Kimi Antonelli logra una remontada histórica en Monza
Desde la 19ª posición en la parrilla hasta la gloria en casa. Kimi Antonelli convirtió el Gran Premio de Italia en una epopeya moderna, adelantó a George Russell a tres vueltas del final y asestó un golpe casi definitivo a las aspiraciones de su compañero de Mercedes en el campeonato del mundo.
El joven italiano, sancionado en la parrilla y aparentemente condenado a un domingo de daños limitados, acabó firmando una de esas victorias que se quedan grabadas en la memoria colectiva del deporte. Motor nuevo, estrategia perfecta y una colección de adelantamientos de manual en el Templo de la Velocidad. El resultado: el primer triunfo de un italiano en Monza desde Ludovico Scarfiotti en 1966. Sesenta años de espera, borrados en 53 vueltas.
De la grava al delirio
Hubo un momento en el que todo pareció escaparse. Vuelta 49 de 53. Antonelli, lanzado a por el liderato, se pasa de frenada en la Variante del Rettifilo, se va por la grava y ve cómo Russell se le escapa a 1,7 segundos.
Por la radio, la frustración estalla: “What the f*** happened there”. Un rugido más que una pregunta. El error podía costarle la carrera. Y, sin embargo, solo fue el prólogo del golpe definitivo.
Con neumáticos claramente superiores, Antonelli volvió a aparecer en los retrovisores de Russell en cuestión de curvas. El británico, que había arrancado segundo, 17 puestos por delante de su compañero, ya no tenía respuesta. El Mercedes de Antonelli volaba; el de Russell, herido, se defendía como podía.
La presión hizo el resto.
En la siguiente vuelta, camino de la Variante Ascari, el italiano se lanzó. Sin titubeos, sin segundas oportunidades. Se emparejó, superó a Russell y se marchó. El adelantamiento que cambió la carrera, el campeonato… y quizá la jerarquía interna del equipo.
Un triunfo con peso de historia
Desde ese punto, la victoria dejó de estar en discusión. Antonelli cruzó la meta con 3,8 segundos de ventaja sobre Russell, amplió su renta en el campeonato de 59 a 66 puntos y encendió Monza como pocas veces en las últimas décadas.
No era solo una victoria. Era el regreso de un italiano a lo más alto del podio en casa, en el mismo escenario donde Scarfiotti había ganado en 1966 con Ferrari. Durante años, el Templo de la Velocidad había sido escenario de decepciones para los tifosi. Esta vez, el héroe no vestía de rojo, pero hablaba su idioma y ganaba en su asfalto.
Russell, segundo, terminó con gesto serio. Sabía lo que significaba ese resultado: no solo había dejado escapar un triunfo que tuvo en la mano, también veía cómo el margen de Antonelli en la clasificación se hacía ya casi intimidante.
Verstappen, Norris y un día gris para Ferrari
Por detrás, Max Verstappen completó el podio en tercera posición, con el campeón del mundo Lando Norris justo detrás, cuarto, incapaz de encontrar el ritmo necesario para discutirles el cajón a los Mercedes.
Oscar Piastri firmó un sólido quinto puesto, mientras que Lewis Hamilton solo pudo ser sexto en una jornada discreta para él, muy lejos del foco que acapararon Antonelli y Russell.
Para Ferrari, el gran premio fue directamente un golpe bajo. Charles Leclerc se estrelló a unos 160 mph en la segunda vuelta, dejando a la Scuderia sin su principal baza ante su público. El vacío rojo en la lucha por la victoria hizo aún más estruendoso el rugido que acompañó a Antonelli en la vuelta de honor.
Monza, que llevaba décadas esperando un nuevo héroe local, ya tiene el suyo. Y el campeonato, un líder que empieza a correr con la autoridad de quien no solo gana carreras, sino que cambia el curso de una temporada.






