Kawhi Leonard y la nueva era de los Raptors: ¿regreso al título?
Antes de hablar del futuro inmediato de los Toronto Raptors, hay que sacar del medio el tema que lo condiciona todo: Kawhi Leonard sigue siendo, oficialmente, jugador de Los Angeles Clippers. El training camp arranca en menos de tres semanas y el acuerdo con Toronto, pactado el 30 de junio, aún no se ha cerrado. Sobre el papel, un motivo perfecto para el pánico. En la práctica, en los despachos no cunde el miedo.
En Los Ángeles hay fuego cruzado. La franquicia ha perdido cinco elecciones de draft, ha sido multada con 30 millones de dólares y su propietario, Steve Ballmer, junto con sus dos principales ejecutivos, encara largas suspensiones por el caso de elusión del tope salarial a través de falsos acuerdos de patrocinio. Leonard, pieza central del escándalo, se marcha con una multa de 700.000 dólares, calderilla comparado con lo que ingresó con esos acuerdos.
Duele. Y mucho.
Pero los que están cerca de la operación insisten: el traspaso a Toronto debe cerrarse más pronto que tarde. Falta que los Clippers nombren nuevo gobernador y máxima autoridad deportiva para que firme el acuerdo, y ese vacío de poder explica por qué el movimiento sigue en el limbo.
Los hechos, sin embargo, empujan en una sola dirección. Los Clippers necesitan desesperadamente elecciones de draft. Los Raptors ofrecen dos primeras rondas sin protección, un swap de primera ronda y dos segundas. Nadie más se ha acercado a ese precio. Y Leonard ha dejado claro que el único equipo con el que quiere extender contrato son los Raptors. Con ese mensaje sobre la mesa, ningún otro candidato va a tirar la casa por la ventana por lo que, en la práctica, sería un alquiler de un año.
Hay otro detalle que allana el camino: el general manager de los Clippers, Trent Redden, el hombre que previsiblemente tomará el mando deportivo mientras Lawrence Frank cumple seis meses de suspensión, fue precisamente quien pilotó las negociaciones con Toronto por Leonard. Sabe lo que se habló, sabe lo que se pactó.
En resumen: el acuerdo sigue vivo. Lo único que no tiene fecha es el momento de la firma.
De Cleveland al salto al vacío
¿Dónde se quedaron los Raptors cuando cayó el telón en mayo? En Cleveland. Y en un Game 7 perdido en primera ronda ante unos Cavaliers favoritos, que acabarían siendo finalistas del Este. Eliminación dolorosa, sí, pero con matices: Toronto remontó un 0-2, forzó el séptimo sin Immanuel Quickley (isquiotibiales) y con Brandon Ingram muy mermado por un tobillo que después necesitó cirugía y por una defensa física que nunca llegó a descifrar.
La serie dejó una sensación clara: estos Raptors estaban más cerca de competir de verdad de lo que muchos habían calculado.
La reacción del club fue contundente. Con 46 victorias en la temporada regular, un buen sabor de boca en los playoffs y el Este endureciéndose por momentos, la franquicia decidió saltar al vacío: ir casi all‑in por un Leonard de 35 años, con un historial médico largo, para intentar no solo seguir el ritmo del Este… sino adelantarse.
El telón se levanta el 29 de septiembre en Quebec City, con el primer partido de pretemporada el 3 de octubre ante Giannis Antetokounmpo y los Miami Heat. Pero el tablero ya está dibujado.
¿Pueden volver a ser campeones con Kawhi?
La pregunta es inevitable. Apostar por un jugador de 35 años que solo ha disputado el 56 por ciento de los partidos de sus equipos desde 2017-18 es un grito: ganar ahora. Sin matices.
El problema es que el Este ya no es el mismo lugar que coronó a los Raptors en 2019. Los New York Knicks vienen de un título dominante y salen como favoritos. Philadelphia 76ers ha firmado a LeBron James en la agencia libre, ha incorporado a Jaylen Brown vía traspaso y ha reforzado a lo grande su rotación. Los Heat han sumado a Antetokounmpo. Boston y Cleveland siguen siendo rocas. Los Indiana Pacers, campeones del Este en 2025, recuperan a Tyrese Haliburton y vuelven a la carga. Detroit llega de una temporada de 60 victorias. Atlanta, Orlando, Charlotte y unos Washington Wizards remodelados apuntan, como mínimo, al play-in.
La subida de nivel es general. El año pasado, Toronto dio el salto aprovechando a los rivales más flojos. Esta vez habrá muchos menos caramelos en el calendario. Poner el listón en el anillo o incluso en las Finales puede ser demasiado ambicioso, incluso con un Leonard en modo élite. Un top‑4 en el Este, en este contexto, sería una declaración poderosa.
