Marco Jansen: De aprendiz a líder del ataque sudafricano
En otro tiempo reciente, la nueva pelota blanca de Sudáfrica tenía dos nombres grabados: Kagiso Rabada y Lungi Ngidi. Hoy, con ambos fuera de combate, el peso cae sobre un hombre que hasta hace nada era el aprendiz más alto del grupo: Marco Jansen.
El zurdo encabezará el ataque en la serie de tres ODIs ante Australia que arranca el jueves en Kingsmead, Durban. No estarán Rabada. No estará Ngidi. Tampoco hay red de seguridad. Solo un grupo de rápidos aún verdes y un líder inesperado.
Un rol que ya había empezado sin hacer ruido
Jansen habla de “tomar el liderazgo” como si fuera una novedad. En realidad, el proceso ya había comenzado sin tanto foco. En sus últimos cuatro Tests, en Kolkata y Guwahati en noviembre pasado, tomó la nueva pelota en ausencia de Rabada, entonces lesionado de las costillas. Fueron las únicas ocasiones en las que abrió formalmente un innings de Test, pero no las únicas en las que compartió ese privilegio.
En 21 Tests, ha compartido la nueva pelota 16 veces. Siempre con el mismo socio: Rabada. En ODIs, ha abierto el ataque en 14 ocasiones. Ocho de ellas con Ngidi a su lado, tres con Rabada. Cuando no lanzó el primer over, fue el segundo: en 12 ODIs donde compartió la nueva bola, Ngidi arrancó siete veces y Rabada tres.
En T20Is, la historia se repite. Jansen ha sido el encargado de la nueva pelota en 18 partidos. En siete de ellos, Rabada tomó el segundo over; en dos, Ngidi. Gerald Coetzee y Aiden Markram han ocupado ese rol en tres encuentros cada uno. Cuando Jansen fue el segundo en entrar en acción, en 10 T20Is, Ngidi abrió seis veces y Rabada dos.
Los números dibujan una dependencia silenciosa. De las 74 ocasiones en las que Jansen ha lanzado el primer o segundo over de una entrada internacional, en 54 su compañero fue Rabada o Ngidi. Un 72,97% del tiempo. Siempre hubo un “KG” o un Lungi a su lado.
Esta vez, no. Esta vez sale solo.
Liderazgo aprendido en la trinchera
La ausencia de sus mentores no borra lo que le dejaron. Al contrario, lo obliga a ponerlo en práctica.
Jansen explica que su idea de liderazgo nace de compartir vestuario y campo con Rabada y Ngidi. Los ha visto mandar sin levantar la voz, controlar el ritmo cuando el partido se desboca, bajar pulsaciones cuando el marcador aprieta y la pelota vuela hacia la valla.
Para él, el liderazgo no es gritar órdenes al compañero que sufre en el over. No se trata de recitar soluciones como si fueran una lista. Prefiere otra cosa: leer el momento, frenar el juego unos segundos, hacer las preguntas simples y correctas. “¿Cuál es el plan aquí? ¿Cómo sacamos a este bateador del strike?”. Volver a lo básico cuando todo se complica.
El trabajo duro, recuerda, se hace antes: planes, tipos de bola, campos a colocar. El día del partido, su misión será otra: poner a sus compañeros en el estado mental adecuado para ejecutar. Exprimir lo mejor de cada uno. Ser el calmante, no el ruido.
Un cuerpo castigado, pero aún en pie
Con la cantidad de golpes que ha recibido el arsenal de rápidos sudafricanos, casi sorprende que Jansen siga disponible. Él mismo reconoce que no es tan sencillo como parece.
Su preparación para el reciente duelo de primera clase con los Titans ante los Dolphins en Centurion, del 10 al 12 de septiembre, fue caótica. Quiso empezar a lanzar dos o tres semanas antes, pero enfermó. Una tanda de antibióticos durante una semana y media, casi dos, le recortó el plan de trabajo. Al final tuvo apenas tres días de preparación y llegó a ese partido sintiéndose “crudo”, corto de carga. Entre medias, dos visitas al fisioterapeuta para ajustar “cosas pequeñas” y sacar rigideces acumuladas tras su paso por The Hundred.
Nada de eso se notó cuando la pelota empezó a volar.
En la primera entrada de los Dolphins, Jansen lanzó nueve overs y se llevó 3/39. Después, con el bate, castigó con siete fours en un 37 de 45 bolas. Y en la segunda entrada rival encontró realmente su ritmo: 17 overs, 4/61 y una victoria por una entrada y 60 carreras para los Titans. Un aviso claro de que, aun entre molestias y antibióticos, sigue siendo un arma de élite.
Un nuevo ciclo que puede acelerarse
Mientras Sudáfrica se prepara para recibir a Australia en Durban el jueves, la sensación es clara: empieza una etapa nueva, quizá antes de lo previsto. Los nombres de Marco Jansen, Corbin Bosch, Gerald Coetzee, Kwena Maphaka y Duan Jansen se repiten en las listas y en las conversaciones. Son presente y, sobre todo, futuro.
Más adelante esperan los Tests ante Australia, también en Durban a partir del 9 de octubre, los dos choques contra Bangladesh en el Wanderers y Centurion entre el 15 y el 27 de noviembre, y la serie de tres Tests frente a Inglaterra en Johannesburgo, Centurion y Ciudad del Cabo del 26 de diciembre al 7 de enero.
Si el desgaste y las lesiones no vuelven a golpear con la misma dureza, no sería descabellado ver a varios de estos zurdos juntos en un XI de Test. Imaginar a Keshav Maharaj, otro zurdo aunque de giro, rodeado por los Jansen, Maphaka y Basson en una misma alineación no suena ya a fantasía lejana, sino a posibilidad real en los próximos meses.
Por ahora, el foco se estrecha en un hombre. Jansen ha dejado de ser el socio alto y callado de Rabada y Ngidi. Ahora es el que lleva la nueva pelota, el que marca el tono, el que debe mantener la calma cuando el partido se incendie.
Australia será el primer examen serio de esta versión de Marco Jansen como jefe del ataque. Si supera la prueba, la pregunta no será si puede liderar Sudáfrica, sino cuánto tiempo tardará en convertirse en el referente indiscutible de una generación entera de rápidos.






