Kimi Antonelli logra una remontada histórica en Monza
El viejo templo de Monza encontró un nuevo ídolo. Y no llevaba rojo. Desde el 19º puesto en la parrilla hasta lo más alto del podio, Kimi Antonelli convirtió el Gran Premio de Italia en una exhibición descomunal, de esas que se recuerdan durante décadas.
El italiano de Mercedes se abrió paso entre el caos, los errores ajenos y la presión propia para atrapar y adelantar a su compañero George Russell, que había salido segundo y lideraba la carrera, a solo tres vueltas del final. Con esa maniobra, Antonelli no solo ganó en casa: estiró su ventaja en el campeonato hasta los 66 puntos y dejó un mensaje nítido al resto de la parrilla.
Una remontada para los libros
Lo que hizo Antonelli no es habitual. Es histórico. Solo John Watson, saliendo 22º en el Gran Premio de Estados Unidos Oeste de 1983, había ganado partiendo desde más atrás. El italiano se quedó a un solo puesto de igualar ese registro, pero la forma en que lo consiguió fue incluso más devastadora.
Penalizado y condenado al fondo de la parrilla por exceder el número permitido de componentes de motor, Antonelli arrancó la carrera con un objetivo modesto: limitar daños frente a Russell. En la pista, ese plan duró apenas unos giros.
Con un primer stint calculado pero agresivo, en solo tres vueltas ya rodaba 12º cuando el Gran Premio dio un vuelco. Charles Leclerc perdió el coche en la Parabolica al defenderse de Oscar Piastri, se fue largo, impactó con violencia contra las barreras y obligó a sacar la bandera roja. El monegasco salió ileso; Ferrari, no tanto. Su carrera en casa quedaba arruinada antes de empezar.
Para entonces, Russell ya había arrebatado el liderato al sorprendente poleman Pierre Gasly y parecía tener el control. La reanudación, sin embargo, convirtió la carrera en un tren de alta velocidad.
El tren de cabeza y el salto de Antonelli
Tras el reinicio, los coches de cabeza rodaron pegados, vuelta tras vuelta. Russell al frente, Gasly intentando resistir, Verstappen al acecho y, desde atrás, Antonelli desgranando rivales con una mezcla de paciencia y agresividad.
Cuatro vueltas después de la resalida, Russell encabezaba un tren de seis coches. Antonelli era el último de ese grupo. Gasly empezó a descolgarse y el italiano no tardó en aprovecharlo: primero el Alpine, luego Lewis Hamilton, después Piastri. En cuestión de minutos, ya estaba inmerso en una batalla a tres por la victoria con Russell y Max Verstappen.
El neerlandés llegó a tomar el liderato en la vuelta 11, pero Russell se lo devolvió tres giros más tarde. En ese mismo tramo, Antonelli se lanzó sobre el Red Bull y lo superó en la segunda chicane. El campeón del mundo se quedaba detrás de los dos Mercedes, obligado a mirar.
Entre las vueltas 17 y 24, las flechas plateadas se enzarzaron en un duelo directo. Adelantamientos, contraataques, juegos con los modos de motor híbrido, el DRS al límite. Verstappen, tercero, tenía la mejor butaca del circuito.
Por radio, el muro de Mercedes pidió a Russell que apretara para abrir hueco con Verstappen. A Antonelli, que midiera. La respuesta del italiano, cargada de tensión, dejó claro que no había viajado desde el 19º para hacer de escudero.
La jugada maestra bajo coche de seguridad virtual
La carrera se rompió cuando el Aston Martin de Lance Stroll se paró en la primera chicane y dirección de carrera activó un coche de seguridad virtual. En ese instante, el muro de Antonelli tomó una decisión valiente: parar a su piloto para montar neumáticos nuevos. Russell se quedó en pista, obligado a estirar su juego hasta el final. Verstappen copió la jugada de Antonelli y también pasó por boxes.
El italiano volvió a pista en sexta posición, 15 segundos por detrás de su compañero. La montaña era alta. La velocidad, todavía mayor.
Gasly, Lando Norris, Hamilton, Piastri… uno a uno fueron cayendo ante un Antonelli desatado. Cada vuelta recortaba tiempo, cada sector acercaba el desenlace. Russell, con neumáticos muy castigados, empezó a sufrir justo cuando su compañero entraba en zona de DRS.
