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Koke defiende a Álvarez: "Dejad en paz a Julián"

Koke planta cara al ruido: “Dejad en paz a Julián”

En Anfield, el marcador contó una historia. El vestuario del Atlético, otra muy distinta.

El 2-1 ante Liverpool dolió. Un partido áspero, de ritmo alto, de esos que se deciden en detalles y en áreas. Pero nada más terminar, cuando aún resonaban los goles de Dominik Szoboszlai y Alexis Mac Allister que voltearon el tanto inicial de Marcos Llorente, la conversación giró hacia un solo nombre: Álvarez.

El argentino completó sus primeros 90 minutos de la temporada en Champions. Y no tardó en justificar la apuesta: control, pausa en tres cuartos y una asistencia precisa para que Llorente abriera el marcador. Un pase que parecía el punto de partida de una noche grande. Acabó siendo, en cambio, el prólogo de otro debate sobre su futuro, su verano y su relación con la grada.

Un verano interminable

Álvarez pasó los últimos meses con la mirada puesta en Barcelona. Forzó para vestir de blaugrana, presionó para salir. El club, firme, cerró la puerta. La decisión dejó heridas. Parte de la afición no le perdonó la actitud, y el ruido se instaló alrededor de su nombre.

Con la ventana de fichajes ya clausurada, el tema debería estar archivado. No lo está. Cada aparición del delantero reabre el expediente. Cada partido, cada gesto, se analiza bajo la lupa del mercado, no del césped.

Koke, capitán y termómetro del vestuario, decidió frenar en seco esa dinámica. Y lo hizo sin rodeos ante las cámaras de Movistar.

“Estamos cansados”, lanzó. “Hay que dejar al chico tranquilo, que disfrute, que haga su trabajo y juegue al fútbol. Entre todos tenemos que dejarle en paz, porque ha sido un verano muy pesado por parte de los medios. Ojalá pueda estar tranquilo para hacer su trabajo”.

No fue una frase al vuelo. Fue un mensaje. Hacia fuera, pero también como escudo para un compañero que intenta recomponerse tras un verano que le ha pasado factura.

Llorente se moja: “Estamos con Julián”

El otro protagonista de la noche rojiblanca, Marcos Llorente, no dudó en alinearse con el capitán. Su gol abrió el duelo y nació, precisamente, de la bota de Álvarez. Y el centrocampista quiso subrayarlo.

“Es un jugador muy importante para nosotros”, recordó ante los medios. “Me dio una asistencia maravillosa. Eso es lo que necesitamos. Le necesitamos bien, fino, porque ha estado mucho tiempo sin competir”.

Llorente no se quedó ahí. Habló de trabajo, de compromiso, de vestuario.

“Hizo un buen partido, trabajó, corrió, eso es lo que necesitamos. Lo que puedo decir es que estamos con Julián, es nuestro jugador, nuestro compañero. Es importante y marca diferencias”.

Mientras fuera se discute su pasado reciente, dentro del vestuario el mensaje es nítido: Álvarez cuenta. Y cuenta mucho.

Del ruido al césped

La derrota en Anfield deja al Atlético con deberes en Europa, pero el calendario no espera. El equipo regresa a España con la obligación de transformar la frustración continental en una reacción inmediata en LaLiga.

Enfrente, en el próximo capítulo, aparecerá Real Sociedad. Un rival incómodo, intenso, que exige concentración máxima. Los rojiblancos llegan sextos en la clasificación, con dos victorias, un empate y una derrota. Margen de maniobra hay, pero no infinito.

Para Álvarez, el escenario es claro. El mercado está cerrado. Las especulaciones, también deberían estarlo. Lo que se abre ahora es otra ventana: la de reconstruir su relación con la afición a base de actuaciones, goles, asistencias y noches como la de Anfield, pero con un desenlace distinto.

Ha ganado un sitio en el once con su rendimiento en Europa. Querrá sostenerlo en Liga. Y ahí se jugará algo más que un puesto: se juega la reconciliación con una grada exigente, pero también capaz de perdonar cuando el balón habla más alto que cualquier tertulia.

El balón ya ha empezado a hacerlo. La cuestión es si se le permitirá seguir hablando sin que el ruido lo ahogue.