Leonard o Barnes: ¿de quién es este equipo?
La respuesta instintiva es Leonard. Viene de firmar 27,9 puntos por partido, su mejor registro anotador en la NBA, y de colarse por séptima vez en un quinteto All‑NBA. A esa versión de Kawhi se le sigue temiendo en cualquier vestuario.
Pero Scottie Barnes ha cambiado el ecosistema. Primera vez en el primer quinteto defensivo de la liga, una serie contra Cleveland de escándalo —24,1 puntos, 8,6 asistencias, 6,1 rebotes, 1,7 tapones y 1,1 robos en siete partidos— y una ferocidad en los dos lados de la pista que le ha abierto, de golpe, la puerta a la conversación All‑NBA… e incluso a la de MVP si es capaz de sostener ese nivel durante todo el curso.
La ecuación es sencilla: si Leonard repite la producción del año pasado y Barnes aun así le discute el trono interno, los Raptors se convierten en un problema serio para cualquiera.
Los picos de una temporada que cambió el relato
Después de años de transición, Toronto volvió a tener momentos de peso. Un arranque de noviembre con nueve victorias seguidas y 13 triunfos en 14 partidos marcó el tono del curso. El equipo se metió en los cuartos de final de la NBA Cup, ganó en la pista del campeón Oklahoma City Thunder en enero, barrió en casa una serie de dos partidos al estilo béisbol ante Miami en abril y aseguró por fin un puesto de playoff directo, el primero desde 2021-22.
Pero el punto más alto llegó con el agua al cuello. Game 6 ante Cleveland, eliminación a la vista, y RJ Barrett, el chico de Mississauga, levantando a todo un país. Su triple ganador en la prórroga tocó el aro, se elevó casi cuatro metros y cayó recto a la red con 1,2 segundos en el reloj. El Scotiabank Arena explotó con una energía que no se veía desde aquel tiro de Leonard en 2019, el de los cuatro rebotes en el aro contra los Sixers. Otra parábola imposible, otro capítulo de culto.
Las sombras: la élite se le atragantó a Toronto
Los baches fueron pocos, pero significativos. El 1-4 de inicio, con palizas incluidas, puso a todos en alerta. El noviembre arrollador calmó los nervios, aunque no borró un dato preocupante: 1-12 contra los cuatro mejores equipos del Este y 1-11 ante los seis mejores del Oeste. El equipo sufrió cuando el nivel subía un peldaño.
La buena noticia es que la serie ante Cleveland mitigó parte de esas dudas. La llegada de Leonard debería ayudar a cerrar partidos grandes. El foco más inquietante estuvo en Jakob Poeltl. El pívot empezó el curso con problemas de espalda en el training camp, solo jugó 46 partidos y, en la mayoría, muy por debajo de su estándar habitual. En playoffs, su rol se redujo hasta rozar la irrelevancia en ciertos tramos.
Que Poeltl cumpla 31 años el mes que viene y que su extensión de tres años y 84 millones de dólares no empiece hasta esta temporada convierte su bajón en un tema delicado en los despachos.
Caras nuevas… y un viejo conocido
Más allá de Leonard, el vestuario de los Raptors será reconocible. Darko Rajakovic afronta su cuarto curso con el mismo núcleo de asistentes, con una novedad de peso: Stephen Silas, exentrenador jefe, se suma al staff en lugar de James Wade.
Con el traspaso de Leonard cerrado, Toronto tendrá 13 contratos garantizados y estará pegado al primer apron, fijado en 209 millones. Eso significa que el equipo quedará hard‑capped y, salvo sorpresa, se quedará en los 14 jugadores mínimos.
En ese último escalón de la rotación asoma Allen Graves, rookie que dejó muy buenas sensaciones en la Summer League de Las Vegas con su juego completo. Y aparece también Kyle Anderson, llamado a heredar parte del liderazgo silencioso que ejercía Garrett Temple, ahora asistente en Dallas, con la diferencia de que Anderson, a punto de cumplir 33, todavía puede aportar en pista de forma consistente.
Las salidas: adiós a un all‑star y a un proyecto estancado
Cuando el intercambio se haga oficial, Brandon Ingram y Gradey Dick dejarán de ser Raptors. Sobre el papel, un golpe duro: Ingram fue all‑star y máximo anotador del equipo. Sobre la pista, el impacto debería ser asumible si Leonard alcanza los 60‑65 partidos y, sobre todo, llega sano a los playoffs. Kawhi ofrece más impacto que Ingram en casi todos los apartados, y el propio Ingram tampoco era un seguro físico pese a firmar su récord de minutos en Toronto.
