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Knicks y sus realidades: Alvarado y Dadiet en el escenario FIBA

En esta ventana de clasificación al Mundial FIBA, dos jugadores de New York Knicks se asomaron al escenario internacional con sensaciones muy distintas. Uno llegó con un contrato recién firmado y un lugar ganado en la rotación campeona. El otro, con el futuro abierto en canal y una fecha marcada en rojo en el calendario del despacho de la franquicia.

Alvarado, contrato nuevo y rol de líder

José Alvarado aterrizó en la selección de Puerto Rico con la tranquilidad que da un acuerdo de tres años y más de 14 millones de dólares bajo el brazo. El base, nacido en Brooklyn, decidió rechazar su opción de jugador de 4,5 millones y apostó por un compromiso más largo con New York. Lo había ganado en la pista.

En la carrera hacia el anillo, Alvarado se convirtió en una pieza clave desde el banquillo, especialmente en el histórico regreso de 29 puntos ante San Antonio en el cuarto partido de las Finales de la NBA. Aquella noche firmó ocho puntos en el último cuarto y tres asistencias, apretando la defensa, acelerando el ritmo y cambiando la energía del partido junto a Jalen Brunson. Ese tipo de actuaciones construyen confianza… y contratos.

Con ese respaldo, Alvarado se presentó en Mar del Plata para liderar a Puerto Rico ante Argentina. Respondió. 19 puntos, máximo anotador de su equipo, con un 7 de 15 en tiros de campo y 3 de 8 desde el perímetro, además de seis rebotes y cuatro asistencias en la derrota por 89-75. Números de referencia ofensiva, no de especialista de rol.

Enfrente, un rostro conocido para el universo Knick: Pablo Prigioni en el banquillo argentino, manejando los hilos desde la pizarra. Su equipo rompió un partido igualado al descanso —apenas un punto de diferencia— apoyado en la jerarquía de Gabriel Deck, Leandro Bolmaro y Facundo Campazzo. Argentina subió una marcha, Puerto Rico no pudo seguir ese ritmo.

Para Alvarado, el contexto importa. Con su selección se le exige mucho más balón, más creación, más puntos. Justo el tipo de responsabilidad que puede servirle de laboratorio antes del training camp en New York, donde su rol será más complementario, pero igual de intenso. Llega a la pretemporada con algo que no se compra: seguridad. Tiene contrato, tiene confianza del cuerpo técnico, tiene un papel definido.

Dadiet, debut, rebotes… y un reloj que corre

La situación de Pacome Dadiet no podría ser más distinta. El alero encara un momento bisagra en su carrera en la NBA y eligió este verano cambiar también de bandera en el baloncesto FIBA.

Su estreno absoluto con la selección absoluta de Costa de Marfil llegó en Dakar, ante Mali, con victoria por 83-77. Era su debut senior tras haber representado a Francia en categorías inferiores, incluido el Mundial sub-17 de 2022. Nacido en territorio francés, con padre marfileño, decidió seguir los pasos de su hermano mayor, Maxence, y apostar por Costa de Marfil. Cambio de camiseta, mismo objetivo: demostrar que puede ser más que un proyecto.

Su primera aparición con el combinado marfileño dejó luces y sombras. En ataque, la muñeca no le acompañó: nueve puntos con un 4 de 12 en tiros de campo y un duro 1 de 8 desde la línea de tres. Pero el partido cuenta algo más que porcentajes. En el rebote, dominó. Nueve capturas, máximo del encuentro, con cinco en el aro rival. Intensidad, presencia física, insistencia en el rebote ofensivo para generar segundas oportunidades cuando su tiro no entraba.

Ese tipo de detalles son los que ahora mismo pueden sostener su candidatura en New York.

Elegido con el número 25 del Draft de 2024, Dadiet entra en su tercera temporada sin haberse consolidado como pieza fija de la rotación. En una plantilla campeona, con aspiraciones inmediatas y limitada por las reglas del segundo apron, su nombre ha empezado a circular en los despachos como posible moneda de cambio para reforzar el frontcourt.

Y ahí entra el dinero. Los Knicks ya ejercieron su opción de tercer año el pasado otoño, garantizándole 2,98 millones para esta campaña. Pero el verdadero examen económico llega pronto: la franquicia tiene hasta el 31 de octubre para decidir si activa su opción de equipo de 5,37 millones para la temporada 2027-28. No es una cifra menor para un jugador que todavía no ha dado el salto definitivo.

Cada minuto en la pista, ya sea con Costa de Marfil o en los amistosos de pretemporada, pesa. Cada rebote ofensivo como los que capturó ante Mali suma. Cada 1 de 8 desde el triple, resta. El margen de error es estrecho cuando tu nombre aparece en conversaciones de traspaso y tu futuro depende de una fecha límite.

Dos caminos que se cruzan en New York

Mientras Alvarado regresa a la disciplina de los Knicks con un compromiso de tres años asegurado y el estatus de campeón, Dadiet vuelve con un expediente abierto. Uno utiliza la ventana FIBA para afinar un rol ya ganado; el otro, para construir un argumento que convenza a una franquicia que debe decidir si seguir invirtiendo en su potencial… o usarlo como pieza en el mercado.

Para los dos, estos partidos de clasificación al Mundial son algo más que baloncesto de verano. Son una extensión de su caso ante New York. Uno ya sabe que forma parte del próximo capítulo de la historia reciente de la franquicia. El otro todavía está escribiendo líneas sueltas, intentando que, cuando llegue el 31 de octubre, su nombre siga apareciendo en el mismo vestuario y no en la hoja de un traspaso.