A cinco vueltas del final, en la vuelta 48, los dos Mercedes ya rodaban pegados. El ambiente en Monza se electrificó.
El error, la recuperación y el golpe definitivo
La primera tentativa llegó en la vuelta 50. Antonelli se lanzó a la frenada de la primera chicane, pero al encarar la segunda parte del viraje se subió a la zona sucia, pisó la goma desprendida y se fue largo hacia la grava. Salvó el coche, pero perdió 1,7 segundos. Parecía la oportunidad perdida.
No lo fue. El ritmo del italiano era tan superior que en cuestión de curvas volvió a estar encima de Russell. Sin necesidad de forzar al límite en frenada, lo adelantó con autoridad en la zona rápida entre las curvas de Lesmo y la variante Ascari. Sin respuesta posible.
La radio del británico destiló resignación. Admitió que, cuando vio a su compañero ya en quinta o sexta posición pocas vueltas después de la resalida, supo que estaría en la pelea por la victoria. Y reconoció sus problemas con los neumáticos al final. El segundo puesto sabe a poco en un día en el que estaba obligado a recortar puntos en el campeonato.
Antonelli, en cambio, cruzó la meta ante una grada que, por un día, dejó de pensar en Ferrari para ovacionar a un piloto de Mercedes. Un italiano, en Monza, ganando con otro coche que no es rojo. No pasa todos los años.
“Unbelievable. I am so happy, I could never imagine being here today”, dijo, todavía incrédulo, al bajarse del coche. No hacía falta traducción. El circuito entero entendió el mensaje.
Verstappen, McLaren y el hundimiento de Ferrari
Detrás del huracán Antonelli, Verstappen firmó una carrera sólida. Salió sexto, se abrió hueco hasta el podio y peleó durante muchos giros con los Mercedes. Al final, el ritmo de las flechas plateadas y la estrategia le relegaron temporalmente tras Piastri, Hamilton y Norris tras su parada. Con neumáticos más frescos, volvió a escalar hasta la tercera plaza, pero ahí se quedó. El podio era su techo.
McLaren completó una buena remontada colectiva. Norris fue de menos a más, adelantó a Hamilton y se lanzó a por Piastri en las últimas vueltas. El duelo interno dejó una maniobra polémica: el australiano cerró al británico hacia la hierba a la salida de la Curva Grande cuando este intentaba el interior rumbo a la segunda chicane. Norris se quejó por radio de haber sido echado fuera, el muro avisó a Piastri de que mantuviera la limpieza, y la batalla se resolvió al final: Norris encontró el hueco en la última vuelta y se quedó por delante.
Ferrari vivió una tarde para olvidar ante su público. El accidente temprano de Leclerc fue un mazazo emocional y deportivo. Hamilton, sin ritmo para pelear por el podio, solo pudo ser sexto. En casa, en Monza, el contraste con la euforia que rodeó a Antonelli resultó doloroso.
Gasly salva el honor de Alpine
Gasly, autor de una pole sorprendente el sábado, nunca tuvo coche para sostener la primera posición. El Alpine carecía del ritmo necesario y las concesiones en la configuración se hicieron evidentes a medida que avanzaba la carrera. Aun así, el séptimo puesto tiene valor: el objetivo principal del equipo era acabar por delante de los Racing Bulls en su lucha por la quinta plaza del campeonato de constructores, y lo logró.
Arvid Lindblad se encargó de aguar parte de la fiesta a Alpine al batir al segundo coche del equipo, el de Franco Colapinto, para hacerse con la octava posición. Yuki Tsunoda cerró la zona de puntos en décimo lugar.
Un nuevo héroe en el templo de la velocidad
Cuando la bandera a cuadros cayó, nadie discutía el nombre del día. Antonelli eclipsó a todos con una actuación superlativa, desde el fondo de la parrilla hasta la victoria, pasando por una gestión quirúrgica de los momentos clave: el arranque, la resalida, la decisión estratégica bajo coche de seguridad virtual y el pulso final con su propio compañero.
Monza, acostumbrada a llorar y celebrar al ritmo de Ferrari, encontró un nuevo acento italiano al que rendirse. La pregunta ya no es si esta fue la mejor carrera de la temporada de Antonelli. La cuestión es cuántas más de este calibre le quedan por firmar en un campeonato que, desde hoy, parece tener dueño.