Dick, por su parte, no consiguió dar continuidad a un prometedor segundo año. En la rotación de Rajakovic fue adelantado por Ja’Kobe Walter, Jamison Battle e incluso por AJ Lawson, jugador con contrato dual, en la postemporada. A sus 22 años, muy querido en el vestuario, pedía un nuevo comienzo. Lo tendrá en unos Clippers en reconstrucción.
Temple, que ya hacía de entrenador sin título, pasa a serlo oficialmente en Dallas. Mike Batiste, especialista en trabajo con interiores, regresa a su antiguo club de Euroliga en Grecia como asistente. Lawson, tras cuatro años intentando hacerse un hueco estable en la NBA, se marcha también a Europa.
Candidatos a explotar: Walter y Murray‑Boyles llaman a la puerta
Ja’Kobe Walter ya firmó una mini irrupción tras el All‑Star. En su tercer año, el escolta tiene margen para algo más grande. Cerró la temporada promediando casi 10 puntos, con 42 robos en 27 partidos y un 47,6 por ciento desde la línea de tres saliendo desde el banquillo. Si ese nivel de tiro es real y su defensa sigue creciendo, puede convertirse en el pegamento que eleve el suelo competitivo de la segunda unidad.
Luego está Collin Murray‑Boyles. El interior de segundo año fue, para muchos dentro del equipo, el segundo mejor Raptor en los playoffs. Impacto defensivo constante, presencia física, todo ello jugando con problemas en ambos pulgares. Con una temporada más de experiencia y las manos por fin sanas, su techo es uno de los grandes interrogantes ilusionantes del proyecto.
Bajo presión: Rajakovic y Quickley ya no tienen red
La luna de miel ha terminado. Rajakovic ya no dirige a un equipo en construcción ni a un grupo de tapados simpáticos. Si Leonard aterriza, Barnes entra en su sexta temporada y el quinteto titular suma 173 millones de dólares en salarios, el listón cambia. Desde el primer día de training camp, el técnico estará bajo lupa.
Immanuel Quickley también. Fue la pieza central del traspaso que envió a OG Anunoby a los Knicks. Barrett, el otro nombre grande del acuerdo, ha jugado su mejor baloncesto como Raptor. Quickley, en cambio, ha alternado tramos de buen nivel con lesiones y cierta irregularidad. Anunoby ya tiene un anillo. Si Toronto quiere volver a asomarse a ese escenario, su base tendrá que demostrar que puede manejar un equipo con aspiraciones serias.
Partidos marcados en rojo
Pocos partidos de temporada regular en el primer mes tendrán tanto morbo como la visita de los Raptors al Intuit Dome el 2 de noviembre. Leonard contra sus ex, en una cancha que ha pagado un precio altísimo por su apuesta: diez primeras rondas sacrificadas, la salida de Shai Gilgeous‑Alexander hacia Oklahoma City para traer a Paul George en 2019 —condición imprescindible para que Kawhi firmara entonces— y solo una aparición tímida en las finales del Oeste como premio.
¿Le recibirán con abucheos? Sería lo lógico. Aunque, con back‑to‑back para Toronto, siempre quedará la duda de si Kawhi decide gestionar cargas.
Noviembre ofrece más pruebas de nivel: dos duelos consecutivos en casa ante los Knicks campeones (15 y 17 de noviembre) y un partido en Detroit el día 20 que podría decidir el pase a la fase de eliminación directa de la NBA Cup. Más adelante, el calendario también trae brillo: Victor Wembanyama y los Spurs visitan Toronto el 16 de diciembre; LeBron James y los Sixers, el 10 de enero; y Shai Gilgeous‑Alexander y los Thunder aterrizan el 10 de marzo.
El día de Kyle Lowry: se apaga el 7, se enciende una era
El 10 de enero no será solo la noche de LeBron en Toronto. Será, sobre todo, la noche de Kyle Lowry. El "GROAT" verá cómo su dorsal 7 sube al techo del Scotiabank Arena, el segundo número retirado en la historia de la franquicia, junto al 15 de Vince Carter.
El homenaje culminará un auténtico festival Lowry previsto para el 18 y 19 de septiembre: torneo de golf con celebridades, Block Party en Jurassic Park y una gala benéfica para cerrar el círculo. No es un gesto vacío. Lowry se marcha como líder histórico de los Raptors en asistencias, robos, triples, victorias y triunfos en playoffs.
Mientras su camiseta se instala en las alturas, abajo, en la pista, un equipo distinto se prepara para otro tipo de examen: demostrar si el regreso de Leonard es el último gran golpe de una franquicia que se niega a volver a la irrelevancia.






