciente del club.
En una ocasión, apareció en el vestuario con una bombilla en la mano para pedir a sus futbolistas que fueran “energía” y “luz” dentro del campo. Una imagen sencilla, casi teatral, que buscaba un impacto emocional inmediato.
Otro día llevó la idea aún más lejos: contrató a carteristas profesionales para que se infiltraran en una cena de equipo y robaran móviles y carteras a los jugadores. No era una broma pesada, sino una lección sobre la importancia de estar alerta, de no relajarse nunca, ni siquiera en un entorno que parece completamente seguro.
En 2023, sumó un nuevo elemento a su ecosistema: un perro llamado Win en la ciudad deportiva. No era una mascota sin más, sino un símbolo. Arteta lo presentó como una representación de la familia que quiere construir en el club, una presencia diaria pensada para reforzar la unión y el ánimo del grupo.
Un Arsenal diseñado para sobrevivir a todo
Cada una de estas decisiones dibuja el retrato de un entrenador que vive al límite del detalle y que entiende el fútbol de élite como una sucesión de pequeños márgenes. Para él, el resultado del miércoles en Italia empieza a cocinarse en un vuelo retrasado en septiembre, en una comida pospuesta en julio o en un vestuario sofocante en plena pretemporada.
El retraso del avión camino de Napoli no fue, en su cabeza, una desgracia logística. Fue la prueba de un plan. Un test de carácter. Un examen de todo aquello que el equipo ya había entrenado cuando nadie miraba.
Ahora el Arsenal viaja a Sunderland para su siguiente compromiso liguero, sabiendo que el calendario, los viajes y los imprevistos seguirán apretando. Arteta, fiel a su estilo, ya ha dejado claro que no piensa pedir clemencia al calendario ni al tráfico aéreo.
Su apuesta es otra: que, pase lo que pase ahí fuera, su equipo ya haya estado ahí dentro muchas veces. En su cabeza. En sus rutinas. En su particular laboratorio del caos.






