Katie Taylor se despide del boxeo profesional en Croke Park
Katie Taylor se toma con calma su última semana como boxeadora profesional. Nada de dramas, nada de gestos grandilocuentes. Solo la serenidad fría de siempre, esa que la ha acompañado durante más de dos décadas de golpes, títulos y noches históricas.
Sol de otoño sobre una despedida
Dublín decidió ponerse de gala. Un sol suave de principios de otoño bañó el histórico Trinity College, escenario del pesaje previo al combate del sábado en un Croke Park abarrotado para el duelo indiscutido del peso superligero entre Taylor y Flora Pili.
En 26 peleas como profesional, Taylor jamás ha fallado en la báscula. No iba a empezar ahora. Subió al peso con la misma precisión con la que mide la distancia en el ring, saludada por una marea de aficionados que la siguen desde aquella medalla de oro olímpica en 2012. Cuando se anunciaron los pesos —ambas por debajo del límite de 10 stone, 63,5 kg— casi dio igual. Nadie había ido allí para hacer cálculos.
Las 80.000 entradas para Croke Park volaron hace tiempo. El pesaje ceremonial del viernes, un trámite en cualquier otra velada, se convirtió en un evento propio. Las gradas y patios de Trinity College, fundado en 1592 por la reina Isabel I, se llenaron para ver de cerca a la reina del deporte irlandés.
Durante siglos, las mujeres ni siquiera podían estudiar en esa universidad; no se les permitió hasta 1904. Hoy, una mujer que ha derribado muros dentro y fuera del cuadrilátero acaparaba todas las miradas.
Historia entre libros y guantes
La vieja biblioteca de Trinity suele ser la protagonista. Allí descansa el Book of Kells, una joya medieval que guarda los cuatro Evangelios en latín y atrae a turistas de todo el mundo. Esta vez, la historia se escribía fuera, en los jardines, alrededor de una boxeadora de 40 años, campeona indiscutida en dos divisiones, en la última semana de una carrera que ha cambiado el mapa del boxeo femenino.
Taylor nunca ha ocultado que las obligaciones de la semana de pelea no son su parte favorita del oficio. Menos aún el esfuerzo de marcar el peso. Pero esta vez había algo distinto: era la última oportunidad de saborear cada aplauso, cada cántico, cada rostro conocido entre la multitud.
Frente a ella, Flora Pili se comportó como una invitada impecable durante toda la semana: respetuosa, educada, sin estridencias. Pero no ha viajado para hacer turismo. Cuando pisó la báscula, se le notó una calma firme, casi desafiante. Llega con un récord perfecto: 12 victorias en 12 peleas. Sin focos exagerados, sin ruido, con la opción de su vida delante.
Para la francesa, es la noche más grande de su carrera. Una oportunidad de colarse de golpe en la élite del boxeo mundial con una sola victoria. También un escenario desconocido, que por momentos pareció desbordarla mientras se acomodaba sobre la balanza, algo desorientada ante el tamaño del espectáculo.
Una campeona se emociona
Mientras violinistas interpretaban la canción popular irlandesa “Óró, sé do bheatha 'bhaile”, Taylor apareció entre un estruendo de gritos, banderas y teléfonos móviles alzados. Sonrisas, apretones de manos, formalidades de cartel grande. Pero el ambiente tenía otro tono, más cargado, casi de despedida.
La irlandesa no suele mostrar emociones en la semana de pelea. Esta vez fue diferente. Con su madre, Bridgit, muy cerca en todo momento, se le quebró la voz en varios instantes al dirigirse al público. El telón empieza a bajar, y ella lo sabe.
“Estoy muy emocionada. Llevo toda la semana diciendo lo agradecida que estoy por esta oportunidad. He estado soñando con esto los últimos años y ahora está a un solo día. A un solo día de terminar mi carrera en mi escenario soñado, Croke Park”, dijo ante la multitud tras el último cara a cara.
Miró alrededor, respiró hondo y siguió: “Toda esta gente increíble está aquí hoy y estoy abrumada. No puedo esperar para subir ahí y quiero ofrecer una actuación digna del apoyo de todos ustedes. Me habéis acompañado en los Juegos de Río, en los de Londres y durante toda mi carrera profesional. Gracias”.
No hubo grandes proclamas. Solo una campeona hablando a su gente.
Una última noche de riesgo
Con el peso hecho, ambas pueden por fin respirar un poco más tranquilas. Ahora solo queda lo que de verdad cuenta. El murmullo que ha ido creciendo durante la semana se convertirá en rugido cuando, alrededor de las 22:00 BST del sábado, las dos caminen hacia el ring en Croke Park. El escenario es gigantesco, pero el objetivo es simple: los cinturones.
“La mente la tengo muy centrada en la pelea”, insistió Taylor. Nada de distracciones, pese a la carga emocional.
“Tengo una rival muy dura delante, pero me he ganado una reputación por aceptar peleas difíciles. ¿Por qué tratar mi última pelea de forma diferente?”, lanzó, como si aún necesitara recordarle al mundo quién es.
Pili, silenciosa, escucha y espera su turno. Sabe que si logra arruinar la fiesta, su nombre cambiará de nivel para siempre. Sabe también que nunca ha estado en algo así.
Taylor, en cambio, mira de frente a una última noche grande: “Mañana va a ser una celebración increíble. Estoy muy orgullosa de representar a este país increíble. Hagámoslo una vez más”.
Una vez más. Y luego, nada. O todo lo que venga después de haberlo ganado ya casi todo.






