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Larne y el colapso en la UEFA Conference League

Ha sido una campaña europea para olvidar en la Premiership de Irlanda del Norte. Linfield y Glentoran cayeron a la primera, Coleraine fue arrollado en la segunda ronda y, cuando parecía que Larne iba a salvar el honor, el golpe llegó con crueldad quirúrgica.

Larne, de la gloria soñada al derrumbe en Inver Park

Larne encaraba la vuelta del play-off de la Uefa Conference League con un botín que suele ser definitivo: dos goles de ventaja y un Inver Park encendido. Lo tenía en la mano. Pero el fútbol europeo no perdona distracciones, y menos en los últimos minutos.

En un tramo final caótico, Lincoln Red Imps marcó dos veces, Larne se quedó con 10 jugadores y, ya en el último suspiro de la prórroga, el conjunto visitante firmó el 3-2 global que apagó de golpe el sueño europeo de los de Gary Haveron. Un desenlace que no solo hiere a un club. Golpea a toda la liga.

Para Larne, el mazazo es inmediato y evidente. Para el fútbol de Irlanda del Norte, las consecuencias pueden arrastrarse durante años.

El cuarto billete europeo, en serio peligro

La gran preocupación que sobrevolaba todo el verano era el coeficiente. No era una alarma exagerada: un mal año en Europa siempre acaba pasándose factura en forma de plazas perdidas.

Hoy, la situación es clara. La Premiership reparte cuatro billetes europeos: campeón, subcampeón, ganador del play-off y campeón de la Irish Cup. Ese modelo, que ha dado vida al tramo final de la temporada y ha inyectado dinero al sistema, está contra las cuerdas.

Con el coeficiente de Irlanda del Norte anclado en el puesto 50 con 6.625 puntos, la amenaza es real: perder la cuarta plaza y todo lo que arrastra. De repente, aficionados y directivos se ven obligados a mirar marcadores y calendarios de ligas que jamás habrían seguido, como la georgiana.

El caso más llamativo es Iberia 1999. El club georgiano afronta seis partidos de Conference League ante rivales de peso: FC Copenhagen, Red Star Belgrade, Getafe, Sint-Truiden, Jablonec y Mjallby AIF. Si Iberia 1999 pierde los seis encuentros, Georgia no podrá superar a Irlanda del Norte en el ranking. Así de fino es el hilo del que cuelga el cuarto billete.

Liechtenstein también entra en la ecuación para la próxima temporada, con un coeficiente en caída tras años de escasa cosecha de puntos. Cada detalle cuenta en una tabla que se ha convertido en obsesión silenciosa.

Hay otra derivada ya marcada en el calendario: a partir de la temporada 2028-29, el campeón de la Irish Cup pasará a entrar en la primera ronda de la Uefa Conference League, no en la segunda. Un escalón más por subir, menos margen de error.

¿Tiene sentido mantener el play-off europeo?

La posible pérdida de la cuarta plaza abre un debate incómodo: ¿qué hacer con el play-off europeo que cierra la temporada?

Hoy, los equipos que terminan entre el tercer y el séptimo puesto se juegan en ese mini torneo el último billete continental. Es un formato que ha generado tensión, audiencias y partidos con algo en juego hasta el último día. Pero el propio director ejecutivo de la Northern Ireland Football League, Gerard Lawlor, ya había dejado caer que, si el cupo se reduce a tres, el play-off podría desaparecer.

“Necesitaríamos hablar con los clubes y debatirlo, pero probablemente sería la solución más sensata y sencilla”, dijo en su momento. El mensaje era claro: hay que adaptarse a la realidad.

No todos están de acuerdo. Gary Haveron, técnico de Larne, defiende el sistema con vehemencia. Su argumento es directo: sin play-off, el tramo final de la liga se llena de partidos intrascendentes.

“Hay tantos partidos que no se juegan por nada al final de la temporada, y si estás en la mitad baja de la tabla y no sigues vivo en la Irish Cup, ¿cuál es tu motivación?”, planteó. “¿Qué motivación tienes si no puedes alcanzar el séptimo puesto y una plaza europea? El play-off ha traído muchísima emoción. ¿Me gusta estar involucrado? No, pero he estado en dos finales y el drama es absolutamente increíble”.

La cuestión ya no es solo deportiva. Es de producto, de interés, de identidad competitiva.

Un agujero millonario para Larne… y para todos

Detrás del drama deportivo se esconde el golpe económico. Y ese duele igual o más.

Si Larne hubiera sellado su pase a la fase de liga de la Conference League, habría ingresado cerca de 2,75 millones de libras solo en concepto de participación. Una cifra que podía crecer con buenos resultados y que, para un club de la Premiership, supone un antes y un después.

El resto de equipos también iban a ganar. Los otros clubes de la liga habrían recibido un pago solidario de seis cifras. Dinero fresco para mejorar instalaciones, invertir en cantera o reforzar plantillas.

La temporada pasada, cuando Larne hizo historia al convertirse en el primer club de Irlanda del Norte en alcanzar la fase de grupos de una competición europea, los otros 11 equipos de la Irish League se repartieron más de dos millones de libras. Ese precedente marcó un estándar: una buena carrera europea de uno eleva a todos.

Esta vez, la historia se ha escrito al revés. Larne tendrá que revisar su plan de gasto, tanto en el césped como en los despachos, sin el impulso económico que rozó con la punta de los dedos. Y la onda expansiva se sentirá más allá de Inver Park.

Una nueva presencia de Larne en la fase de liga habría sido otra bocanada de aire para toda la Premiership. Esa oportunidad se ha escapado en un minuto final de prórroga.

El viejo debate del calendario: ¿invierno o verano?

Cada vez que los clubes de Irlanda del Norte tropiezan en Europa, la misma pregunta vuelve a escena: ¿hay que cambiar el calendario y pasar al fútbol de verano?

Hoy, los equipos del país afrontan las rondas previas europeos fuera de temporada, con plantillas todavía en fase de construcción y ritmo competitivo por debajo de rivales que ya están en plena liga cuando llegan los clasificatorios de julio.

Gerard Lawlor ya adelantó a comienzos de agosto su intención de sentarse con los clubes antes de Navidad para hablar del modelo de verano y, si hay consenso, someterlo a votación con vistas a un posible cambio del calendario a partir de la campaña 2028-29.

No es un tema sencillo. Divide a directivos, entrenadores y aficionados. Y tiene un espejo cercano: la República de Irlanda. Allí se juega de mediados de febrero a principios de noviembre, pero esta temporada ningún club del país ha logrado meterse en la fase de grupos de una competición europea. El cambio de calendario, por sí solo, no garantiza nada.

Lo que sí parece evidente es otra cosa: la ausencia de equipos de Irlanda del Norte en las fases de liga europeas durante varios años seguidos tendría un impacto profundo. Menos ingresos, menos puntos de coeficiente, menos atractivo para jugadores y patrocinadores.

Algo tiene que moverse. La cuestión es si la liga reaccionará a tiempo o si noches como la de Inver Park se convertirán en la norma de cada verano.