Laura Pausini y el Grid Gig en Monza: Polémica en la F1
El rugido de los motores aún no había llegado… y ya había polémica. Antes de que se encendieran los semáforos en Monza, la atención de la previa televisiva se desplazó del pit lane a un escenario. El formato ‘Grid Gigs’ regresó al Gran Premio de Italia con Laura Pausini como gran protagonista, y no todos los aficionados lo celebraron.
La artista italiana, ganadora de un Grammy y figura global del pop, ofreció un mini concierto de dos canciones, acompañada por banda en directo, sobre un escenario instalado en el circuito. Un guiño evidente al público local: cantó en italiano y en español, ante gradas llenas y un ambiente de gran evento.
Hasta ahí, espectáculo puro. El problema, para muchos, fue lo que vino en la pantalla.
Sky Sports F1 interrumpió su habitual cobertura previa a la carrera para emitir íntegramente las dos canciones. La mesa de presentadores y analistas se detuvo, la información de parrilla quedó en pausa y la música tomó el control de la retransmisión. Solo cuando Pausini abandonó el escenario, el programa recuperó su tono habitual de análisis y nervios de antes de la salida.
La decisión encendió las redes. Hubo quien se rindió al show sin matices. “Que los Grid Gigs sean fijos, por favor, ha sido absolutamente brillante y lo he disfrutado muchísimo”, celebró un aficionado. Otro, más escéptico con ediciones anteriores del formato, admitía que la actuación de Pausini “puede convencerme”.
Pero el entusiasmo no fue unánime. Para una parte de la audiencia, cortar la construcción de la narrativa deportiva para dar paso a un concierto resultó un paso demasiado agresivo hacia el espectáculo. “Si los ‘Grid Gigs’ van a ser una cosa en el futuro, quizá tenga que replantearme a qué hora empiezo a ver la cobertura”, advertía un usuario. Otro se preguntaba abiertamente: “¿Obligaron a Sky F1 a emitir esto?”.
La sospecha se repitió en varios comentarios: “¿Ha forzado FOM a Sky F1 a mostrar este Grid Gigs? Me pregunto. Estoy bastante seguro de que nunca se habían molestado en hacerlo antes”, escribía otro aficionado, reflejando la sensación de que la productora central empuja cada vez más el componente de entretenimiento.
No solo se criticó la interrupción. También el contenido. Algunos calificaron la actuación como “vergonzosa” o “basura”, mientras otros la defendieron como “increíble” y “emocionante”. La brecha fue nítida: para unos, un añadido innecesario en el momento más tenso del día; para otros, un plus de espectáculo que encaja con la F1 moderna.
Para Pausini, en cualquier caso, no era un territorio desconocido. Este mismo año ya había cantado ante una audiencia deportiva global en la final del Mundial en New Jersey, compartiendo escenario con Robbie Williams y Nicole Scherzinger en la interpretación del ‘FIFA Anthem’, Desire. Monza fue otro escaparate de primer nivel, ahora de la mano del gran circo del motor.
El concepto ‘Grid Gigs’ no nació en Italia. F1 lo probó por primera vez en Austin el año pasado, con el cantante de country Drake Milligan antes del Gran Premio de Estados Unidos. Más tarde viajó a Las Vegas, con Louis Tomlinson como reclamo, y en mayo aterrizó en Miami con el colombiano Manuel Turizo al micrófono. El plan es claro: convertir la parrilla en un show transversal, donde la música comparta foco con los coches.
Monza, sin embargo, se presentó como la apuesta más ambiciosa hasta la fecha. La propia F1 definió esta edición como su “mayor” Grid Gigs, subrayando que Pausini es la única artista italiana que ha ganado un Grammy. El comunicado oficial adelantó que la actuación se emitiría en directo en las redes sociales de la categoría, pero no mencionó nada sobre su integración en la señal de los operadores de televisión.
Ahí está el choque. La F1 persigue una experiencia global que va más allá de la carrera; las televisiones tratan de equilibrar espectáculo y análisis; el aficionado más tradicional quiere información, cámaras en el paddock, gráficos y tensión previa, no un concierto completo a minutos de la salida.
Monza dejó claro que la línea entre deporte y entretenimiento se estrecha cada vez más. La pregunta es hasta dónde está dispuesta la F1 a empujarla… y cuántos aficionados están dispuestos a seguirla en ese camino.






