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Kurtis Campbell: De niño acosado a estrella de UFC

A los siete años, la vida de Kurtis Campbell iba por un camino muy distinto al que hoy le lleva a UFC Paris. En el patio del colegio de primaria, en Liverpool, no había focos ni jaulas. Había acoso. Burlas. Un niño cada vez más encogido.

Sus padres, Jay y Michelle, entendieron que algo tenía que romperse antes de que se rompiera su hijo. Eligieron cambiar el guion.

Lo apuntaron a clases de Muay Thai. No para que fuera campeón. Solo para que supiera defenderse.

“Desde entonces no he mirado atrás”, contó Campbell a BBC Sport. “Estoy enamorado de este deporte desde entonces”.

De aquel chaval tímido ha salido un peso ligero de 24 años que ahora persigue un objetivo descomunal: convertirse en campeón de UFC. Diecisiete años después de su primera clase, se prepara para su segunda pelea en la compañía, este sábado, ante el estadounidense Trevor Peek en UFC Paris.

Su motivación tiene nombres y apellidos.

“No voy a parar hasta que mi madre y mi padre estén en una playa, tomando cócteles y sin hacer nada más el resto de sus vidas”, dice. “Que puedan disfrutarlo sabiendo que han creado a este monstruo. Ese es mi plan”.

Del niño “blando” al competidor obsesivo

Al principio, el gimnasio era solo un refugio temporal. Una herramienta de autodefensa antes de dar el salto al instituto. Nada más.

Pero las cosas cambiaron cuando empezó a competir en torneos amateur. Cada combate le abría una puerta y cerraba otra: la del miedo, la de la inseguridad del colegio. Poco a poco, la afición se convirtió en obsesión.

“Yo era un niño bastante blando, en el sentido de que no me gustaba mucho la violencia ni las peleas”, admite. “Sentía que cuando peleaba de verdad, cuando me metía de lleno, todo cambiaba y ya no volví a mirar atrás”.

A los 15 años levantó su primer título internacional de Muay Thai. Aquello ya no sonaba a simple hobby. Con el visto bueno de sus padres, los deportes de combate pasaban a ser una opción real de vida.

Sin plan B

Campbell nunca fue el estudiante modelo. Ni cerca.

“Yo nunca fui el niño más listo. Siempre estaba en los grupos de abajo en el colegio, así que no estaba realmente concentrado”, explica. “Todos los profesores me decían: ‘tienes que hacer otra cosa, tienes que tener un plan B’”.

Pero mientras los adultos le pedían alternativas, él ya había elegido. En Merseyside empezaba a hacerse un nombre y su compromiso con el deporte no dejaba espacio para dudas. Ni para planes de reserva.

Se machacaba corriendo casi cinco millas para ir y volver del colegio. Día tras día. En una ocasión, incluso se saltó clase en plena preparación de los exámenes de GCSE para asistir en Liverpool a un seminario de John Kavanagh, el entrenador del ex campeón de dos divisiones de UFC Conor McGregor. La escuela quedaba en segundo plano; el combate, en el centro de todo.

Terminados los GCSE, se inscribió en un curso de formación profesional que combinaba estudios deportivos con fútbol. Sobre el papel, debía repartirse entre el aula y el campo.

En la práctica, Campbell negoció otra cosa.

Llegó a un acuerdo con los responsables del curso: asistiría a las clases teóricas y, cuando sus compañeros salieran al césped, él se iría al gimnasio a entrenar deportes de combate. Una doble vida académica y deportiva, pero con una prioridad muy clara.

“Siempre evitaba cualquier cosa que no fuera pelear”, reconoce. “El colegio no me gustaba nada. No era lo mío. Pero hice buenos amigos allí, así que hay que quedarse con lo bueno y con lo malo”.

Hoy, ese chico que huía de las aulas entra a la jaula con la misma idea fija de entonces: no desviarse ni un milímetro del camino que empezó a los siete años, cuando sus padres decidieron que no iban a dejar que nadie más le golpeara sin respuesta. Ahora, la pregunta ya no es si necesita un plan B, sino hasta dónde le llevará el único plan que nunca quiso cambiar.