El Madring: un circuito nuevo con problemas de espectáculo
El nuevo Madring debía ser el gran escaparate de la Fórmula 1 en Madrid. Medio urbano, medio permanente, con el Ifema como telón de fondo y el aeropuerto de Barajas a un paso. Un proyecto “desde cero” en buena parte del trazado, sin las ataduras de un callejero clásico. Y, sin embargo, el resultado ha sido uno de los circuitos menos propicios para el espectáculo de todo el calendario.
Los pilotos lo avisaron antes de girar una sola vuelta de carrera: adelantar sería casi imposible. Acertaron.
Un diseño que ignora las bases del espectáculo
La paradoja es evidente. Cuando se construye un circuito nuevo, con amplias zonas diseñadas ex profeso para la F1 moderna, lo mínimo es respetar los fundamentos básicos del buen espectáculo: recta larga, gran frenada, espacio para atacar por dentro o por fuera. El Madring falla justo ahí.
El problema principal es tan simple como decisivo: no hay una recta larga que desemboque en una gran zona de frenada. Sin ese punto de referencia, sin ese “kilómetro cero” del adelantamiento, el resto del trazado se queda sin ancla competitiva.
A eso se suma otro rasgo que los pilotos señalaron de inmediato: muchas curvas obligan a frenar y girar al mismo tiempo. Eso mata cualquier intento de ataque. Quien va por detrás no puede tirarse por el interior sin arriesgarse a un choque; quien va delante sólo tiene que seguir la trazada y cerrar la puerta. Para rematar, varios muros regresan hacia la pista a la salida de las curvas, lo que estrecha aún más el margen de maniobra.
Y luego está el carril de boxes. Larguísimo. El más largo del año. Cuanto más se tarda en pasar por el pit lane, menos rentable es arriesgar con varias paradas. El resultado es previsible: estrategias a una sola detención, gestión extrema del neumático, pilotos rodando lejos del límite, menos errores, menos incidentes, menos coches de seguridad. Menos caos. Menos vida.
Lando Norris lo resumió con una frase que dolió en la organización: “No sé cómo alguien mira este diseño y dice: ‘Mint’”. Para él, y para muchos, el Madring es un circuito divertido para clasificar, pero pobre para competir.
Un circuito salvable… si se toman decisiones valientes
La buena noticia es que los problemas están claros. Y, por tanto, las soluciones también se pueden dibujar con cierta nitidez.
Norris propuso atacar el corazón del trazado: eliminar las curvas 18 y 19 y trazar una recta casi directa desde la 17 hasta la 20, con una entrada mucho más ancha y un gran punto de frenada, al estilo de la curva 1 o la curva 10 de Austin. Un gran horquilla, espacio para varias líneas, un lugar donde el DRS y la valentía tengan recompensa.
Ese cambio, argumenta el británico, abriría “muchas mejores oportunidades para todos” y convertiría la carrera en algo que el público pudiera disfrutar, no sólo la vuelta a una vuelta del sábado.
Su lista no acaba ahí. También sugiere retoques más complejos, como rediseñar la chicane torpe y poco fluida de la curva 5 y todo el tramo hasta la 7. Es una zona que hoy rompe el ritmo, corta el impulso y apenas ofrece margen táctico.
El problema no es sólo el asfalto. La ubicación y el diseño de boxes y paddock también han generado críticas. El área de trabajo está partida, extendida sobre una superficie enorme, con edificios en medio que fragmentan la operación diaria. Para el personal de la F1, moverse y coordinarse en ese laberinto ha sido un desafío constante.
El entorno tampoco ayuda: grandes pabellones feriales en un recinto funcional, sin encanto, casi como montar un gran premio en un complejo tipo NEC de Birmingham. La comparación no es casual: el sitio cumple, pero no enamora.
Reubicar el pit lane para que no quede cortado por un edificio, concentrar boxes y paddock en una misma zona al aire libre y crear una línea de meta y salida más lógica serían pasos importantes hacia un circuito más coherente, más vivo.
Madrid tiene margen para corregir. La cuestión es si habrá voluntad política, técnica y económica para acometer cambios de calado antes de la próxima temporada. Porque el trazado, como insiste Norris, es divertido de pilotar. Ahora falta que lo sea de ver.






