logo

Kei Nishikori se despide del US Open tras caer ante Rei Sakamoto

Kei Nishikori se despide del US Open: cae ante Rei Sakamoto y roza su último gran cuadro

En la pista, no había música ni ceremonia. Solo el sonido seco de los saques de Rei Sakamoto y el murmullo creciente de un público que entendía que estaba asistiendo al final de una era. Kei Nishikori, a un paso de su último cuadro principal de Grand Slam, se quedó corto en Nueva York. Derrota por 6-4 y 7-6 (7-3) en la tercera ronda de la fase previa del US Open. Un partido, quizá, pero con peso de epílogo.

Tenía 36 años y una historia escrita en estas mismas pistas. Aquí, en 2014, se convirtió en el primer hombre asiático en alcanzar una final de Grand Slam. Aquí regresó ahora, con una invitación para la previa y con la certeza de que esta temporada será la última de su carrera. El desenlace, sin embargo, no fue el que soñaba.

Frente a él, un compatriota 16 años más joven. Rei Sakamoto, 20 años, saque demoledor, número 157 del mundo y una ambición que se notó desde el primer punto. Cerró el duelo con su 19º ‘ace’. Nishikori, ninguno. Esa estadística resumió buena parte de la diferencia en Flushing Meadows.

El partido arrancó con un guiño al pasado. Nishikori rompió de inicio y se colocó 2-0, con la misma agresividad de siempre desde el resto, tomando la pelota pronto, mandando con su derecha. Parecía que el veterano todavía tenía cuerda para una noche más de magia en Nueva York. Pero la reacción de Sakamoto fue inmediata. Ajustó el primer servicio, empezó a encontrar líneas y devolvió los dos ‘breaks’ para darle la vuelta al set. Del 2-0 al 4-6. El relevo generacional, en directo.

En la segunda manga, el guion cambió de tono. Ya no hubo tantas oportunidades al resto. Ambos defendieron sus juegos de servicio y el pulso se tensó sin grandes rupturas, como si el partido esperara su momento decisivo. Ese instante llegó en el ‘tie-break’. Sakamoto salió lanzado, se adelantó 6-1 y no soltó la ventaja. Cerró el desempate 7-3 y el duelo en 1 hora y 42 minutos.

Nishikori lo explicó con la serenidad de quien ya ha hecho las paces con el tiempo: sintió que no pudo responder cuando el nivel subió un punto más. Se le vio frustrado por la derrota, pero no amargo. Al contrario, habló de una “emoción refrescante”, como si Sakamoto hubiera apagado la última llama de una vela. Una imagen cruda, pero honesta.

En medio del adiós, encontró espacio para mirar hacia adelante… pero no hacia él, sino hacia el joven que acababa de eliminarlo. Dijo que estaba contento por Rei, al que ve como el próximo gran jugador japonés y al que desea ver pronto en el ‘top 10’. Palabras de un referente que entiende su papel en la historia: abrir puertas y ver cómo otros las cruzan.

Los números acompañaron el relato. Sakamoto terminó con 33 golpes ganadores, por solo 14 de Nishikori. Jugó agresivo, se sostuvo con el saque y remató cuando tocaba. Después, reconoció que estaba feliz por entrar en el cuadro principal, que arranca el 30 de agosto, y subrayó dos claves: el servicio y la determinación para atacar. Añadió un deseo claro: convertirse en un jugador a la altura de Kei.

El contexto hace todo aún más pesado. Nishikori arrastra problemas físicos desde hace años. La operación de cadera izquierda en enero de 2022 marcó un antes y un después. Desde entonces, lesiones encadenadas, regresos breves, ilusiones interrumpidas. El bronce olímpico en Río 2016, las semifinales y batallas memorables en Nueva York, parecen ya de otra vida, pero siguen muy presentes en la memoria del torneo y de los aficionados.

En Flushing Meadows, donde tantas veces se sostuvo en maratones a cinco sets, esta vez no habrá cuadro principal para él. Ni siquiera apareció en el dobles mixto junto a Naomi Osaka, como se había anunciado inicialmente. El cuerpo ya no negocia como antes.

No todo se acaba aquí. Nishikori tiene previsto competir en el Japan Open, en Tokio, a finales de septiembre. Un escenario perfecto para un último saludo en casa, ante su público, en su idioma, con su bandera en lo más alto de las gradas.

En Nueva York, en cambio, su historia se cierra sin fuegos artificiales, pero con algo más importante: la sensación de que el ciclo se ha cumplido. El niño que soñaba con grandes escenarios se convirtió en pionero, en finalista de Grand Slam, en medallista olímpico y en referencia para una generación entera de tenistas asiáticos.

Ahora, mientras Sakamoto se prepara para debutar en el cuadro principal y perseguir su propia historia, queda una pregunta flotando sobre estas pistas duras: ¿será él quien recoja de verdad el testigo que deja Kei Nishikori? El US Open, que tantas veces fue el escenario de las gestas del veterano, empieza a buscar a su nuevo héroe japonés.