Kenny Cunningham defiende el partido de Irlanda contra Israel en Dublín
Kenny Cunningham no se esconde: Irlanda debe jugar contra Israel. Y debía hacerlo en Dublín.
El exdefensa internacional irlandés defendió con firmeza que la República de Irlanda cumpla con sus compromisos de Nations League frente a Israel, aunque sea lejos de casa: el 27 de septiembre en Debrecen, Hungría, y el 4 de octubre a puerta cerrada en Bačka Topola, Serbia. Pero dejó claro que lamenta profundamente que el duelo “en casa” no se dispute en el Aviva Stadium.
“Creo que los partidos deberían seguir adelante, y creo que el partido en casa debería haberse jugado en Dublín, esa es mi opinión”, afirmó Cunningham durante la presentación de la cobertura 2026/27 de Premier Sports.
El Aviva que se quedó sin partido
La decisión de la FAI de trasladar el encuentro del 4 de octubre a Serbia llegó tras la protesta con pelotas de tenis en el amistoso contra Qatar en mayo, también en el Aviva. Aquel gesto en la grada marcó un antes y un después. El organismo habló entonces de “desafíos operativos que podrían afectar a la celebración del partido en casa” frente a Israel.
Cunningham no compra del todo ese desenlace. Para él, el mensaje político de la grada irlandesa ya está más que claro y no se refuerza cancelando o moviendo el partido lejos de Dublín.
“Creo que existe una percepción sobre cómo se sienten los irlandeses respecto a Israel y sus políticas exteriores, y la cuestión palestina”, explicó. “Eso ya está ahí fuera. Todos sabemos dónde se sitúa la gente, así que no siento que cancelar este partido haga avanzar el debate”.
El excentral va más allá. Para él, el Aviva podía haber sido un escenario incómodo, sí, pero también un símbolo.
“Creo que sería algo positivo ver al equipo israelí saltar al césped del Aviva. Creo que sería algo positivo ver el himno nacional israelí respetado dentro del Aviva, porque eso, para mí, enviaría una señal, quizá del pueblo irlandés al pueblo israelí, que también ha sufrido en este conflicto”.
Respeto en medio del conflicto
Cunningham se mueve en un terreno delicado, pero no rebaja el tono humano de su mensaje.
“En un plano humano, en realidad estamos juntos aquí”, añadió. “Hay políticos tomando decisiones sobre esto, pero sinceramente, entre el pueblo israelí y el pueblo irlandés hay cierto entendimiento, a nivel humano, sobre lo que ha estado ocurriendo”.
Su propuesta es clara: respeto en medio del ruido.
“Respetaremos vuestro himno nacional por esas razones. Respetaremos lo que habéis vivido el 7 de octubre, la gente que perdisteis en circunstancias desgarradoras, que precipitaron la fase reciente del conflicto”.
Desde aquel 7 de octubre de 2023, cuando ataques de Hamas dejaron 1.200 israelíes muertos, Israel no ha vuelto a acoger fútbol internacional. La mayoría de sus partidos se han disputado en Hungría. La ofensiva posterior de Israel ha causado más de 73.000 muertos palestinos, según las autoridades sanitarias de Gaza, y más de 1.300 palestinos han perdido la vida en Gaza desde la entrada en vigor del alto el fuego el pasado octubre.
En ese contexto, Cunningham sostiene que el fútbol puede, al menos, no cerrar otra puerta.
“Creo que el público irlandés puede mostrar respeto al pueblo israelí, algunos de los cuales quizá estén de acuerdo, hasta cierto punto, con las opiniones de los irlandeses”, apuntó. “Puede que algunos jugadores israelíes estén disgustados con su gobierno y con el conflicto”.
No maquilla la realidad: “Es un lío”, admite. Pero mantiene su línea: “Creo que el partido debería haberse jugado en Dublín. Es algo muy complejo. Leo tanto como los demás, leo mi periódico e intento educarme lo mejor posible. No se trata solo de los últimos dos años, se trata de los últimos 50”.
Y remata con una idea que resume su postura: “No sé cuál es la solución al conflicto, pero no creo que negar a los israelíes un partido en Dublín, o incluso cancelar el encuentro, haga avanzar las cosas en una dirección positiva”.
Del debate político al césped: Parrott y Ferguson
Cuando la conversación gira hacia lo estrictamente futbolístico, Cunningham cambia de registro, pero no de contundencia. Mira a la Nations League, al horizonte de la Euro 2028 y a una pregunta muy concreta: ¿cómo va a encajar Heimir Hallgrímsson a sus dos grandes talentos ofensivos?
El islandés ha apostado por un 3-4-2-1 que, a ojos de Cunningham, no termina de exprimir el potencial de Troy Parrott y Evan Ferguson.
“No soy un gran fan de los tres de arriba tan estrechos. Creo que podemos jugar con dos delanteros centros”, sostiene. El verano, para él, fue una oportunidad perdida para probarlo: “Nunca lo vimos en verano, así que fue una ocasión desaprovechada”.
La duda, ahora, es casi táctica y generacional a la vez.
“Si Evan se pone en forma, ¿vamos a jugar con él y con Troy, nuestros dos mejores delanteros de esta generación, en una sociedad arriba, o uno de ellos será desplazado a la izquierda de un tridente, y cómo va a funcionar eso?”
El calendario aprieta. Hallgrímsson anunciará su lista para la Nations League el 17 de septiembre, antes del estreno en Kosovo el día 24. Entre debates sobre sedes, protestas y geopolítica, el balón está a punto de rodar.
La cuestión es si Irlanda se atreverá a alinear también sus ideas, dentro y fuera del campo.






