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El mercado de fichajes del Liverpool: decisiones y futuro

El último día de mercado dejó frío a más de un aficionado del Liverpool. Se esperaba ruido, un golpe más en ataque junto a la llegada de Bradley Barcola. En cambio, el club bajó la persiana en cuanto rechazó la oferta de 80 millones de Manchester City por Cody Gakpo. Silencio, nada de fuegos artificiales.

El plan interno contemplaba otro atacante de nivel. Brighton se cerró en banda por Yankuba Minteh tras dos propuestas rechazadas, Crystal Palace se negó a desprenderse de Ismaila Sarr y Paris Saint-Germain cambió las reglas a mitad de la partida con Ibrahim Mbaye, casi duplicando el precio del extremo. El mercado se fue estrechando y, uno a uno, los objetivos fueron cayendo.

Aun así, en su última ventana como director deportivo del Liverpool, Richard Hughes dejó huella. Cerró las incorporaciones de Victor Muñoz y Bradley Barcola. Al francés todavía no se le ha visto con la camiseta roja, pero la expectativa es enorme. Muñoz, en cambio, ya empezó a dejar marca: provocó un penalti ante Newcastle United y firmó el gol del empate en el tramo final contra Nottingham Forest. Impacto inmediato, sin periodo de adaptación.

No llegó ese atacante senior extra que muchos reclamaban, pero el club sí aprovechó el cierre del mercado para mover una ficha inesperada con un chico de 18 años. Una operación discreta, casi escondida entre titulares. Dentro de unos años, puede parecer una jugada maestra.

Un fichaje a contracorriente: el caso Djylian N’Guessan

El acuerdo para llevar a Djylian N’Guessan a Anfield todavía no se ha hecho oficial. No es casualidad. Hay un motivo reglamentario que explica el silencio.

El delantero de Saint-Étienne estaba llamado a completar su traspaso durante la ventana de verano. Todo estaba encaminado hasta que apareció un obstáculo serio: las estrictas limitaciones de la FIFA sobre los préstamos internacionales de jugadores extranjeros. Liverpool ya tenía cubierto su cupo de cesiones externas, con la estancia de Harvey Elliott en el Valencia como ejemplo más visible. Eso impedía firmar ahora a N’Guessan y cederlo inmediatamente.

El riesgo era evidente: esperar y dejar la puerta abierta a que otro club europeo se adelantara. Liverpool decidió no jugar a la ruleta y trazó un plan poco convencional.

El delantero, comparado en su perfil con Eli Kroupi Jnr, pasará la temporada 2026/27 cedido en el Brest, pero como jugador de Saint-Étienne, no del Liverpool. Desde fuera parecerá un préstamo más dentro de la Ligue 1. La clave llega después: en enero firmará un preacuerdo con el club de Anfield, lo que le permitirá completar su llegada a Merseyside el próximo verano, cuando expire su contrato con Saint-Étienne.

Es una operación enrevesada, sí. Pero era la única vía para esquivar el muro normativo que tenía delante el club inglés sin renunciar al talento del joven delantero.

Anfield, laboratorio de ‘wonderkids’

N’Guessan no es un caso aislado. Es otro nombre en una lista que empieza a dibujar una estrategia muy clara: Liverpool está construyendo una red global para asegurar a algunos de los mejores ‘wonderkids’ del planeta.

En los últimos meses han llegado los defensas Ifeanyi Ndukwe y Mor Talla Ndiaye, se ha incorporado Samuel Martínez y el club pagó 30 millones para sacar a Lucca Brughmans del KRC Genk. No son apuestas menores ni fichajes de relleno. Es inversión seria en potencial.

Bajo la mirada meticulosa de Pedro Marques y Matt Newbury, los campeones de la Premier League 2024/25 están levantando una segunda estructura competitiva: un futuro equipo de élite que se cocina a fuego lento mientras el actual sigue peleando por títulos.

El último día de mercado no trajo el extremo consagrado que muchos imaginaban. Trajo algo distinto: la confirmación de que Liverpool ya no solo compite por los mejores jugadores del presente, sino por los que pueden dominar la próxima década. Y ahí, cada movimiento milimétrico, por extraño que parezca hoy, puede marcar la diferencia mañana.