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Katie Taylor se despide entre lágrimas y gloria en Croke Park

Katie Taylor dejó caer el telón de una carrera irrepetible como siempre vivió sus grandes noches: dominando. A los 40 años, ante 84.000 aficionados en un Croke Park abarrotado y rugiendo su nombre, la irlandesa firmó una victoria clara por decisión unánime frente a Flora Pili y se marchó del boxeo con otro cinturón sobre el hombro y una ovación que parecía no tener fin.

No fue una simple defensa de legado. Había un título en juego, el vacante cinturón superligero del WBC, y Taylor lo trató como tal. Salió agresiva, precisa, marcando el ritmo desde el primer asalto, sin regalar un solo segundo a Pili. La francesa resistió, intentó responder, pero se encontró con una campeona empeñada en que su última imagen sobre el ring fuera la de una dueña absoluta del combate.

Cuando los jueces anunciaron el veredicto, no hubo suspense. La decisión unánime solo puso cifras a lo que Croke Park llevaba rato sabiendo: Taylor había ganado con autoridad. Más importante aún, se despedía como tres veces campeona indiscutida del mundo, una hazaña que la coloca en un territorio reservado a los verdaderos gigantes del deporte.

El Contexto

El contexto lo amplifica todo. Campeona olímpica, campeona indiscutida en dos divisiones, pionera de un boxeo femenino que no sería lo mismo sin su empuje. Taylor cuelga los guantes reconocida de forma casi unánime como la mejor boxeadora de la historia y como una figura que ayudó a cambiar las reglas del juego para las mujeres en el cuadrilátero.

Su hoja de servicios profesional se cierra con un registro de 26 victorias y una sola derrota, aquella mancha aislada ante Chantelle Cameron en mayo de 2023 que nunca logró empañar su legado. Frente a Pili, Taylor peleó como si quisiera borrar cualquier duda residual: control de la distancia, volumen de golpes, temple en los intercambios y un cierre de combate que olía a despedida grande, de las que se recuerdan.

La imagen final lo resume todo: Taylor, cinturón del WBC superligero en la mano, bañada en los focos de Croke Park y en el ruido de una grada que entendía que estaba asistiendo al adiós de algo único. No solo se iba una campeona. Se marchaba el rostro de una era. La pregunta ya no es qué más podía ganar, sino cuánto tiempo tardará el boxeo en ver a otra como ella.