Kevin Durant reflexiona sobre el retiro de Russell Westbrook
Kevin Durant siempre habló del baloncesto como de su refugio. Pero este verano, por primera vez, el juego le devolvió una pregunta incómoda: ¿hasta cuándo? La retirada de Russell Westbrook, su compañero de infancia deportiva en Oklahoma City Thunder, le golpeó de lleno.
En una conversación con Speedy Morman, Durant no escondió lo que sintió al ver a Westbrook anunciar que colgaba las zapatillas.
“Me dio de lleno, hombre, porque es uno de los primeros tipos con los que entras en la liga y con los que estás todos los días, y de repente sale de esta m****”, confesó. “Muchos de los que eran más jóvenes que yo o fueron drafteados después que yo ya se han retirado, pero no era tan cercano a ellos como a Russell. Y además es alguien que siento que todavía puede jugar. Me sorprendió”.
No es una frase cualquiera. Durant y Westbrook no solo compartieron vestuario: crecieron juntos bajo los focos. Oklahoma City se convirtió en el gran proyecto joven de la NBA con Durant, Westbrook y James Harden irrumpiendo al mismo tiempo, empujando a la franquicia desde la irrelevancia hasta el estatus de aspirante.
Para Durant, ver a uno de esos compañeros “fundacionales” dar el paso definitivo hacia la vida después del baloncesto cambia el ángulo desde el que se mira el futuro. Ya no es un tema abstracto. Tiene rostro, historia compartida y recuerdos de vestuario.
El cierre de una herida: Durant y Westbrook hacen las paces
Durante años, su relación fue el espejo roto de una era. El verano de 2016 dinamitó todo: Durant dejó Oklahoma City para unirse a Golden State Warriors, el mismo equipo que había eliminado a los Thunder en los playoffs. La liga entera se volcó en el debate moral. Westbrook, como muchos dentro y fuera de la pista, vio el movimiento como una traición competitiva.
El reencuentro no fue amable. En los primeros duelos como rivales, las miradas ardían, las palabras sobraban y el trash talk se colaba en cada posesión caliente. Dos exsocios convertidos en antagonistas, obligados a convivir en el mismo relato de la NBA moderna.
Pero el tiempo, y un All-Star Game, hicieron su trabajo. Compartieron equipo en el Partido de las Estrellas, y bastó un alley-oop entre ambos para que todo el pabellón entendiera el peso simbólico del momento. Sus compañeros se levantaron del banquillo, exageraron la celebración, rieron. No era solo una jugada: era una tregua pública.
A partir de ahí, la tensión se fue diluyendo. Durant y Westbrook siguieron caminos errantes, cambiando de franquicia, reencontrándose como veteranos con más cicatrices que rencor. La hostilidad dio paso al respeto. El último capítulo de Westbrook llegó en una etapa gris con unos Sacramento Kings hundidos, donde decidió que ya era suficiente y anunció su retirada.
Durant, frente al espejo del tiempo
El adiós de Westbrook obligó a Durant a mirarse en el espejo. Ya no como el chico flaco que aterrizó en la liga con un futuro infinito, sino como un veterano que ve a su generación apagarse, uno a uno.
Durant admitió que aún siente gasolina en el depósito. Asegura que puede seguir “unos cuantos años más” mientras se prepara para otra temporada con Houston Rockets. Su mensaje no suena a despedida inmediata, pero sí a alguien que ha empezado a contar las temporadas hacia atrás, no hacia delante.
En paralelo, la NBA se encamina hacia un momento inevitable: el día en que Durant, Stephen Curry y LeBron James den su último paso fuera de una cancha como jugadores. Tres nombres que han definido una era completa, que han reescrito la forma de entender el juego y que, tarde o temprano, escucharán su propia ovación final.
Detrás vienen otros de la misma generación —Harden, Kawhi Leonard— que recibirán el mismo reconocimiento cuando llegue su turno. Pero hay algo distinto cuando el que se va es alguien con quien compartiste los primeros vuelos chárter, los primeros entrenamientos de madrugada, las primeras derrotas que duelen de verdad.
Durant lo sabe. Westbrook ya está en el otro lado, construyendo su vida lejos del parqué y abriendo nuevos capítulos fuera de la cancha. Él, en cambio, sigue dentro, compitiendo, anotando, sumando temporadas.
La pregunta ya no es si puede seguir jugando. Es cuánto tiempo más quiere seguir haciéndolo antes de que su propia retirada deje a la NBA sin una de sus figuras más influyentes de este siglo. Y cuando llegue ese día, ¿estará preparado para escuchar, desde fuera, el eco de una liga que él mismo ayudó a transformar?






