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Manchester United: Ocasión Perdida y Problemas Defensivos

Manchester United se marchó de Goodison Park con un 2-2 que sabe a ocasión perdida. Tuvo el control durante muchos tramos, golpeó dos veces tras jugadas a balón parado, encontró chispa en tres atacantes creativos… pero falló justo donde no se puede fallar en la Premier: en las áreas.

En ataque, el equipo de Michael Carrick generó, combinó, llegó. Lo difícil, lo que suele costar más, estaba hecho. Lo que no apareció fue el instinto asesino. Faltó un delantero que atacara el área con determinación, que leyera el espacio entre centrales, que oliera el rebote. La circulación era fluida hasta la frontal, pero dentro del área el equipo se quedaba corto de presencia.

Ahí se abre una puerta para Benjamin Sesko, ya de vuelta de sus problemas físicos, o para devolver a Bryan Mbeumo al rol de nueve. También pesa la ausencia de Amad en la banda derecha, una zona que ni Shea Lacey parece aún preparado para asumir ni Matheus Cunha parece destinado a ocupar. El dibujo se sostiene, las ideas también; lo que no aparece es el remate que cambie partidos.

Y cuando no se mata, la Premier castiga.

Una defensa que tiembla con cada llegada

El otro gran problema ya es tendencia: tres partidos oficiales, seis goles encajados. Hull City, Ipswich Town y ahora un Everton con dificultades ofensivas han encontrado la forma de hacer daño a un United que concede demasiado.

En Goodison, el guion se repitió. Luke Shaw firmó su mejor actuación del curso en el costado izquierdo: buenos solapes con Rashford, centros peligrosos y la asistencia que Sesko mandó a la red en el 88’ con un cabezazo que olía a gol de la victoria. Pero el partido de un lateral no se mide solo por lo que produce arriba.

En el 83’, con el 0-1, Tyrique George recibió el regalo que Shaw le dejó al cerrarse en exceso hacia el centro del área. Ese par de metros de espacio fueron suficientes para que el atacante armara un disparo violento a la escuadra del primer palo. Lammens llegó a tocar el balón, pero no logró desviarlo. Error compartido, castigo máximo.

No fueron los únicos desajustes. Harry Maguire, Lisandro Martínez y Diogo Dalot firmaron una actuación discreta, tanto en lo individual como en lo colectivo. Antes del descanso, Maguire se salvó de la foto gracias a la mala puntería de Thierno Barry, que cabeceó alto una ocasión clarísima en el 42’. En el añadido del primer tiempo, Dalot despejó mal al corazón del área y se la regaló a Jarrad Branthwaite, que remató directo a las manos de Lammens. Más tarde, un centro fallido de Dalot en zona de creación descolocó a Shaw y Martínez, obligados a correr hacia atrás para frenar a Brennan Johnson, al que solo pudieron bloquear sobre la línea de gol.

El patrón se repite: errores técnicos, malas decisiones, demasiadas concesiones. Y cuando un equipo se pasa 45 minutos defendiendo su área, las probabilidades se vuelven en su contra.

El repliegue que invitó a Everton a creer

Con 0-1 en el marcador durante buena parte del segundo tiempo, United eligió refugiarse. Cedió la pelota, reculó metros y dejó que Everton creciera. No fue un repliegue controlado; fue una invitación a que el rival probara una y otra vez desde la frontal.

Ese contexto alimentó los dos golazos que cambiaron el partido. Si United hubiese mantenido una presión más alta y una posesión más agresiva, Everton difícilmente habría tenido tantas oportunidades de buscar la escuadra desde fuera del área. El equipo se metió demasiado atrás, renunció a mandar y terminó pagando el precio.

Tras el primer empate, Carrick movió el banquillo: Mazraoui entró en el lateral izquierdo y Leny Yoro ocupó la derecha. La idea era refrescar piernas y cerrar bandas. El efecto fue el contrario.

En el 90’, Mazraoui perdió de vista otra vez a Tyrique George, que se plantó solo para repetir el mismo disparo al primer palo. Esta vez Lammens respondió bien y la jugada quedó invalidada por fuera de juego. Fue un aviso.

Cinco minutos después, en la última acción del partido, el castillo se derrumbó. Hayden Hackney superó a Yoro con demasiada facilidad, se internó y cedió el balón a Dewsbury-Hall. El despeje de Mazraoui, precipitado y corto, cayó en los pies de Ainsley Maitland-Niles. El resto fue un latigazo digno de premio, un golpe imposible para Lammens y un punto que se escapó cuando ya parecía asegurado.

La pregunta flota en el aire: si Carrick hubiera mantenido a Dalot y Shaw, ¿habría cambiado algo? La sensación es que el problema va más allá de nombres propios.

Un desequilibrio de plantilla que pasa factura

El análisis interno en el club es claro: el equipo ha mejorado en la creación, el nuevo centro del campo ofrece líneas de pase, ritmo y llegada, y el frente ofensivo genera ocasiones. Pero la estructura defensiva sigue descompensada, y los laterales se han convertido en una herida abierta.

Luke Shaw aún ofrece calidad con balón, pero ya no tiene la velocidad de recuperación de otras temporadas. Cuando United adelanta líneas, esa carencia se nota. Dalot sufre un problema parecido en el otro lado. Cada pérdida en campo rival abre autopistas a la espalda de los laterales, y los centrales se ven obligados a cubrir demasiados metros, demasiados duelos, demasiadas situaciones límite.

Los rivales ya han tomado nota. Atacan por fuera, buscan el uno contra uno, fuerzan carreras largas y castigan cada desajuste. Y lo están logrando con frecuencia preocupante.

En el horizonte aparece Matthijs de Ligt, cerca de volver a jugar tras su larga ausencia desde noviembre de 2025. Su regreso puede elevar el nivel individual en el centro de la zaga, pero difícilmente resolverá por sí solo un problema estructural. También asoma el nombre de Ayden Heaven, que pide minutos y podría ofrecer una alternativa distinta, más física y agresiva.

La cuestión de fondo es otra: ¿puede este United sostener una temporada exigente con una línea defensiva tan frágil? El verano se centró en arreglar el centro del campo y en sumar talento arriba. La zaga quedó en un segundo plano y hoy el equipo lo paga en cada partido.

El calendario no da tregua. Llega el debut en la Champions League, un escenario en el que los errores atrás se castigan aún más rápido y con más crueldad. United ya ha demostrado que puede marcar goles. Lo que todavía no ha demostrado es que sepa evitar que se le escapen los que ya tiene en la mano. Y ahí es donde se va a jugar buena parte de su temporada.