Mbappé deja Nike tras 20 años y se une a On
Kylian Mbappé ha cambiado de bando. Después de dos décadas ligado a Nike, el capitán de Francia ha firmado un contrato de botas con On, la marca suiza que quiere irrumpir con fuerza en el fútbol a partir del próximo año. No es solo un cambio de patrocinador: es una declaración de intenciones en un mercado dominado casi en exclusiva por dos gigantes.
On, conocida hasta ahora sobre todo por su impacto en el running y el tenis, acelera su entrada en el balón con un doble golpe de efecto: ficha a Mbappé como imagen y futuro accionista y coloca a Thierry Henry como director de fútbol. El proyecto deja claro que no se trata de una aventura puntual, sino de una ofensiva estructurada para sentarse en la misma mesa que Nike, Adidas y compañía.
“Desde el principio, lo que me atrajo de On fue la oportunidad de construir algo completamente nuevo juntos que ayude a dar forma al fútbol del mañana”, explicó Mbappé al anunciar el acuerdo.
El delantero subrayó que quiere aportar su experiencia, empujar los límites a través de la innovación y, al mismo tiempo, mantener intacta “la alegría del fútbol”. Una frase que encaja con la estrategia de la marca: vender tecnología, pero también relato.
Del niño de nueve años al símbolo de una era
La ruptura duele en Oregón. Nike pierde a un futbolista que ha sido uno de sus grandes estandartes globales. El vínculo empezó cuando Mbappé tenía apenas nueve años. Desde entonces, su ascenso ha ido de la mano de campañas, anuncios y botas personalizadas que lo colocaron como heredero natural de la línea de estrellas que va de Ronaldo Nazário a Cristiano Ronaldo.
“Kylian comenzó su camino con Nike cuando tenía nueve años”, recordó la compañía en un comunicado.
“Durante casi dos décadas, hemos compartido momentos que han marcado el juego y ha sido una parte importante de Nike Football. Estamos orgullosos de lo que logramos juntos dentro y fuera del campo”. Palabras medidas, tono institucional, pero tras ellas se adivina un golpe deportivo, comercial y simbólico.
El contrato terminó tras el Mundial y, con él, se abrió una puerta que On no ha dejado escapar. La compañía de Zúrich ya sabía lo que era seducir a una figura que parecía inamovible: Roger Federer también abandonó Nike para unirse a la firma suiza en el tramo final de su carrera y hoy es accionista. Mbappé seguirá ese mismo camino, no solo como embajador, sino con participación en el capital.
On enseña sus primeras armas
On ha empezado a enseñar sus cartas. Esta semana presentó sus primeras botas de fútbol, las Lightspray Prototype, un modelo que funcionará como avanzadilla antes de su desembarco masivo en el mercado el próximo año. Primero, las botas; después, la ropa de entrenamiento. El plan está trazado.
La elección del momento no es casual. El fútbol vive una batalla feroz por la visibilidad en los pies de las grandes estrellas, especialmente en los grandes torneos. En el último Mundial de verano, Nike y Adidas dominaron con claridad: sus modelos calzaron a más del 40% de los jugadores, según datos de la tienda especializada Fútbol Emotion. Puma, tercera fuerza en discordia, rondó el 10%.
En ese contexto, cualquier irrupción se convierte en una escalada casi imposible. Under Armour, New Balance o Skechers —marca que lleva Harry Kane— han tenido presencia en la élite, pero su impacto en el mercado minorista ha sido limitado. On quiere romper ese techo de cristal con una estrategia distinta: menos catálogo, más foco, y una figura central capaz de arrastrar generaciones.
Un golpe al tablero de Nike y Adidas
La salida de Mbappé se suma a otro revés reciente para Nike: la pérdida de Lamine Yamal, joya de Barcelona y de la selección española, que firmó con Adidas hace dos años. Dos perfiles distintos, dos edades opuestas, pero un mismo mensaje: el trono del marketing futbolístico ya no es tan estable.
Nike y Adidas siguen controlando el grueso del negocio, pero el paisaje se mueve. Los jóvenes futbolistas miran más allá del cheque. Buscan protagonismo en el diseño, participación en la narrativa y, cada vez más, un asiento en la mesa de decisiones, como muestra el rol de Mbappé y Federer como accionistas de On.
El francés, que ha sido la cara visible de innumerables campañas de Nike, se coloca ahora al frente de una marca que apenas da sus primeros pasos en el fútbol. El riesgo es evidente. El potencial, también. Si On consigue convertir las botas de Mbappé en un objeto de deseo global, no solo habrá ganado un embajador: habrá abierto una brecha real en un duopolio que parecía intocable.
La pregunta ya no es si On puede competir. Es cuánto tardará el resto del mercado en notar que el mapa de poder en los pies de las estrellas empieza a redibujarse.






